CC - C642-2002
Corte Constitucional
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Detalles
- Título
- CC - C642-2002
- Autor
- Corte Constitucional
- Categoría
- Jurisprudencia
- Área del derecho
- Constitucional
- Año
- 2002
Sentencia C-642/02
LEY-Caducidad de la acción por vicios de forma PROYECTO DE LEY-Omisión de debates reglamentarios en comisiones y plenarias/PROYECTO DE LEY-Usurpación de competencia de cámaras legislativas por cuanto Comisión Accidental introdujo texto nuevo INHIBICION DE LA CORTE CONSTITUCIONAL-Caducidad de la acción por vicios de forma UNIDAD NORMATIVA-Integración UNIDAD NORMATIVA-Integración para dar sentido a la decisión/UNIDAD NORMATIVA-Integración para evitar fallo irrelevante ENTIDAD FINANCIERA-Nacionalización SISTEMA FINANCIERO-Nacionalización ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Interdicción de capacidad jurídica ENTIDAD FINANCIERA-Efectos de nacionalización ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Garantía de recursos para obligaciones con accionistas o terceros de buena fe ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Garantía pago de obligaciones/ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Prerrogativa de sustitución en procesos de cobro/ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Sustitución procesal ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Asunción de obligaciones adquiridas y eventual sustitución en proceso de cobro con accionistas o terceros de buena fe ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Absorción de obligaciones adquiridas de buena fe no discrimina ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Objetivo de inclusión únicamente de obligaciones adquiridas de buena fe La orden de que en los procesos de nacionalización se incluyan únicamente las
obligaciones adquiridas de buena fe tiene un objetivo definido: favorecer a quienes injustamente resultaren perjudicados por maniobras ilegítimas, irreglamentarias o fraudulentas que afecten o pongan en peligro la estabilidad del sistema financiero, excluyendo -por obvias razonesa quienes contribuyeren con la crisis. Vista desde esa perspectiva, esta Corporación encuentra que la norma introduce un elemento de justicia y proporción que en manera alguna podría ser catalogado como discriminatorio. SISTEMA FINANCIERO-Confianza de los asociados/PRINCIPIO MALITIIS NON EST INDULGENDUM PRINCIPIO DE LA BUENA FE EN EL SISTEMA FINANCIERO ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-No atenta contra debido proceso de acreedores ENTIDAD FINANCIERA-Ejercicio en cualquier tiempo y lugar de sustitución en los juicios de cobro/ENTIDAD FINANCIERA-Asunción por Nación de condena decretada y cumplimiento antes de nacionalización ENTIDAD FINANCIERA NACIONALIZADA-Inserción en ley de apropiaciones de crédito judicialmente reconocido
PRINCIPIO DE UNIVERSALIDAD PRESUPUESTAL
Referencia: expediente D-3867
Demanda de inconstitucionalidad contra parágrafo del artículo 115 de la Ley 510 de 1999
Actor: Luis Antonio Sanabria Rincón.
Magistrado Ponente:
Dr. MARCO GERARDO MONROY
CABRA Bogotá, D.C., trece (13) de agosto de dos mil dos (2002) La Sala Plena de la Corte Constitucional, conformada por los magistrados doctores
Marco Gerardo Monroy Cabra -quien la preside-, Jaime Araujo Rentería, Alfredo Beltrán Sierra, Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño, Rodrigo Escobar Gil, Eduardo Montealegre Lynett, Alvaro Tafur Gálvis y Clara Inés Várgas Hernández, en ejercicio de sus atribuciones constitucionales y en cumplimiento de los requisitos y trámites establecidos en el Decreto 2067 de 1991, ha proferido la presente sentencia con fundamento en los siguientes,
I. ANTECEDENTES En ejercicio de la acción pública de inconstitucionalidad, el ciudadano Luis Antonio Sanabria Rincón, actuando en nombre propio y haciendo uso de los derechos consagrados en los artículos 40 numeral 6 y 95 numeral 7º de la Constitución Política, presentó ante la Corte Constitucional, demanda de inconstitucionalidad contra el parágrafo del artículo 115 de la Ley 510 de 1999.
El actor considera que estas normas atentan contra los principios y Estatutos fundamentales consagrados en el Derecho Superior, en sus artículos 13, 29,157, 160, 161 y 345.
II. NORMA DEMANDADA Se transcribe a continuación el texto de la norma acusada: "Ley 510 de 1999”
(agosto 3) por la cual se dictan disposiciones en relación con el sistema financiero y asegurador, el mercado público de valores, las Superintendencias Bancaria y de Valores y se conceden unas facultades. “Parágrafo. Las entidades financieras que tengan el carácter de nacionalizadas tendrán el derecho, en cualquier tiempo, de hacer efectiva la garantía a que alude el literal d) del artículo 313 del Estatuto
Orgánico del Sistema Financiero con ocasión de los procesos que se adelantan contra ellas relacionadas con los hechos ocurridos antes de su nacionalización. Para tal efecto, las entidades nacionalizadas tendrán el derecho a que la Nación las sustituya como parte en los mencionados procesos, sustitución que será declarada por el juez mediante incidente. Declarada la sustitución, la entidad nacionalizada dejará de ser parte del proceso y en las relaciones sustantivas controvertidas, y a las obligaciones y derechos que existieran o pudieran haber existido a su cargo o a su favor tendrán en adelante como titular exclusivo a la Nación, en idénticas condiciones y efectos civiles, comerciales, cambiarios, tributarios o de cualquier otra índole, como si la obligación hubiera debido pagarse mientras la institución financiera tenía el carácter de entidad nacionalizada.”
III. LA DEMANDA El actor considera que el parágrafo demandado viola cuatro principios constitucionales: la consecutividad de los proyectos de ley, el derecho a la igualdad, el derecho al debido proceso y el principio de universalidad presupuestal.
Sostiene – en cuanto al principio de consecutividad- , que para que un proyecto se convierta en ley de la república, debe pasar por cuatro debates en el Congreso, uno en cada una de las comisiones constitucionales permanentes de cada cámara, y otro en cada una de las plenarias. Afirma que la omisión de estos debates no constituye un simple vicio de forma sino un defecto sustancial. Continúa diciendo que el referido parágrafo sólo fue introducido en la Plenaria de la Cámara de Representantes, luego de que el texto legal hubiera sido aprobado en los otros tres debates correspondientes y que la Comisión de Conciliación aprobó el texto
definitivo considerando que “no había discrepancias entre las cámaras”, a lo cual el actor argumenta que era imposible que surgiera una discrepancia entre las Cámaras, todas vez que el parágrafo sólo se aprobó en una de ellas. Considera el actor violado el derecho a la igualdad por el literal d) del artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, al consagrar que la aplicación de dicha norma se circunscribe a las obligaciones contraídas por la entidad financiera antes de su nacionalización con acreedores o terceros de buena fe, excluyendo sin justificación objetiva y razonable a los acreedores de mala fe. Sostiene que si la obligación se contrajo de mala fe, lo que debe hacerse es declararla nula, inexistente o motivo de configuración de un delito, pero que mientras ésta exista y sea su pago obligatorio, debe contar con la garantía de la Nación. En cuanto al debido proceso, manifiesta que ha sido infringido por el parágrafo, toda vez que no consagra procedimiento alguno que tienda a proteger los derechos de los acreedores. Agrega que al consagrar la posibilidad de que al acreedor se le sustituya su deudor original sin su consentimiento, resulta lesivo de sus derechos. Finalmente, afirma que se vulnera el principio de universalidad presupuestal ya que, como consecuencia del parágrafo impugnado, la Nación estaría llamada a realizar un gasto no decretado por ley del Congreso, puesto que la Nación debe asumir la obligación litigiosa y en caso de resultar condenada, pagar en iguales condiciones las en que se encontraban antes de la nacionalización de la entidad financiera.
IV. INTERVENCIONES
1. Intervención del Fondo de Garantías de Instituciones Financieras
(FOGAFIN) El abogado Hugo Palacios Mejía, en representación de FOGAFIN, solicita que se declare la exequibilidad del parágrafo demandado con base en las siguientes argumentaciones: En cuanto al primero de los cargos, sostiene que no se encuentra violado el principio de consecutividad legislativa, ya que, aunque tal como lo afirma el actor, el parágrafo fue adicionado sólo hasta el último debate en la Plenaria de la Cámara de Representantes, esto es posible ya que la misma Carta política en su artículo 160, faculta a las Plenarias para introducir cambios y modificaciones a un proyecto de ley sin necesidad de repetir todo el trámite, siempre que tengan relación con la materia del proyecto; distinto sería si la modificación hubiese sido agregada en la Comisión Accidental, pues en este caso si sería inconstitucional. Manifiesta que en este caso si hay unidad de materia, ya que la temática del parágrafo guarda estrecha relación con el artículo 115, se refieren al mismo tipo de instituciones, tratan los mismos problemas y apuntan hacia la misma solución, a que la entidad pública enajenante asuma los riesgos de los procesos que contra la entidad que enajenan están cursando. Sin embargo, agrega que si se llegare a considerar que se incurrió en un vicio durante la expedición de la ley, éste sería un simple vicio de trámite, que ya no es posible atacar por esta vía, toda vez que la Constitución establece en su artículo 242 un término de caducidad para las acciones por vicios de forma de un año contado a partir de la publicación del respectivo acto. Por tanto, la Corte debe declararse inhibida para pronunciarse respecto de este cargo de la demanda.
En lo concerniente al principio de igualdad, el representante de FOGAFIN asegura que la norma que confiere la garantía a los acreedores de buena fe es el artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, el cual no ha sido demandado en este proceso. No obstante, asegura que esta norma es constitucional y está amparada por cosa juzgada, ya que la Corte Suprema de Justicia lo declaró exequible en sentencia del 2 de diciembre de 1982, considerándolo ajustado al principio de igualdad, el cual no ha sido modificado sino ratificado por la Constitución de 1991. En este mismo sentido, asevera que tomar en cuenta la buena fe, no vulnera el principio de igualdad, puesto que la es la misma Carta Política la que obliga a actuar de esta manera en su artículo 83. Además, sostiene que el parágrafo no dispone nada sobre los derechos de los acreedores, pues se refiere a “procesos judiciales” en donde estos podrán discutir con la Nación lo relativo a sus acreencias. Sostiene, refiriéndose al debido proceso, que el parágrafo atacado por el demandante en vez de conculcarlo, precisamente protege los derechos de los acreedores, ya que la Nación deberá responder por las obligaciones por las que resulte condenada, de la misma forma en que lo hubiere hecho la entidad financiera antes de ser nacionalizada, y es un hecho notorio que la Nación es un deudor menos riesgoso que cualquier entidad financiera del país. Además – continúa- , la razón para que se sustituya el deudor por la Nación tiene fundamento en el orden público económico relacionado con situaciones excepcionales como las que dieron lugar a la
nacionalización de instituciones financieras, pues la existencia de procesos relacionados con hechos anteriores a su nacionalización puede hacer muy difícil venderlas, o tener que ofrecerlas a precios muy bajos. Asevera que el debido proceso en Colombia no implica que siempre deba el acreedor otorgar su consentimiento para sustituir al deudor y menos cuando se trata de exigir un pago y que en caso de existir una obligación intuitus personae que no pudiera cumplir la Nación, el acreedor podría exigir en vez del cumplimiento de la misma el pago de los perjuicios correspondientes. Concluye su intervención pronunciándose sobre la unidad presupuestal, manifestando que no es necesario para el cumplimiento de este principio que el Congreso decrete individualmente cada uno de los gastos que deba realizar la Nación, sino que el gasto se concreta en la sentencia judicial, acto administrativo o actividad contractual, para el cual deberá hacerse la apropiación presupuestal correspondiente.
2. Intervención de la Superintendencia Bancaria.
Dentro del término legal, el abogado Sergio Chaparro Madiedo, en representación de la Superintendencia Bancaria, solicitó que se declarara la constitucionalidad del parágrafo demandado. Afirma que las Plenarias pueden introducir modificaciones y adiciones inclusive a los proyectos de origen gubernamental sin necesidad de repetir todo el trámite legislativo por dicho adición, siempre que se guarde relación sustancial con la generalidad del proyecto, tal como sucedió en el caso concreto de examen por lo cual no se atentó contra el principio de consecutividad legislativa. Sostiene que el cargo que realiza el actor por violación al principio de igualdad se hace realmente contra el artículo 313 Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, que
no es objeto de demanda en el proceso. Sin embargo, asegura que la protección de las actuaciones de buena fe tiene sustento constitucional ya que el artículo 95 de la Carta dice claramente que el ejercicio de los derechos por ella reconocidos implica responsabilidades; además, no existe arbitrariedad alguna ya que la buena fe se presume, siendo necesario probar la mala fe. Agrega que el artículo 13 de la Constitución protege la igualdad material y que por esto es posible dar un trato distinto a situaciones diferentes, siendo evidente que no están en un mismo plano los acreedores de buena fe y los que actuaron de mala fe. En lo relacionado con el debido proceso, asegura que el trámite incidental que se requiere para la sustitución es garantía del debido proceso de los acreedores, agregando que esta sustitución se justifica en la protección del interés general que prima sobre el particular, pues busca proteger la confianza del público en el sistema financiero. Culmina su intervención afirmando que no se infringe el principio de universalidad presupuestal ya que según el artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, es el Banco de la República el encargado de proporcionar los recursos para estas obligaciones y porque la norma acusada se refiere a procesos en ejecución, para los cuales la respectiva entidad deberá realizar las partidas presupuestales que se requieran para cumplir la sentencia judicial.
3. Intervención del Ministerio de Hacienda y Crédito Público Actuando en nombre del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, el abogado William López Leyton defiende la constitucionalidad de la norma demandada.
No comparte la opinión del actor consistente en que el parágrafo demandado es
violatorio del principio de consecutividad, ya que las Plenarias de las Cámaras pueden introducir modificaciones o adiciones a los proyectos de ley, que en todo caso constituirán una discrepancia entre lo decidido en el debate anterior, pero para esto se constituye una Comisión accidental de Conciliación que resolverá esta diferencia. Esto fue lo que sucedió durante el trámite que se le dio al parágrafo impugnado, respetándose en todo la Constitución. Sin embargo, sostiene que si se considera que hubo un vicio durante dicho trámite, éste será formal ya que no afecta las competencias propias de las ramas del poder público, y que no puede ser atacado debido a que ya se ha cumplido el término de caducidad de un año que la Carta Política determina en su artículo 242. Asevera que el principio de igualdad reconoce las diferencias que puedan presentarse en diversas situaciones regulatorias, por lo que es perfectamente posible que el legislador plantee ciertas reservas en cuanto al pago de las acreencias que se constituyeron de mala fe. Agrega que si lo que el impugnante considera discriminatorio es el artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, debió dirigir contra él su demanda. Manifiesta que la garantía de la Nación con ocasión de un proceso de nacionalización, para que ésta se responsabilice de las acreencias que de buena fe se han constituido con la institución financiera, implica una mejora en la situación de los acreedores y por tanto no puede afirmarse que con esto se les viola su derecho al debido proceso. Finalmente, afirma que si bien el gasto en que puede incurrir la Nación no es
cuantificable al expedirse la Ley, si lo será cuando el juez que conozca del caso profiera sentencia, y en ese momento dicho monto deberá presupuestarse conforme a la norma legal que permite la sustitución y que implica la garantía por parte de la Nación.
4. Intervención del Banco de la República El Secretario de la Junta Directiva del Banco de la República, Gerardo Hernández Correa, solicita a la Corte que declare la exequibilidad de la norma demandada.
Inicia su intervención afirmando que los cargos mediante los cuales se pretende demostrar la violación del principio de igualdad, hacen referencia realmente al artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, ya que el parágrafo demandado se limita a desarrollar dicha norma. Manifiesta que las discrepancias objeto de análisis de las comisiones accidentales no sólo se refieren a modificaciones sino también a textos nuevos que se incorporen a los proyectos de ley, teniendo como único requisito guardar unidad de materia con dicho proyecto. En el caso concreto, el texto adicionado por la plenaria de la Cámara de Representantes cumple este requisito y por tanto no se viola la Carta Política. Asegura que el derecho a la igualdad no es absoluto sino que permite diferente regulación a supuestos distintos, y que la discriminación a que hace referencia el parágrafo es objetiva y razonable, pues busca evitar que el patrimonio de la Nación beneficie a quienes pudieron crear la crisis de la entidad nacionalizada, es decir, a terceros de mala fe. Agrega que la Corte Suprema de Justicia no encontró reparo al analizar el literal d) del artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero, pues dado el carácter especial de las entidades nacionalizadas, éstas deben tener
también un tratamiento especial. Tampoco comparte la interpretación del actor en lo tocante con la supuesta violación al debido proceso, ya que la norma no tiene incidencia procesal pues no modifica o prohíbe las normas referentes a las facultades que tienen las personas de ejercer su derecho de contradicción ante el juez. Considera que la norma acusada hace parte de una ley que decreta un gasto, mas no una ley de ejecución presupuestal; así, ésta no exige requisitos puntuales de modo que el Congreso puede decretar el gasto implícitamente. De esta manera el parágrafo demandado es un título jurídico en virtud del cual es posible incluir posteriormente un gasto en al ley de presupuesto, pero no constituye una orden para realizar esta inclusión sino simplemente una autorización. Por estas razones considera que no se infringe el principio de legalidad del gasto en el proceso de ejecución presupuestal.
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACIÓN El Procurador General de la Nación, Edgardo Maya Villazón, afirma que el parágrafo del artículo 115 de la Ley 510 de 1999 debe ser declarado exequible.
Sostiene que la garantía de la Nación consistente en la asunción de las obligaciones derivadas de litigios que cursen en contra de la entidad nacionalizada, buscan hacer más rentable la entidad para efectos de su privatización, ya que esto hace que se eleve el precio mínimo de las acciones de la respectiva entidad. Asevera que el principio de consecutividad permite que, en caso de discrepancias entre los contenidos de los textos aprobados por las Cámaras, no sea necesario reiniciar el trámite legislativo, pues para esto se conforma una comisión accidental
que las resuelva y determine el texto único a aprobar. Así, estas comisiones tiene competencia restrictiva ya que sólo se conforman en caso de discrepancias entre las Cámaras y su función es preparar el texto único a aprobar; en todo caso, las modificaciones o adiciones deben respetar el principio de unidad de materia con el proyecto de ley. Agrega que el texto que propuso la Comisión Accidental fue aprobado tanto en la Plenaria de la Cámara como en la del Senado, y que el tema del parágrafo impugnado guarda estrecha relación con el del resto del proyecto. En cuanto al principio de igualdad y de buena fe, asegura que estos se garantizan mediante el acceso a la administración de justicia y a la posibilidad de ejercer su derecho de defensa durante el juicio. Aclara que las obligaciones a las que se refiere el parágrafo en cuestión operan en asuntos judiciales y por tanto no es posible hablar de obligaciones existentes, pues su trámite comporta una mera expectativa, por esto si una obligación se contrajo de mala fe, dado que es por ellas que la entidad esta siendo nacionalizada, la Nación podrá rechazarla o dilatar su cumplimiento. Sostiene que no se está violando el debido proceso de los acreedores al no contar con su consentimiento pues esto se hace en razón del interés general, además, al reemplazar su deudor original por la Nación, se está buscando precisamente preservar sus derechos. Agrega que resulta errado darle al demandante, en el proceso que se lleva contra la entidad nacionalizada, el carácter de acreedor, ya que los derecho en litigio constituyen meras expectativas. De igual forma, sostiene que los derechos de los demandantes se protegen mediante el trámite
incidental mediante el cual se realiza la sustitución procesal, donde pueden interponer los recursos y alegatos que consideren pertinentes. Concluye refiriéndose a la constitucionalidad de la norma desde el punto de vista del principio de universalidad presupuestal, asegurando que el Congreso, a través de la Ley 510 de 1999, autoriza a la Nación para que asuma la responsabilidad como titular por los derechos y obligaciones que se encuentren en litigio en contra de las entidades financieras nacionalizadas, para lo cual deberá hacer las apropiaciones correspondientes a las condenas judiciales que son las que materializan por créditos judicialmente reconocidos.
VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
1. Competencia La Corte Constitucional es competente para pronunciarse sobre la demanda objeto de revisión, toda vez que las normas acusadas hacen parte de una Ley de la
República.
2. Primer cargo. Vicios de Forma en la aprobación de la Ley 510 de 1999.
a. Problema Jurídico. El primer cargo esbozado por la demanda se refiere al trámite de aprobación de la Ley 510 de 1999. Dice el demandante que en dicho trámite no se respetaron algunas disposiciones constitucionales y se rompió el principio de consecutividad, pues el parágrafo del artículo 115 sólo fue incluido en el debate ante la plenaria de la Cámara de Representantes, sin que hubiera recibido los tres debates previos, ante el Senado y la comisión permanente de la Cámara. El actor sostiene que éste no es un vicio de forma sino material, y cita en apoyo de su tesis las consideraciones de la Corte en la Sentencia C-702 de 1999 en donde, a su sentir, la
Corporación consideró dicho procedimiento como contrario a la Constitución. Los intervinientes y el Procurador General desestiman los argumentos de la demanda. Dicen, en primer lugar, que no se trata de un vicio de fondo sino de forma, y que por tanto, en aplicación del artículo 242 de la Constitución Política, el término de caducidad de la demanda ha vencido. No obstante, a pesar de la previsión, advierten que es potestativo de las cámaras legislativas adicionar artículos nuevos a los proyectos de Ley (esto en virtud de la autorización expresa concedida por el artículo 160 de la Carta Política), por lo que el cargo no está llamado a prosperar. Pues bien, en relación con este punto, la Corte debe determinar si el reproche formulado por el demandante es un vicio de forma o de fondo, pues de dicha calificación depende que la Corporación entre a pronunciarse respecto de su pertinencia. Dependiendo de la conclusión a la que se llegue, la Corte debería dilucidar si las irregularidades alertadas por el impugnante ponen en entredicho la constitucionalidad de la Ley 510 de 1999 b. Análisis del Cargo. Inhibición respecto del reproche formulado contra el trámite de aprobación de la Ley 510 de 1999. Tal como lo señala la Constitución Política en su artículo 242-3, “las acciones por vicios de forma caducan en el término de un año, contado desde la publicación del respectivo acto”. Luego de analizar detenidamente el cargo del demandante, relativo al trámite de aprobación de la Ley 510 de 1999, esta Corporación concluye que el reproche que lo sustenta es de naturaleza formal -no material-, lo cual
permite inferir que la Corte ha perdido competencia para estudiarlo por razón de la caducidad del artículo 242 superior. En efecto, a pesar de que el demandante sostiene que la suya es una acción que se dirige a cuestionar el fondo de la disposición atacada -ya que el aparente defecto habría sido catalogado en la Sentencia C-702/99 como vicio material-, la verdad es que este reproche es de naturaleza meramente formal, tal como lo sostuvo la Corte Constitucional en la Sentencia C-501 de 2001, en donde la Corporación analizó un cargo idéntico al formulado en esta oportunidad, que fue dirigido esa vez contra los artículos 52, 119 y 120 de la Ley 510 de 1999. El demandante de turno sostenía, en el proceso que dio origen a la Sentencia C501/01, que, en el trámite de aprobación ante el Congreso, los artículos citados habían sido sometidos sólo a un debate ante la plenaria de una de las Cámaras. Como se ve, éste es el mismo reproche que hoy se formula contra el parágrafo del artículo 115. La Corte, acogiendo la tesis de que los vicios de forma “son aquellas irregularidades en que se incurre en el trámite que antecede a la promulgación de la ley”, resolvió la cuestión arguyendo que dichos cargos no se refieren al contenido normativo o material de las disposiciones atacadas, por lo que correspondía aplicar el término de caducidad de un año, previsto en el artículo 242 de la Constitución Política. Así se manifestó la Corte a este respecto: “En suma, como quiera que los cargos de inconstitucionalidad se basan en el hecho
de que los artículos 52, 119 y 120 de la Ley 510 de 1999 sólo fueron sometidos a un debate (...), se impone concluir que el cargo planteado es por vicios en la formación de la ley y como de acuerdo con el artículo 242.3 del Texto Fundamental ‘las acciones por vicios de forma caducan en el término de un año, contado desde la publicación del respectivo acto’, término que en el caso presente se encontraba vencido para la fecha de la presentación de la demanda, la caducidad ha operado y la Corte debe inhibirse para decidir de fondo. Así se resolverá, con la necesaria precisión de que tal inhibición será exclusivamente en razón de los vicios en la formación de la ley.”1 Adicionalmente, como en la demanda que dio lugar a la Sentencia C-501 de 2001 también se adujo que la tesis de la Corte Constitucional, plasmada en la Sentencia C-702 de 1999, era que este tipo de vicios constituían afecciones materiales de la Ley, la Corporación procedió a desmentir dicha apreciación comprobando la disparidad de supuestos jurídicos analizados en cada uno de los casos. Determinó así que mientras el reproche esgrimido contra los artículos de la Ley 510 tenían que ver con una supuesta omisión de los debates reglamentarios en todas las comisiones y plenarias del Congreso, los cargos levantados contra las normas estudiadas en la Sentencia C-702 estaban relacionados con la usurpación “de la competencia de las cámaras legislativas en la producción y aprobación de las normas demandadas pues una Comisión Accidental o de Conciliación sustituyó la voluntad soberana del Congreso e introdujo un texto nuevo, no conocido ni
aprobado durante el trámite de la ley.” De esta manera, la Sentencia que se cita disipó el interrogante que hoy revive el demandante, al señalar que las prescripciones contenidas en la Sentencia C-720 de 1999 no contradicen las incluidas en la C-501 de 2001 en relación con la naturaleza formal de los cargos de la demanda, pues se trata de supuestos distintos que no admitirían solución igualitaria. En mérito de lo expuesto, esta Corporación se inhibe de emitir pronunciamiento de fondo respecto de la constitucionalidad del trámite mediante el cual fue aprobada la Ley 510 de 1999, en lo que tiene que ver con el reproche formulado por el demandante de la referencia. 1 Sentencia C-501 de 2001. M.P. Dr. Jaime Córdoba Triviño
3. Segundo cargo. Violación del principio de igualdad.
a. Problema Jurídico. En punto al segundo cargo de la demanda, el impugnante sostiene que el parágrafo del artículo 115 de la Ley 510 de 1999 quebranta el principio constitucional de la igualdad, al disponer que la aplicación de la norma cobijará exclusivamente las obligaciones contraídas de buena fe por la entidad. A su juicio, muchos acreedores de las entidades financieras serán discriminados por esta medida sin que exista una razón objetiva para ello, pues sólo las deudas que se consideren caprichosamente de buena fe podrían ser absorbidas por la Nación. Agrega que si la obligación fue contraída de mala fe por la entidad, la consecuencia debería ser la invalidez del acto, mas no la exclusión del mismo del proceso de nacionalización. Frente al caso, los intervinientes y el señor Procurador tienen posiciones diversas
pero todos coinciden en defender la exequibilidad de la norma. La coincidencia también existe en torno a que esta supuesta inexequibilidad no devendría del parágrafo del artículo 115 demandado sino del artículo 313 del Estatuto Orgánico del Sistema Financiero (en adelante EOSF), pues ésta es la norma que consagra la garantía que las entidades financieras pueden hacer efectiva frente al Estado, y que según la voces de su literal d), sólo abarca las obligaciones adquiridas de buena fe. Visto así el debate, a esta Corporación le corresponde determinar, en primer lugar, si la inexequibilidad alegada por el demandante es predicable del artículo acusado y, en
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