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CC - T466-2002

Corte Constitucional

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Detalles

Título
CC - T466-2002
Autor
Corte Constitucional
Categoría
Jurisprudencia
Área del derecho
Constitucional
Año
2002

Sentencia T-466/02

PRINCIPIO NO REFORMATIO IN PEJUS Y PRINCIPIO DE

CONGRUENCIA-Alcance

PRINCIPIO NO REFORMATIO IN PEJUS-Finalidad

PRINCIPIOS DE LEGALIDAD Y NO REFORMATIO IN PEJUSColisión

RECURSO DE CASACION PENAL-Ineficacia/PRINCIPIO DE

LEGALIDAD DE LA PENA-Vulneración/PREVALENCIA DE LA

DOCTRINA CONSTITUCIONAL ACCION DE TUTELA-Subsidiariedad/RECURSO EXTRAORDINARIO DE CASACION-Hipótesis de procedencia en materia penal Es necesario distinguir las siguientes hipótesis para efectos de establecer la procedencia de las acciones judiciales disponibles: 1) Si la sentencia no es objeto de casación porque la pena máxima establecida para el delito en cuestión es inferior a la fijada como requisito de procedibilidad del recurso, entonces la acción de tutela es la vía judicial procedente para proteger los derechos fundamentales vulnerados. 2) Si la casación se impetra respecto de las condenas en lo penal y en lo civil, ambas agravadas por el superior siendo el condenado apelante único, y en ambos casos es procedente recurrir en casación, entonces el medio judicial adecuado para proteger los derechos fundamentales es el recurso extraordinario de casación. 3) Si se recurre en casación la sentencia penal exclusivamente respecto de la condena a la indemnización de perjuicios y la cuantía así lo permite, entonces de nuevo es el recurso extraordinario de casación la vía judicial procedente, sin consideración a la pena señalada para el delito o delitos. ACCION DE TUTELA-Improcedencia por existencia de recurso

extraordinario de casación RECURSO DE CASACION-Demora en la decisión no configura perjuicio irremediable ACCION DE TUTELA TRANSITORIA-Inexistencia de perjuicio irremediable

Referencia: expediente T-574129

Peticionario: Segundo Noe Ruano

Santacruz y Melquicedec Castañeda Prieto

Accionado: Tribunal Superior de

Bogotá, Sala Penal

Magistrado Ponente:

Dr. MARCO GERARDO MONROY

CABRA Bogotá D.C., trece (13) de junio de dos mil dos (2002) La Sala Sexta de la Corte Constitucional, integrada por los Magistrados doctores, Eduardo Montealegre Lynett, Alvaro Tafur Galvis y Marco Gerardo Monroy Cabra, quien la preside, en ejercicio de sus competencias constitucionales y legales ha pronunciado la siguiente SENTENCIA En el proceso de revisión de las sentencias proferidas por el Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, el 27 de enero de 2002, y el Consejo Superior de la Judicatura, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, el 21 de febrero de 2002.

I. HECHOS

1. Manifiestan los señores Segundo Noe Ruano Santacruz y Melquicedec Castañeda Prieto, actuando por medio de apoderado, que el 21 de septiembre de 2000 fueron capturados en virtud del transporte de municiones y granadas de fragmentación.

2. Su situación jurídica fue resuelta mediante resolución proferida por la Fiscalía Delegada - Unidad de Terrorismo el 26 de septiembre de 2000.

3. Mediante memoriales de 4 de octubre de 2000 y enero 5 de 2000, los sindicados solicitaron sentencia anticipada del proceso adelantado en su contra.

4. La audiencia de sentencia anticipada fue realizada el 12 de marzo de 2001.

5. El proceso fue conocido por el Juez Segundo Especializado de Bogotá quien el 6 de agosto de 2001 procedió a dictar sentencia condenatoria imponiendo una pena de 72 meses de prisión. Tal providencia fue apelada por los accionantes. En el caso de Melquicedec Castaña, el recurso no fue sustentado.

6. En el estudio de la apelación impetrada, el Tribunal Superior de Bogotá, Sala Penal, en fallo del 16 de noviembre de 2001, considerando necesario ajustar la pena a la legalidad, agravó la condena a 93 meses 10 días de prisión. El Tribunal, a pesar de declarar desierto el recurso de apelación interpuesto por el señor Castañeda, por la falta de sustentación, también ajustó su condena al monto arriba señalado, so pretexto de la ilegalidad de la condena impuesta en primera instancia.

7. Los accionantes consideran que la actuación del Tribunal vulnera su derecho al debido proceso en lo referente a la no reformatio in pejus ya que el recurso de uno de ellos fue declarado desierto no siendo viable modificar la condena y el otro actuó como apelante único.

8. En consecuencia, solicitan se declare la existencia de vía de hecho en la mencionada sentencia del Tribunal.

Contestación de la entidad accionada El Tribunal allegó copia del fallo de segunda instancia del proceso penal aduciendo que los argumentos para la improcedencia de la

tutela estaban contenidos en la providencia cuestionada, no siendo necesaria mayor defensa.

II. DECISIONES JUDICIALES

A. Primera Instancia En sentencia del 17 de enero de 2002, el Consejo Seccional de la Judicatura de Cundinamarca, Sala Jurisdiccional Disciplinaria, denegó la tutela por considerar que los accionantes, hayan utilizado o no el recurso extraordinario de casación, tenían otro medio de defensa judicial de sus derechos presuntamente vulnerados lo que hacía improcedente el amparo.

La procedencia de la casación se da en el caso porque los accionantes fueron condenados por el delito de fabricación y tráfico de armas de uso privativo de la fuerza pública, agravado por la causal primera del artículo 201 del Código Penal de 1980 normas que determinan una pena de 6 a 13 años de prisión. Por tanto, al proceder la casación para delitos cuya pena máxima exceda de 8 años, como en el caso de los accionantes, estos contaban con otro medio de defensa. Impugnación Los accionantes alegan que mientras dura el trámite de la casación, sus derechos se verán vulnerados, por lo cual solicitan la tutela como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable. Añaden que en el tiempo en que se surte el recurso de casación es muy posible que ya hayan pagado la pena injustamente impuesta por el Tribunal.

B. Segunda instancia.

El Consejo Superior de la Judicatura, en sentencia de febrero 21 de 2002, modificó el fallo del a quo en el sentido de considerar improcedente la tutela por deficiencias formales. Estimó el Consejo que en la SU-542 de

1999 la Corte Constitucional había establecido que el recurso extraordinario de casación era mecanismo idóneo para la protección de derechos fundamentales. En el caso bajo conocimiento se había logrado probar que el señor Ruano Santacruz interpuso recurso de casación lo cual hacía improcedente la tutela. Estimó el Consejo que el argumento de la no eficacia del recurso de casación en el caso concreto ya que la Corte Suprema ha sido uniforme en afirmar que en caso de que se haya violado el principio de legalidad en la sentencia apelada se da una excepción al principio de la no reformatio in pejus no era válido porque en la sentencia de unificación antes mencionada la Corte Constitucional había afirmado la idoneidad del recurso de casación en términos genéricos, lo cual ha sido reiterado por esa Corporación. Salvamento de voto La Magistrada Leonor Perdomo Perdomo disintió de la mayoría por estimar que una vez determinada la vulneración del principio de no reformatio in pejus era preciso conceder la tutela porque, como lo había expuesto la Corte Constitucional en la SU-327 de 1995, en materia de protección al principio de no reformatio in pejus, cuando se trataba de modificaciones encuadradas dentro del respeto del principio de legalidad, la Casación no era un medio idóneo de protección, porque la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, contrario a lo sostenido por la Corte Constitucional –cuyo juicio debe prevalecer en materia de derechos fundamentales-, había sostenido de manera uniforme que el respeto al principio de legalidad era límite de la garantía consagrada en el artículo 31

constitucional.

III. PRUEBAS

1. Sentencia del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Bogotá de agosto 6 de 2001. En el acápite referente a la dosificación punitiva expresó el juzgado: “ Es claro que en el presente caso se procedería a determinar la sanción dentro del cuarto máximo, que realizando la respectiva operación aritmética este oscilaría entre ciento treinta y cinco meses (135) y ciento cincuenta y seis (156) meses.” Posteriormente, añadió el juzgado que en el presente caso se presentaba la circunstancia de agravación punitiva de coparticipación criminal y se partiría del mínimo de 140 meses. Decidió con posterioridad que la sanción procesal a imponer a los procesados era 108 meses de prisión, monto al cual se le aplicó la disminución punitiva correspondiente al sometimiento a sentencia anticipada concluyendo que a la pena de 108 meses se le descontaría la tercera parte; es decir, 36 meses. Por tanto, el castigo definitivo para los ahora accionantes se fijó en 72 meses de prisión.

2. Sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala Penal, del 16 de noviembre de 2001 en la cual se consideró:

1. Con referencia al recurso de apelación interpuesto por Melquicedec Castañeda Prieto, por no haberse sustentado, se debería declarar desierto. 2. “Correcta fue la decisión del a quo, hasta cuando afirmó que no partiría del mínimo de 135 meses sino de 140. Después, inexplicablemente, considera la Sala que por error, descuido o ignorancia, dijo que partiría de 108 meses, a los cuales les aplicó la

rebaja de la tercera parte para un total de 72 meses, lo que no podía hacer teniendo en cuenta el mínimo del cuarto máximo ya establecido. Es por ello por lo que el Tribunal, para ajustar la pena a la legalidad, tendrá que redosificar de acuerdo con la ley, así: a los 140 meses, le aplicará una rebaja de 1/3 parte por la sentencia anticipada para un total de pena de prisión por imponer de 93 meses y 10 días (...)” En consecuencia, resolvió modificar la sentencia de primera instancia y condenar a Segundo Noe Ruano Santacruz y Melquicedec Castañeda Prieto a la pena de 93 meses y 10 días.

IV. CONSIDERACIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL

A. Competencia.

Esta Corte es competente de conformidad con los artículos 86 y 241 de la Constitución Nacional, y el decreto 2591 de 1991, para revisar el presente fallo de tutela.

B. Fundamentos Problema jurídico En el presente caso la Sala debe decidir si procede la tutela como mecanismos de protección de los derechos fundamentales de los accionantes - principio de no reformatio in pejus como parte integrante del debido proceso - a pesar de ser posible la interposición del recurso extraordinario de casación.

1. Fundamento normativo y jurisprudencial de la prohibición de reformatio in pejus La Constitución consagra en su artículo 31, parágrafo segundo, sin establecer limitante alguno, que “el superior no podrá agravar la pena impuesta cuando el condenado sea apelante único”. Por su parte, el Código de Procedimiento Penal en su artículo 204 establece que “cuando se trate de sentencia

condenatoria el juez no podrá en ningún caso agravar la sanción, salvo que el fiscal o el agente del Ministerio Público o la parte civil, teniendo interés para ello, hubiera recurrido.” La jurisprudencia de esta Corporación ha establecido que este concepto normativo tiene varios fines: en materia penal, el límite que conlleva la prohibición de la reformatio in pejus obedece al hecho de que la competencia del juez esté determinada por las pretensiones que involucra la impugnación, aspecto relacionado con el principio de congruencia de la sentencia; por otro lado, este principio se fundamenta en la protección al derecho de defensa del sindicado ya que de permitirse la reforma en perjuicio, se sorprendería al recurrente quien no ha tenido posibilidad de controvertir y conocer la nueva y más grave sanción.1 Un fundamento fuerte de la consagración del principio en estudio en nuestro ordenamiento normativo se deriva de la naturaleza acusatoria del proceso penal. Así, quien asume la función de acusación es el fiscal y es éste el responsable de la protección de los intereses del Estado reflejados, por ejemplo, en la legalidad del fallo. En esa medida, en caso de que encuentre vulnerados estos intereses deberá apelar o impugnar la decisión de los jueces de instancia. De no hacerlo, y darse la apelación sólo de parte de los sindicados, el juez no puede asumir oficiosamente la tarea del fiscal y pasar por alto la garantía constitucional.2 El juez, en términos generales, y en concreto en el sistema acusatorio penal, no es el representante de los intereses del Estado ni de las partes, es el garante de la justicia que en el transcurso del

proceso particular se plasma, entre otras, en el debido proceso y sus garantías, entre ellas la no reforma en perjuicio. En desarrollo de la noción y alcance de la no reformatio in pejus ha dicho la

Corte: “Según este principio, cuando la apelación de una sentencia de condena sea interpuesta exclusivamente por el procesado o su defensor, el “ad quem” no podrá agravar la situación del recurrente aumentando la pena impuesta por el “a quo”. Eso significa que la situación del apelante podría mejorarse pero jamas hacerse más gravosa, porque se considera, en virtud del principio en cuestión, que la apelación se entiende interpuesta en lo desfavorable de la providencia que se recurre. No se puede desconocer que la apelación es un medio procesal mediante el cual, el sujeto afectado con una medida judicial se propone justamente controvertir los fundamentos en que se apoya la decisión para lograr que se mejore, al menos su situación jurídica, sino consigue que la medida se revoque en su integridad. Cuando el procesado es el apelante único de una sentencia de condena, es claro que su objetivo es lograr que se mejore su situación disminuyendo la pena, porque resulta contrario a toda lógica, que lo hiciera para agravar su propia situación. Por eso, en tal caso, el juez debe centrar su decisión exclusivamente en las pretensiones del recurrente, para resolver si son o no 1 Ver sentencia T-474/92, M.P. Alejandro Martínez Caballero y Eduardo Cifuentes Muñoz (En esta ocasión se concedió la tutela al accionante en virtud de que en el proceso penal adelantado en su contra, él había apelado

la decisión del a quo, en segunda instancia había sido absuelto por el ad quem, pero por interposición del recurso extraordinario de casación por la parte civil, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, había casado y condenado al accionante. Se estimó por parte de la Sala que al darse apelación por la parte civil, sólo se restringía la protección emanada del principio de no reformatio in pejus en lo referente a la responsabilidad civil.) 2 Ver SU-327/95, M.P. Carlos Gaviria Díaz. (En esta ocasión se comprobó la reforma en perjuicio que se había dado por parte del Tribunal, segunda instancia en el proceso, para ajustar la pena a la legalidad, ya que el a quo había ignorado la existencia de unas circunstancias de agravación. Por otro lado, se determinó que los accionantes no habían hecho uso del recurso de casación. No obstante, la Sala Plena juzgó que esto no era óbice para la procedencia de la tutela por falta de eficacia del otro mecanismo existente) conducentes, ya que son ellas las que dan origen al pronunciamiento judicial, de suerte que en el peor de los casos, el recurso no puede desatarse aumentando la pena original.”3 El alcance que la doctrina constitucional le ha dado al principio ha sido tal que inclusive refiriéndose al grado jurisdiccional de consulta, en el cual la ley había permitido que quien conocía de la consulta pudiera ajustar la pena a la legalidad, se estimó que en caso de que el condenado fuera apelante único, el derecho constitucional a que la pena no fuera agravada por el superior primaba sobre la consagración legal que buscaba proteger la legalidad de las

penas4. Para resolver la colisión entre el principio de legalidad y la no reforma en perjuicio en la manera que lo hizo, esta Corporación consideró que: “(...) debe tenerse en cuenta que en el Estado social de derecho el principio de legalidad no es absoluto no obstante su naturaleza de principio constitucional. No puede desconocerse que el principio de legalidad se encuentra originariamente vinculado a la pretensión de limitar el ejercicio del poder en el absolutismo y que en torno a él se configuró una nueva legitimidad para el poder político en cuanto permitió superar las referencias a la divinidad, a la naturaleza, a la historia y a la razón como ámbitos de justificación. Sin embargo, tampoco se puede ser extraño al hecho de que el agotamiento del derecho en la ley evidenció la insuficiencia de ésta para procurar un ejercicio legítimo del poder público y la consecuente necesidad de configurar un ámbito de racionalidad que, sin desconocer el principio de legalidad, planteara unos nuevos referentes que también lo vincularan. Este es el contexto en el que se afianza el constitucionalismo. En éste el derecho ya no se agota en la ley pues el universo jurídico se enmarca en un ámbito de racionalidad que también remite a los valores, principios y derechos consagrados en las Cartas Políticas y en el denominado bloque de constitucionalidad. Entonces, el cúmulo de garantías contenidas en el principio de legalidad que limitan el ejercicio del poder de configurar delitos y penas mantiene su vigencia, sólo que ahora se ve complementado por unos referentes normativos que, como los principios y los valores, no cabían en la estricta lógica del positivismo formalista.

3 Ver SU-1722/00, M.P. Jairo Charry Rivas (En esta ocasión se concedió la tutela a los dos actores por vulneración del principio de la no reformatio in pejus por parte del Tribunal Nacional que había conocido en grado de consulta la decisión de un juez regional, siendo los petentes recurrentes únicos. Uno de los accionantes no había hecho uso del recurso de casación y, no obstante, obtuvo la protección vía tutela. El otro de los peticionarios sí había hecho uso del recurso de casación y la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, en sentencia de 7 de mayo de 2000 había estimado que en materia de consulta no se aplicaba el principio de la no reformatio in pejus si de proteger el principio de legalidad se trataba.) 4 Ver sentencia T-533/01, M.P. Jaime Córdoba Triviño (En esta ocasión, la Corte estimó que en un proceso conocido por la justicia penal militar en el cual se había apelado y se había modificado en perjuicio la sentencia de primera instancia, era procedente la tutela. Si bien la ley le había consagrado el grado de consulta, para este tipo de casos y en consulta se permitía al juez agravar la pena en virtud del principio de legalidad, esto no se podía hacer cuando se estaba en el estudio de segunda instancia en la cual había apelante único porque se vulneraría el derecho fundamental de la no reformatio in pejus.) Es por eso que el principio de legalidad, si bien sigue siendo una cara garantía con que cuenta el ciudadano para oponer al poder sancionador del Estado, hoy se muestra insuficiente para determinar la racionalidad del poder punitivo y ante ello debe rescatarse el contenido garantista de los derechos fundamentales aún cuando

entran en oposición con el principio de legalidad. De ello se sigue que no todo conflicto entre el principio de legalidad y los derechos fundamentales se soluciona sacrificando a estos últimos. Como lo dijera Bachof, en la democracia constitucional es la ley la que vale en el ámbito de los derechos fundamentales y no los derechos fundamentales los que valen en el ámbito de la ley.”5

2. Jurisprudencia en cuanto a la eficacia de la casación como medio de protección del debido proceso manifestado en la prohibición de reformatio in pejus 2.1. La Corte Constitucional en Sentencia de Unificación 327 de 1999 precisó que frente a la reiterada doctrina de la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, en virtud de la cual la prohibición de la reformatio in pejus no ampara actos ilegales, la casación se torna ineficaz para la protección de tal principio en casos en los cuales a pesar de tratarse de una apelación proveniente únicamente del sindicado, se ha modificado la pena en perjuicio de éste con fundamento en el respeto a la legalidad de la pena. Según la Corte Constitucional, debe primar lo fijado por la doctrina de la Corte Constitucional –intérprete con autoridad en materia de derechos fundamentales, y por tanto en lo referente a la no reformatio in pejusy, en consecuencia, proceder la tutela. Se dijo en la mencionada sentencia: “En el caso concreto, existe certidumbre sobre la ineficacia del recurso de casación, por la razón anotada (es la Sala de Casación Penal de la H. Corte Suprema la que ha sentado la doctrina sobre la

violación del principio de legalidad como excepción a la garantía del artículo 31). Pero puede agregarse un motivo adicional: si hay discrepancia sobre el sentido de una norma constitucional, entre el juez ordinario (dentro del cual, para estos efectos, hay que incluír al de casación) y la Corte Constitucional, es el juicio de ésta el que prevalece, tal como se desprende, con toda nitidez, del fallo C-083 de 1995 que, al declarar la exequibilidad del artículo 8° de la Ley 153 de 1.887, fijó el alcance de la expresión “doctrina constitucional” en los siguientes términos: “b. La doctrina constitucional. Las normas de la Constitución política, y ésta no es una característica privativa de ellas, tienen una vocación irrevocable hacia la individualización, tal como lo ha subrayado Kelsen6 al tratar del ordenamiento jurídico. De ordinario pasan por una fase previa consistente en su desarrollo legal. Pero no todas alcanzan dicho desarrollo, bien porque no lo requieren, bien 5 Ver sentencia T-533/01, M.P. Jaime Córdoba Triviño 6 Op. cit. porque, requiriéndolo, el legislador lo omite. Pero tal omisión no desvirtúa su carácter normativo, si ya lo tienen. Pueden, entonces, ser aplicadas a situaciones específicas subsumibles en ellas, que no están explícitamente contempladas en la ley”. “Pero si la individualización de las normas legales, dada su generalidad (que a menudo deviene en ambigüedad), aparece problemática y generadora de inseguridad jurídica, más problemática e incierta resulta aún la actuación directa de las

normas constitucionales a los casos particulares, por concurrir en ellas, superlativamente, las mismas notas distintivas advertidas en la ley”. “Parece razonable, entonces, que al señalar a las normas constitucionales como fundamento de los fallos, a falta de ley, se agregue una cualificación adicional, consistente en que el sentido de dichas normas, su alcance y pertinencia, hayan sido fijados por quien haga las veces de intérprete autorizado de la Constitución. Que, de ese modo, la aplicación de las normas superiores esté tamizada por la elaboración doctrinaria que de ellas haya hecho su intérprete supremo. (art. 241 C.P.)”7 2.2. Sin embargo, en reciente jurisprudencia unificada (SU-1299 de 2001, M.P. Manuel José Cepeda) esa Corporación sostuvo que en virtud del respeto a la naturaleza subsidiaria de la acción de tutela, de ser procedente la casación para un caso particular en materia penal, no obstante la vulneración de la reforma en perjuicio en segunda instancia, se debe agotar este mecanismo ordinario existente. Dijo la Corte en esa ocasión: “En efecto, cuando se presenta una situación como la descrita en el presente caso, es necesario distinguir las siguientes hipótesis para efectos de establecer la procedencia de las acciones judiciales disponibles: 1) Si la sentencia no es objeto de casación porque la pena máxima establecida para el delito en cuestión es inferior a la fijada como requisito de procedibilidad del recurso, entonces la acción de tutela es la vía judicial procedente para proteger los derechos fundamentales vulnerados. 2) Si la casación se impetra respecto de las condenas en lo penal y

en lo civil, ambas agravadas por el superior siendo el condenado apelante único, y en ambos casos es procedente recurrir en casación, entonces el medio judicial adecuado para proteger los derechos fundamentales es el recurso extraordinario de casación. 3) Si se recurre en casación la sentencia penal exclusivamente respecto de la condena a la indemnización de perjuicios y la cuantía 7 Ver SU-327/95, M.P. Carlos Gaviria Díaz así lo permite,8 entonces de nuevo es el recurso extraordinario de casación la vía judicial procedente, sin consideración a la pena señalada para el delito o delitos (art. 221 C.P.P., subrogado por la Ley 553 de 2000, art. 4). Las anteriores hipótesis se desprenden del carácter subsidiario de la acción de tutela y son consecuentes con la reciente jurisprudencia constitucional de unificación proferida por la Corte Constitucional en los casos del Alcalde de Chimá, de Edgar José Peréa y Carlos Alonso Lucio. En el caso del Alcalde de Chimá se contaba con las acciones de súplica y de revisión para impugnar la decisión que decretaba la nulidad de una elección, sin que la acción de tutela pudiera tener – dado su carácter subsidiario – la virtualidad de reemplazar los medios judiciales a disposición de los afectados.9 En el caso de Edgar José Perea, la ley (L. 144 de 1994, art. 17) consagra expresamente el recurso extraordinario de revisión para la protección de los derechos de defensa y debido proceso respecto de las sentencias mediante las cuales haya sido levantada la investidura

de un parlamentario, por lo que la Corte encontró improcedente la acción de tutela interpuesta.10 En el caso de Carlos Alonso Lucio la Corte rechazó la tutela solicitada, ya que cabe la posibilidad de elevar la acción de revisión para impugnar la pena impuesta alegando la prescripción.11 En consecuencia, al contemplar la normatividad aplicable al presente caso una causal específica de casación sobre la violación de la prohibición de la reformatio in pejus, causal que pese a su 8 Según el artículo 366 del Código de Procedimiento Civil (modificado por el D.E. 2282 de 1989, art. 1, num. 182, modificado a su vez por la Ley 592 de 2000, art. 1), establece como cuantía para recurrir en casación el monto equivalente a cuatrocientos veinticinco (425) salarios mínimos legales mensuales vigentes. 9 Sobre el particular sostuvo la Corte: "(E)l actor tenía a su disposición los recursos que le concedía la ley contra el acto proferido por el Tribunal Administrativo de Córdoba y no es excusa de su conducta negligente, el hecho de pretender justificarse en el desconocimiento de la naturaleza del acto de ejecución, ya que el no conocer la naturaleza del acto de ejecución de la sentencia no impedía la interposición de los recursos; pues si el acto era de naturaleza administrativa contra él procedían recursos y si el acto era de naturaleza jurisdiccional, también era susceptible de impugnación. La naturaleza del acto o su variación no impedía que en uno u otro caso existiesen recursos legales contra él y el actor debió interponerlos oportunamente y no dejar vencer los términos, para acudir luego al mecanismo de la tutela que es improcedente en los eventos en

que el actor haya dejado vencer los recursos de ley. Basta esta razón para que la tutela sea improcedente", Corte Constitucional, Sentencia SU-622 de 2001, M.P. Jaime Araujo Rentería. 10 Dijo la Corte en esta oportunidad: "(E)l recurso de revisión, tratándose de los procesos de pérdida de la investidura, ha sido previsto en la ley como especial, con la introducción de dos nuevas causales, la falta del debido proceso y la violación del derecho de defensa. Esas nuevas causales, que en realidad obedecen a un mismo instituto, el debido proceso, abren la posibilidad para que a través de la revisión se impugne la decisión de decretar la pérdida de investidura de un Congresista, por consideraciones que, en cuanto que tienen que ver con el debido proceso, son inmanentes al mismo. Así, el recurso de revisión se convierte en vía apta para resolver, no sólo asuntos externos y generalmente sobrevinientes al proceso, sino también aquellos que se deriven del error judicial en el curso mismo del proceso", Corte Constitucional, Sentencia SU-858 de 2001, M.P. Rodrigo Escobar Gil 11 "La pregunta que surge es si la acción de revisión es el mecanismo idóneo para proteger, en cuanto al tema de la prescripción, el derecho fundamental que el accionante considera pudiere habérsele violado. Al respecto la Corte expresa que existiendo como causal de revisión el que la acción no podía proseguirse por la prescripción, se considera que el accionante puede alegar la presunta violación de su derecho al debido proceso en dicha acción", Corte Constitucional, Sentencia SU-913 de 2001, M.P. Marco Gerardo Monroy

Cabra. naturaleza civil es aplicable por la justicia penal, la acción de tutela era improcedente. La Corte confirmará el fallo objeto de revisión en cuanto denegó la acción de tutela por improcedente, no sin antes dejar en claro que la acción de tutela podrá ser utilizada posteriormente de presentarse una vía de hecho”12 (el resaltado es nuestro) Esta afirmación fue hecha por la Sala Plena dejando en claro que de continuar una vulneración al principio de no reformatio in pejus posterior al agotamiento de la vía ordinaria, sí procederá la tutela como mecanismo de protección de los derechos fundamentales. Del caso en concreto En el caso bajo estudio, la Sala Sexta de Revisión no concederá la tutela al derecho fundamental al debido proceso del los señores Segundo Noe Ruano Santacruz y Melquicedec Castañeda Prieto en el aspecto atinente a la no reforma en perjuicio porque si bien está comprobada la existencia de modificación en perjuicio en la sentencia proferida en segunda instancia por el Tribunal Superior de Bogotá, Sala Penal, existiendo apelante único, la tutela es improcedente porque frente al fallo cuestionado cabe el recurso extraordinario de casación. En efecto, como consta en el acápite de pruebas, el Tribunal Superior de Bogotá, Sala Penal, en sentencia de noviembre 16 de 2001, modificó la sentencia de primera instancia “para ajustar la pena a la legalidad”. La condena para los dos sindicados pasó de ser de 72 meses a 93 meses y 10 días. Lo anterior, no obstante, se trataba de un caso d

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