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CSJ - AP4133-2016(47892)

Corte Suprema de Justicia

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Detalles

Título
CSJ - AP4133-2016(47892)
Autor
Corte Suprema de Justicia
Categoría
Jurisprudencia
Área del derecho
Penal
Año
2016

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN PENAL

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO

Magistrado Ponente AP4133-2016 Radicación N' 47.892 Aprobado acta N" 194 Bogotá, D. C, veintinueve (29) de j u n io de d os m il dieciséis (2016). MOTIVO DE LA DECISIÓN M e d i a n te sentencia d el 9 de j u n io de 2 0 1 2, el J u ez P e n al d el C i r c u i to Especializado de C a r t a g e na absolvió al señor Loher Díaz Díaz de los cargos que le había f o r m u l a do la Fiscalía, cuyo delegado apeló la decisión. El 27 de m a yo de 2 0 15 el T r i b u n al S u p e r i or de la m i s ma c i u d ad la revocó. Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ En SU lugar, declaró al acusado a u t or p e n a l m e n te responsable del delito de concierto p a ra d e l i n q u ir agravado. Le i m p u so 80 m e s es de prisión y de inhabilitación p a ra el ejercicio de derechos y funciones públicas, 3 0 00 salarios mínimos legales m e n s u a l es vigentes de m u l ta y le negó la suspensión condicional de la ejecución de la p e na y la prisión domiciliaria. El defensor i n t e r p u so casación. La S a la se p r o n u n c ia sobre el c u m p l i m i e n to de l os

requisitos, en aras de disponer o no la admisión de la d e m a n da respectiva, HECHOS El señor Loher Díaz Díaz ejerció c o mo alcalde de Morales (Bolívar) d u r a n te el periodo 1 9 9 8 - 2 0 01 y se lanzó c o mo candidato a la Cámara de representantes p a ra el lapso 2 0 0 2 - 2 0 0 6. Ejerciendo c o mo burgomaestre, Díaz Díaz f ue p r o m o v i do p or el grupo a r m a do ilegal d e n o m i n a do Autodefensas U n i d as de Colombia, A U C, que delinquía en la región, cuyos c o m a n d a n t es realizaban r e u n i o n es en donde aquel participaba activamente, q u i en se p r e s e n t a ba y era p r o m o v i do c o mo el candidato de la organización, r e c l a m a n do a l os asistentes (concejales, alcaldes y dirigentes políticos de la región - s ur de Bolívar-) q ue 2 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ a p o y a r an decididamente su aspiración al Congreso, a c a m b io de lo c u al facilitaba el accionar delictivo, m e d i a n do p a ra que la a u t o r i d ad no persiguiera a los integrantes d el g r u po y p u d i e r an transitar libremente.

ACTUACIÓN PROCESAL

1. A d e l a n t a da la correspondiente investigación, el 25 de febrero de 2 0 11 la Fiscalía acusó al sindicado c o mo coautor de la c o n d u c ta p u n i b le de concierto p a ra delinquir agravado, prevista en el artículo 3 40 del Código Penal.

La decisión fue apelada y confirmada por la Fiscalía Delegada ante el T r i b u n al Superior de Bogotá el 7 de j u n io siguiente.

2. Luego f u e r on proferidos los fallos señalados.

LA DEMANDA El defensor formuló tres cargos, pero en realidad se t r a ta de uno solo, por vía de la causal primera, violación indirecta de la ley s u s t a n c i al causada por errores de hecho, que desarrolla así: Primero. Falso juicio de existencia p or falta de valoración de l os testimonios de Alexander Carlos Reyes Hernández, D o m i n ga Peña Flórez, A m a r a n to Rodríguez 3 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ Hernández, M i r i am Cañas Q u i n t e r o, Magnolis Delgado M o n e a d a, Rafael Gallego R o m e r o, F e r n ey Díaz Q u i n t e r o, Carlos D in Correa, Pedro Flórez Cogollo, D o n a l do Díaz Hernández, Alfredo A r d i la M o n e a d a, Albeiro Gutiérrez Badillo y J u an Alberto Sidedor Gómez, así c o mo d os

páginas de periódicos y tres videos entregados p or el acusado en la a u d i e n c ia de j u z g a m i e n t o, que aludían a p o s t u r as s u y as sobre el conflicto, rechazando l as expresiones de violencia. Los declarantes aludidos señalan que los h e r m a n os A d i th y M i l e th Rodríguez Hernández, testigos de cargo, mantenían tensas relaciones c on el acusado, existiendo divergencias entre ellos, teniendo, aquellos, interés en perjudicar a este, i n c l u so que A d i th hizo público su deseo de querer m a t a r l o, lo c u al generaba sospechas sobre su credibilidad. Agregaron que el amigo de los p a r a m i l i t a r es era A d i t h, no el sindicado, quien, por el contrario, sufrió un atentado por parte del g r u po ilegal, Magnolis agregó que fue b u s c a da por aquellos p a ra que declarara en c o n t ra del acusado. A r d i la M o n e a da y Gutiérrez Badillo a d v i r t i e r on que el procesado asistió a u na reunión de las A U C, pero rechazó la imposición que le hizo el g r u po ilegal de apoyar al señor Carlos Clavijo en su aspiración al Senado, De haberse vEilorado esos medios de convicción, se hubiese concluido en la inocencia del sindicado, c o mo hizo el a quo, o, en el peor de los casos, en la existencia de d u d a. 4 Casación 47.892

L O H ER DÍAZ DÍAZ Segundo. Falso juicio de identidad debido a la valoración parcelada de l os t e s t i m o n i os de Y o n is Perea Cuesta, W a l b e r to M a n u el M e d i na Rivero, C a y e t a no Yúnez Cañas, J o r re E n r i q ue Q u i n t e ro Díaz, R a m i ro A n t o n io T o r r es Rodríguez y Francisco L u is C a r t a g e na Guarín, de los que se o m i t i e r on apartes trascendentes que, de haberse apreciado, h u b i e s en conducido a restarles credibilidad. A Perea C u e s ta se le creyó, p a ra hacer lo c u al se omitió la ampliación de su t e s t i m o n io del 29 de octubre de 2 0 1 0, en donde reconoce que estuvo tentado a c a m b i ar su versión en el j u i c io a c a m b io de dinero, lo que evidencia su personalidad proclive al delito y a la tergiversación, además de haberse m o s t r a do incoherente y dubitativo, pues a pesar de q ue dirigía las relaciones políticas de las A U C, dijo no h a b er tenido contacto directo con el procesado. Reconoció, a la vez, h a b er sido adicto a las drogas, h a b i e n do t e r m i n a do un procedo de desintoxicación antes de la p r i m e ra versión, luego al r e n d i r la p u do estar bajo el influjo de alucinógenos.

Sobre M e d i na Rivera el T r i b u n al no valoró la ampliación de su declaración del 5 de agosto de 2 0 1 0, de la que se deriva que el relato no puede tenerse c o mo objetivo y libre de tacha, c o mo que aquel y su progenitor t u v i e r on u na desavenencia económica c on el sindicado. Respecto de Yúnez Cañas se excluyó su ampliación del 18 de m a yo de 2 0 1 0, en donde corrigió y se retractó de su relato inicial. 5 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ En c u a n to a Q u i n t e ro Díaz, su dicho fue apreciado de m a n e ra segmentada. El testigo refirió que asistió a u na reunión convocada por los paramilitares, pero lo hizo por t e m or y que allí estaba el acusado, pero no s u po sí ello obedeció ed miedo, lo c u al arroja d u d as desestimadas por el T r i b u n a l. En relación c on Torres Rodríguez, se le confirió credibilidad p a ra probar que el sindicado se reunió c on las A U C, pero el declarante refirió que l as r e u n i o n es e r an obligatorias, se i n t i m i d a ba a l os h a b i t a n t es p a ra q ue comparecieran y que desconocía las relaciones de aquel c on las A U C. El T r i b u n al citó el relato de Cartagena Guarín p a ra resaltar q ue reseñó circunstancias q ue m o s t r a b an la

relación del procesado c on las A U C, pero del contexto de su dicho deriva que e ra obligatorio asistir a las r e u n i o n es convocadas por el g r u po ilegal y que desconocía si el a c u s a do t u vo relaciones directas con el m i s m o. Tercero. Falso raciocinio en la valoración de l os testimonios de M i l e th Rodríguez Hernández, A d i th Reyes Hernández, Uldarico Toloza T u n d e no e Iván Roberto D u q u e. Mileth, en principio refirió que su hija de crianza convivió con un p a r a m i l i t a r, pero luego negó haber tenido v i n c u lo c on esta delincuencia, además de que admitió haber rendido un t e s t i m o n io en favor de otro m i l i t a n te del g r u po delictivo. El T r i b u n al condenó soportado en su dicho por 6 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ c u a n to su relato coincidía c on otros que d a b an c u e n ta de la reunión del acusado c on las A UC en donde E r n e s to Báez lo postuló c o mo candidato a la Cámara de Representantes. El testigo afirmó h a b er sido a m e n a z a do p or las A U C, g r u po d el c u al el sindicado e ra cercano, p or lo c u al abandonó la población, pero i g u al manifestó q ue días anteriores a las elecciones del 2 0 0 2, huyó del m u n i c i p io c on

a y u da d el procesado, encontrándose c on este en B u c a r a m a n ga donde h a b l a r on sobre el f u t u ro político del m u n i c i p i o, lo c u al contraría la experiencia que enseña que de los enemigos se h u ye (el sindicado e ra aliado de las A U C, por las que t u vo que huir) y no se acepta su a y u d a. Igual enseña la experiencia que se m a n t i e n en lazos de familiaridad y cercanía c on las personas que t i e n en vínculos c on n u e s t r os hijos, lo c u al desmiente la excusa. Sobre A d i th el T r i b u n al afirmó que su relato fue objeto de múltiples críticas, pero l as descartó y le asignó credibilidad, r a z o n a n do en f o r ma errada, p o r q ue no es posible a d m i t ir que el testigo contó 20 m i l l o n es de pesos p r e s u n t a m e n te entregados por el acusado a un c o m a n d a n te de las A U C, p u es la experiencia enseña que solo a quienes t i e n en nexos c on el g r u po delictivo se les e n c o m i e n d an esas tareas. La experiencia i g u al enseña que esa c a n t i d ad de dinero, en billetes de diversa denominación, no cabe en u na b o sa de m a n i l a, luego a d m i t ir esto es desconocer la lógica, la física. 7 Casación 47.892

L O H ER DÍAZ DÍAZ

T a m p o co es lógico que se prestara esa s u ma a un c o m a n d a n te s in s er cercano a l as A U C, porque la experiencia enseña q ue la entrega de dinero e ra p or presiones, no por prést£imos. De la m i s ma m a n e ra q u i en presencia un delito acude a denunciarlo, lo q ue el declarante n u n ca hizo, pues solo relató los hechos c u a n do fue l l a m a do c o mo testigo. El t e s t i m o n io aludido t a m p o co se comparó con otros que socavaban su credibilidad, c o mo el de D o m i n ga Peña, q u i en señaló que no existió la reunión en la c u al se discutió un p r o b l e ma que ésta habría tenido con A d i t h. T a m p o co se hizo con el de Alexander Reyes, h e r m a no de A d i t h, q u i en lo desprestigia y a t r i b u ye s us relatos a p r o b l e m as m e n t a l es que lo h a c en proclive a c o m p o r t a m i e n t os extraños, además de señalar que A d i th y M i l e th s on contradictores políticos y h an acudido a artimañas jurídicas p a ra perjudicar a Loher Díaz. Igual dejó de apreciarse que D u m ar S u r m ay Jiménez señaló que A d i th le ofreció un dinero y asilo político a cambio de declarar c o n t ra el sindicado. Se descartó el

señalamiento p or el único m o t i vo de la d e m o ra en d e n u n c i ar esos hechos. T a m p o co se confirió poder demostrativo a Evangelista Payares y Gregoria Rangel, quienes n a r r a r on que A d i th les ofreció prebendas a c a m b io de declarar c o n t ra el procesado. En relación con Toloza T u n d e n o, el T r i b u n al restó i m p o r t a n c ia a su relato por considerarlo c o m p l e t a m e n te 8 Casación 47.892 fA ' L O H ER DÍAZ DÍAZ A ajeno a la realidad que surgía del expediente. Lo cierto es que, avalado por otros testigos, el declarante dio c u e n ta de que el acusado no contó con apoyo p a r a m i l i t a r, pues, por el contrario, el g r u po le prohibió hacer proselitismo en a l g u n as regiones y la experiencia enseña q ue ello solo sucedía c on quienes no c o h o n e s t a b an c on los proyectos de las A U C. Sobre Iván Roberto D u q u e, alias E r n e s to Báez, el T r i b u n al dio por cierto que el m i s mo admitió que el acusado era su candidato político. No puede a d m i t i r se el señalamiento de aquel c u a n do l as p r u e b as de descargo i n f o r m an que el acusado aceptó la nominación hecha, c o mo u na imposición, lo c u al q u i ta peso suasorio a aquel,

además de que su condición delictiva lo hace proclive a la m e n t i ra y se ha probado que integrantes de las A UC h an i n c u l p a do falsamente a varios políticos. Solicita se case la sentencia y se absuelva al acusado, CONSIDERACIONES DE LA CORTE La S a la inadmitirá la d e m a n da presentada, por c u a n to no reúne los requisitos lógicos y de debida argumentación precisados en el artículo 2 13 del Código de Procedimiento Penal. Las razones s on las siguientes:

1. El yerro de exclusión probatoria, señalado en el p r i m er apairtado de la d e m a n d a, c o m p o r ta que el juzgador

9 Casación 47.892 pA L O H ER DÍAZ DÍAZ''/ hubiese o m i t i do apreciar l as palabras de d e t e r m i n a do elemento de convicción. La exigencia, por tanto, a p u n ta a que el j u z g a d or razone en u no u otro sentido p a ra concluir si confiere o niega eficacia a lo que señala la prueba, de donde deriva que la carga está dada, no porque se m e n c i o ne con n o m b re propio cada u na de las p r u e b as aportadas, sino porque el juzgador valore lo referido por ella. (I) En ese contexto no asiste razón al señor defensor c u a n do pretende excluidas de la valoración j u d i c i al a l g u n as páginas de periódicos y videos allegados por el acusado

c u a n do fue interrogado en la a u d i e n c ia pública. Lo p r i m e ro que debe decirse al respecto es que el d e m a n d a n te no m e n c i o na si esos elementos f u e r on legalmente incorporados, esto es, si se pidió su admisión c o mo pruebas, f u e r on decretadas por el j u z g a d or y se confirió la i n s t a n c ia procesal pertinente p a ra p e r m i t ir su controversia, pues no debe olvidarse que, a decir d el recurrente, esos elementos f u e r on allegados por el acusado en su interrogatorio en la audiencia, i n s t a n c ia en la c u al ya había precluido la fase p a ra pedir y practicar pruebas. (II) Lo trascendente al respecto es que, conforme con el i m p u g n a n t e, esos d o c u m e n t os aludían a p o s t u r as d el sindicado sobre el conflicto existente en la región y su rechazo a las expresiones de violencia, coligiéndose que este incluía a las A U C, 10 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ Sobre el t e ma se observa que a folios 47 y siguientes de su fallo, el T r i b u n al razonó respecto de lo poco confiables que se m o s t r a b an lo descargos del acusado, pues no se observaba de su parte denuncia, queja o cualquier indicio que permitiese inferir que rechazaba el apoyo del g r u po ilegal a su c a u sa política, s in que p u d i e ra a d m i t i r se que no

lo hizo por miedo a retaliaciones, c o mo que ello "va en contravía con el propio dicho del procesado, pues en el decurso de la actuación manifestó que increpó a los propios líderes paramilitares de la zona... c on el fin de que no interfirieran en el proceso democrático''. E s ta argumentación hace referencia al rechazo d el procesado a la actuación del g r u po violento, y c o mo a lo m i s m o, según la defensa, a p u n t a b an l as páginas d el periódico y los videos, de necesidad surge que el contenido de estos fue apreciado en ese sentido, c on independencia de que no se h u b i e s en m e n c i o n a do de m a n e ra expresa, lo c u al se ratifica c u a n do a renglón seguido el T r i b u n al no se explica "cómo se t u vo arrojo p a ra p e r s o n a l m e n te exigirle la retirada de la contienda electoral a los insurgentes, pero no así el m i s mo valor p a ra d e n u n c i ar la ilegal presencia de estos en las elecciones p a r l a m e n t a r i a s ". Si lo último era lo que decían las s u p u e s t as pruebas excluidas, es claro que en ese r a z o n a m i e n to se incluyó su contenido. (III) C on los testimonios tachados de excluidos, sucede lo siguiente: en las hojas 69 y siguientes de la sentencia, el T r i b u n al dedica espacio suficiente a p r o n u n c i a r se sobre el t e s t i m o n io de D o m i n ga Peña y la f o r ma en que el a q uo lo

11 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ apreció e r r a d a m e n t e, lo c u al niega razón al reparo a t i n e n te a que fue excluido de las consideraciones judiciales. Q ue las conclusiones del T r i b u n al fuesen diversas a aquellas a las que llegó la defensa, en m o do a l g u no e s t r u c t u ra el yerro por omisión denunciado. (IV) El T r i b u n al acogió l os p l a n t e a m i e n t os de la acusación y en diversos apartes de su fallo se refiere a la providencia acusatoria, en especial a la de s e g u n da instancia, cuyos cargos f u e r on acogidos en su integridad, desde donde r e s u l ta válido concluir que lo expresado por la acusación se integra al fallo de condena. En esas condiciones se tiene que en la resolución de acusación de la Fiscalía del T r i b u n a l, cuyos f u n d a m e n t os se i n t e g r an a la sentencia de condena, se hizo referencia expresa a que en el en recurso de apelación se insistió en que se v a l o r a r a n, en aras de lograr la preclusión, l as declaraciones de J u an Alberto Sisedor, Alberto (o Albeiro) Gutiérrez Badillo, Carlos D in (o Dean) Correa, M i r i am Cañas Q u i n t e r o, Alexander Carlos Reyes Hernández, A m a r a n to Rodríguez Hernández., D o n a l do (Díaz)

Hernández, F e r n ey ( E n r i q ue Díaz) Q u i n t e r o, Rafael de Jesús Gallego R o m e r o, Alfredo A r d i la y M a g n o l is Delgado M o n e a d a. La Fiscalía ad q u em no acogió los criterios defensivos, argumentó p a ra apartarse de ellos y, por el contrario, confirmó el pliego de cargos, de donde deriva que negó eficacia p r o b a t o r ia a esos medios de prueba. 12 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ Así, integrada la acusación al fallo de condena, se observa q ue l as p r u e b as echadas de m e n os p or el i m p u g n a n te f u e r on consideradas, s in que u na apreciación que se oponga a s us p r o p u e s t as d e m u e s t re el y e r ro de omisión d e n u n c i a d o. (V) El T r i b u n al f ue reiterativo en referir que s us conclusiones se s o p o r t a b an en el análisis global de todos los m e d i os que m i l i t a b an en el proceso, porque n i n g u no de ellos e ra suficiente por sí solo p a ra llegar ad c o n v e n c i m i e n to de la verdad real, que no r e s u l t a ba de b u en recibo la e x c u sa defensiva de que los cargos se debilitaban a n te la existencia de otros testigos que d e s m i n t i e r on la existencia de l as

r e u n i o n es c on los p a r a m i l i t a r es y la presencia del sindicado en las m i s m a s, que las p r u e b as aducidas p a ra realizar encarnizadas críticas a l os testigos acusadores no r e s u l t a b an eficaces y que n i n g u no de los m e d i os de p r u e ba allegados t u vo la fuerza suficiente p a ra acreditar la ajenidad del sindicado c on el delito. ti E s as expresiones globales, de necesidad i n v o l u c r an el análisis de la totalidad de las p r u e b as de descargo, s in que p a ra el efecto resulte trascendente que se h u b i e ra o m i t i do e n u n c i a r l as por s us n o m b r e s. El r e c u r so utilizado en el análisis se m u e s t ra legítimo, máxime c u a n do las p r u e b as echadas de m e n os (que no f u e r on excluidas) se p r o n u n c i an en términos similares, c o mo se observa en las extensas reseñas que de ellas hace el d e m a n d a n t e, de donde surgía legítimo su análisis integral. 13 Casación 47.892

L O H ER DÍAZ DÍAZ

2. Tiene razón el señor defensor c u a n do señala que en el fallo de c o n d e na no se hizo expresa alusión a l as ampliaciones que de s us t e s t i m o n i os r i n d i e r an Y o n is Perea

Cuesta, W a l b e r to M a n u el M e d i na R o m e ro y C a y e t a no Yúnez Cañas, lo cual, de m a n e ra objetiva, estructuraría el yerro de identidad denunciado, Pero el d e m a n d a n te deja de lado que en sede de casación (y en la de cualquier recurso) no b a s ta c on señalar el error cometido por el juez, sino que es carga de q u i en lo hace d e m o s t r ar la idoneidad, la transcendencia del yerro, esto es, debe hacerse el ejercicio de e l i m i n ar la equivocación p a ra verificar su incidencia en el sentido de la decisión, esto es, que de no haberse i n c u r r i do en ella, la m i s ma habría sido opuesta. El r e c u r r e n te no cumplió con esa carga, en t a n to solo acudió a reiterar, desde su personal y subjetiva inteligencia sobre el alcance que ha debido darse a tales ampliaciones, que estas negaban o r e s t a b an eficacia a los t e s t i m o n i o s. No h ay t a l. (1) En la extensión del t e s t i m o n io de Perea Cuesta, según se l ee en la reseña que de la m i s ma h a ce el d e m a n d a n t e, el declarante a f i r ma que se lo contactó paira pedirle que se retii-actara de su dicho inicial y se le ofreció dinero p a ra hacerlo, pero jamás refiere que el relato inicial fuese m e n t i r o s o, por el contrario, surge que el m i s mo

coincide con lo r e a l m e n te sucedido. 14 Casación 47.892, L O H ER DÍAZ DÍAZ T a m p o co deriva de allí que lo relatado a la j u s t i c ia pudiese h a b er sido consecuencia de un estado de alucinación, c o mo especula, s in respaldo probatorio alguno, la defensa. Lo que dice Perea C u e s ta es que q u i en pretendía se r e t r a c t a ra le insinuó que acudiera a esgrimir c o mo excusa esa circunstancia, es decir, que c o mo había pasado por un proceso de desíntoxicación, i n s i n u a ra a la j u s t i c ia que la versión inicial p u do estar i n f l u e n c i a da por e sa condición. Los demás aspectos a que alude el d e m a n d a n t e, sobre las s u p u e s t as imprecisiones, inconsistencias y dubitaciones que s u r g en d el relato d el testigo, no dejan de s er apreciaciones personales que pretende oponer a las d el T r i b u n a l, las cuales no c o n s t i t u y en el yerro d e m a n d a do y debieron ser propuestas, c u m p l i e n do las exigencias legales, por vía del falso raciocinio. (II) Sobre el t e s t i m o n io de M e d i na Rivero, a q u i en el T r i b u n al confirió eficacia, el r e c u r r e n te sostiene que el m i s mo no podía tenerse c o mo objetivo y libre de tacha, t o da

vez que en la ampliación o m i t i da el declarante hizo saber que, j u n to con su padre, t u vo u na desavenencia económica c on el procesado. De l as palabras de la d e m a n da deriva que en la declaración inicial el testigo hizo alusión a q ue su progenitor fue llevado por el acusado a u na finca donde e s t a b an los paramilitares. De t al f o r ma que el t e ma fue tratado en esta p r i m e ra p o s t u ra y, por ende, fue valorado en 15 Casación 47.892, L O H ER DÍAZ DÍAZ el fallo del T r i b u n a l. Lo que se hace en la extensión o m i t i da es a m p l i ar detalles sobre el e n c u e n t ro referido desde un comienzo y es allí donde surge el t e ma de la deuda, p a ra solucionar el c u al -dice el testigoel procesado lo llevó al e n c u e n t ro c on los paramilitares. La sentencia, entonces, apreció el a s u n to de que el sindicado hubiese llevado al padre d el testigo a un e n c u e n t ro con los ilegales y no parece que el co noc imie nto del m o t i vo p a ra ello (que se s u po en la ampliación) hubiese m u d a do esas conclusiones, máxime c u a n do de las citas que hace la defensa se extrae que el declarante a d m i te que finalmente el acusado pagó en su integridad la obligación, lo c u al ratifica la inferencia j u d i c i al sobre la objetividad del

testimonio. (III) En relación con el t e s t i m o n io de Yúnez Cañas, en verdad que el T r i b u n al no se ocupó de la extensión de su versión en la que se retractó de los cargos hechos en un comienzo, con el a r g u m e n to de que A d i th le pidió faltara a la verdad, c o mo hizo, bajo la p r o m e sa de que en un f u t u r o, c u a n do A d i th o c u p a ra b u e n os cargos, lo beneficiaría. El d e m a n d a n te se quedó en el señalamiento del yerro, por no hizo alusión alguna, siquiera tácita, a su idoneidad, a su trascendencia. No se ocupó, c o mo le correspondía, de r a z o n ar y d e m o s t r ar que en el s u p u e s to de h a b er apreciado integralmente la prueba, el T r i b u n al ha debido a d m i t ir c o mo verídica la retractación, descartando el relato inicial, c u a n do es claro que en tales s u p u e s t os no existe u na 16 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ especie de tarifa legal q ue i m p o n ga a d m i t ir s in c u e s t i o n a m i e n t os la retractación, sino que es deber del j u z g a d or u na apreciación cuidadosa, racional, p a ra decantar en cuál de las dos p o s t u r as se n a r ra la verdad.

En ese sentido, parecería endeble la e x c u sa p a ra que se a d m i ta c o mo cierta la retractación, en t a n to que, c o mo explica el propio d e m a n d a n te en otro reparo, en eventos c o mo el analizado el que un testigo falte a la verdad se b u s ca y se logra al a m p a ro de un beneficio concreto recibido por adelantado, y en el s u p u e s to de que se t r a ta r e s u l ta en e x t r e mo discutible que el declarante hubiese a d m i t i do m e n t ir bajo p r o m e s as demasiado aleatorias consistentes en que si algún día A d i th lograba un b u en cargo, pagaría el favor. Por lo demás, en el s u p u e s to de tener por m e n t i r o so el relato inicial, y verídica la retractación, la consecuencia sería i n a n e, en t a n to permanecería incólume el restante m a t e r i al probatorio en que se sustentó la condena. (IV) Sobre los t e s t i m o n i os de Q u i n t e ro Díaz, T o r r es Rodríguez y C a r t a g e na Guarín, el censor no señala ni d e m u e s t ra q ue en la valoración j u d i c i al se h u b i e s en cercenado apartes trascendentes o h e c ho agregados. Lo que se cuestiona, c o mo falso j u i c io de identidad, es que, en sentir d el recurrente, d el contexto de esas declaraciones podría inferirse que el acusado asistió a las

r e u n i o n es por miedo, o c u a n do m e n os era d u d o so el t e m a. 17 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ Nótese entonces, que no se t r a ta de que el T r i b u n al distorsionara, tergiversara l as reales palabras de l os testigos, sino que en criterio del i m p u g n a n te ha debido llegar a inferencias opuestas a las p l a s m a d as en el fallo. Ese tipo de disentimientos, en donde se pretende oponer un m o do de valoración diverso al del juzgador, en m o do adguno d e m u e s t ra que se falseara la identidad de la p r u e b a. A lo s u mo podría s er planteado c o mo falso raciocinio, c u m p l i e n do las exigencias p a ra ello, y no se hizo.

3. El falso raciocinio d e n u n c i a do es inexistente.

(I) No es cierto que el t e s t i m o n io de A d i th Reyes Hernández no hubiese sido apreciado confrontándolo c on los de D o m i n ga Peña y D u m ar S u r m ay Jiménez. Por el contrario, u na l e c t u ra desprevenida de la providencia c e n s u r a da m u e s t ra que a folios 69 y siguientes se razonó a espacio respecto de las p o s t u r as de la p r i m e r a; y en las páginas 71 y sucesivas se hizo lo propio c on S u r m ay

Jiménez. Sucede que hecho el m i s mo ejercicio de confrontación, el señor defensor llega a inferencias opuestas a las del T r i b u n a l, lo c u al no d e m u e s t ra el r a z o n a m i e n to errado de este. (II) Lo que el señor defensor presenta c o mo apreciación c o n t r a r ia a la s a na crítica respecto de las declaraciones de 18 Casación 47.892 L O H ER DÍAZ DÍAZ M i l e th Rodríguez, A d i th Reyes, Uldarico Toloza y R o b e r to D u q ue ("Ernesto Báez"), no c o n s t i t u ye p r o c e d i m i e n to diverso a la presentación del p e r s o n al y subjetivo alcance que el apoderado b r i n da a esos m e d i os de p r u e b a, la c u al opone a la del T r i b u n al en el a n h e lo de que sea privilegiada, a c u d i e n do al expediente de elaborar a l g u n as hipótesis que d e n o m i na reglas de experiencia, s in explicar las razones sobre cómo y dónde s on a d m i t i d as c o mo ocurrencias del diario vivir. Lo que se señala c o mo reglas de experiencia, a efectos de su enmarcación d e n t ro de un cargo propio del r e c u r so extraordinario, no s on más que s u p u e s t as contradicciones en las versiones de las p r u e b as de cargo.

(111) De M i l e th Rodríguez se considera contradictorio que n e g a ra tener vínculos c on las A UC c u a n do u na hijastra s u ya m a n t u vo u na relación c on un m i l i t a n te de ese g r u po y rindió algún t e s t i m o n io respecto de otro. T al hecho, c o m p o r ta u na apreciación p e r s o n al que a s p i ra a que se reste eficacia al relato, pero en m o do a l g u no e s t r u c t u ra u na máxima de experiencia, c u a n d o, además, esos hechos aislados n a da dicen sobre un vínculo c on la organización, sino dos esporádicos y casuales nexos c on a l g u n os de s us integrantes. Q ue el declarante h u b i e se h u i do por las a m e n a z as de las A U C, pero a d m i t i e ra haberse r e u n i do c on el procesado a pesar de saber s us vínculos c on el grupo, no parece m o s t r a r se contradictorio, porque al último se lo conocía. 19 Casación 47.892 A • L O H ER DÍAZ DÍAZ A pero, en todo caso, no configura n i n g u na regla de experiencia, q ue f ue lo e n u n c i a do y correspondía demostrar. (IV) En relación con A d i th Reyes, el propio r e c u r r e n te hace referencia a que el T r i b u n al se ocupó de las múltiples

críticas hechas y le asignó credibilidad, a lo c u al se opone el señor defensor, de donde deriva, o t ra vez, que la simple oposición se p o s t u la c o mo errado raciocinio del T r i b u n a l, máxime c u a n do el m i s mo se hace consistir en simples conjeturas ( q ue se l l a m an reglas de experiencia s in demostrarlo), c o mo que no es creíble que al testigo se lo p u s i e ra a contar el dinero o que los billetes no podían caber en u na bolsa de m a n i l a, s in que por parte a l g u na se pruebe que en el mercado no existen e m p a q u es suficientemente grandes. Por la m i s ma vía t r a n s c u r r en c u e s t i o n a m i e n t os c o mo el atinente a

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