FLIP - 30 años contra el silencio
Fundación para la Libertad de Prensa
Descargar PDF
Disponible
Detalles
- Título
- FLIP - 30 años contra el silencio
- Autor
- Fundación para la Libertad de Prensa
- Categoría
- Doctrina
- Área del derecho
- Libertad_Prensa
- Año
- —
Un campesino aguarda el inicio de una jornada en Caramanta, Antioquia. Siembra inquietudes en el parque que serán cosecha de palabras.3
PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN |
Por Sofía Jaramillo Otoya, directora ejecutiva de la F undación para la Libertad de Prensa.
FOTO: José
Ramón Cobos. E n Colombia, la democracia ha aprendido a convivir con el silencio. No solo cuando se impone de manera abierta, sino cuando se vuelve costumbre, cuando la falta de periodismo deja de percibirse como una anomalía y se asume como parte del paisaje democrático. Hoy, el riesgo no es solo que se censure, sino que nos hayamos acostumbrado a vivir con menos periodismo del que una sociedad necesita para funcionar. Hace tres décadas, la Fundación para la Libertad de Prensa nació como una respuesta a la forma más extrema de esa censura. Desde entonces, el país ha cambiado y con él, las maneras de silenciar. La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma: ¿cuánto periodismo está dispuesto a perder una sociedad antes de empezar a perder también su democracia? Durante los años noventa, el silenciamiento tuvo una forma brutal y directa. La violencia contra periodistas marcó una época en la que no callar significaba morir. Esa violencia no desapareció del todo, pero se transformó. Ahora, rara vez se impone de manera frontal o solo con amenazas directas: se produce de forma gradual y persistente. Ese proceso ha tenido un efecto profundo y peligroso: ha reducido el umra, rara vez se impone de manera frontal o solo con amenazas directas: se produce de forma gradual y persistente. Ese proceso ha tenido un efecto profundo y peligroso: ha reducido el umbral de lo que consideramos aceptable. Menos periodistas en las redacciones, menos investigaciones, menos presencia en los territorios, más temas que se dejan de cubrir sin que nadie pregunte por qué. Treinta años no son solo una cifra conmemorativa. Son la medida de una persistencia colectiva frente a esa normalización. Porque la FLIP no ha caminado sola: es una red viva de periodistas, medios, comunidades, organizaciones aliadas y personas que entienden que el derecho a informar y a estar informados no pertenece sólo a quienes ejercen el periodismo, sino a toda la sociedad. Y que ese derecho se debilita cuando el periodismo se vuelve frágil o prescindible. Este debilitamiento del ecosistema informativo no ha ocurrido en el vacío. Se ha dado en medio de transformaciones tecnológicas aceleradas, de modelos de negocio que no logran sostener el oficio. Es una decisión política, económica y cultural que tiene efectos profundos sobre la democracia. Y así como ha evolucionado la censura, se ha ampliado la comprensión de lo que significa resistirla. La defensa de la libertad de prensa y de expresión ha exigido, con el tiempo, mirar más allá de la agresión y atender el entramado de condiciones que hacen posible, o imposible, el ejercicio periodístico. Acompañar a periodistas, construir herramientas de protección, fortalecer capacidades locales y tejer alianzas ha
más allá de la agresión y atender el entramado de condiciones que hacen posible, o imposible, el ejercicio periodístico. Acompañar a periodistas, construir herramientas de protección, fortalecer capacidades locales y tejer alianzas ha sido parte de este aprendizaje compartido. Defender la libertad de prensa nunca ha sido un ejercicio fácil. Ha implicado incomodar al poder, cuestionar narrativas dominantes, insistir en el acceso a la información pública, acompañar a periodistas en los momentos más difíciles y recordar, una y otra vez, que sin periodismo libre no hay democracia posible. Hoy, la pregunta sigue abierta. Qué se pierde cuando el silencio se vuelve costumbre. Y qué estamos dispuestos a hacer para no acostumbrarnos a él. En un país atravesado por profundas desigualdades, conflictos armados persistentes y una polarización creciente, acostumbrarse a vivir con menos periodismo, acostumbrarnos al silencio, no es una salida pragmática, es una renuncia peligrosa a la democracia. años contra30 Editorial el silencio ©Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional
12° EDICIÓN
Febrero 2026 Bogotá D.C., Colombia
EN PORTADA:
Julián Solano @manch_ao Sofía Jaramillo Otoya Ángela María Agudelo Urrego César Paredes Peña Daniel Chaparro Díaz Natalia López López Sofía Jaramillo Otoya Johan Schmidt Jorge Cardona Alzate Stephen Ferry César Paredes Peña Natalia Borrero Morales
César Paredes Peña Daniel Chaparro Díaz Natalia López López Sofía Jaramillo Otoya Johan Schmidt Jorge Cardona Alzate Stephen Ferry César Paredes Peña Natalia Borrero Morales Ángela María Agudelo Urrego Mónica Leguizamón Nonsoque Laura Merchán Calderón Zumbambico - @zumbambico Juan Pablo Madrid-Malo Stephen Ferry Archivo particular Camila Bolívar Laura Merchán Calderón Camila Bolívar Tatiana Vásquez Pérez Mireya Luque Triana Michael Alvarado González Daniela Rosero Carolina Pinto PLG Publicidad y Digital SAS
DIRECTORA EJECUTIVA
INVESTIGACIÓN Y TEXTOS
INVITADOS
EDICIÓN
CORRECCIÓN DE ESTILO
ARTE Y DISEÑO EDITORIAL
ILUSTRACIONES
FOTOGRAFÍAS
COLLAGE E INTERVENCIÓN
FOTOGRÁFICA
CREATIVIDAD PUBLICITARIA
GESTIÓN ADMINISTRATIVA
IMPRESIÓN
ISSN 2954-582X VERSIÓN DIGITAL Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Reporteros Sin Fronteras y Luminate. Los contenidos de este material son responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de estas organizaciones.
FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD DE PRENSA (FLIP), 2026
www.flip.org.coTreinta años 4 5 | PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN | E n el amanecer de 1996, cuando surwww.flip.org.coTreinta años 4 5 | PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN | E n el amanecer de 1996, cuando surgió la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), Colombia transitaba por un tiempo crítico. A espaldas de la polarización social y política provocada por el narcoescándalo de los dineros del cartel de Cali en la campaña presidencial de Ernesto Samper, los colosos de la guerra dejaron decenas de víctimas en los territorios de la confrontación armada. Como lo reconoció en 2013 el informe ¡Basta ya! Colombia, memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica, desde ese año y hasta 2005, “la guerra alcanzó su máxima expresión, extensión y niveles de victimización” . Ante ese descalabro de violencia masiva y escaso margen de maniobra de las autoridades, un grupo de periodistas entendió que callar era ceder ante la crisis y asumió la defensa de la libertad de expresión. El primero en dirigir la Fundación fue el inolvidable periodista Javier Darío Restrepo. Desde su visión ética del ejercicio profesional y con el apoyo de un atinado consejo directivo, sentó las bases de la organización en medio de un contexto nacional extremo. En esos años, el paramilitarismo se aglutinó en las Autodefensas Unidas de Colombia, expandió la violencia en los territorios bajo su influencia y cooptó la representación política local y regional. Desde la orilla contraria, las Farc intensificaron crueles acciones
en las Autodefensas Unidas de Colombia, expandió la violencia en los territorios bajo su influencia y cooptó la representación política local y regional. Desde la orilla contraria, las Farc intensificaron crueles acciones con innumerables víctimas, la subienda de extorsiones y secuestros, y sumó prisioneros de guerra en la perspectiva de forzar un canje de militares y policías por guerrilleros presos. El ELN sostuvo su cuota habitual de violencia y hostilidad con énfasis de control en la frontera con Venezuela. En el ámbito de las comunicaciones, el panorama se amplió con la creación de los canales privados de televisión y los avances progresivos de la tecnología, pero en el ejercicio cotidiano del periodismo sujeto cada vez más expuesto a la intimidación creciente, se hizo indispensable la intervención de la FLIP para reclamar la libertad de expresión como parte de la defensa de la vida, Durante treinta años, la F undación para la Libertad de Prensa ha caminado al lado del periodismo colombiano en sus momentos más difíciles: guerras inacabadas, procesos de paz en vilo, escándalos políticos, estallidos sociales y, más recientemente, violencias digitales. Esta crónica recorre ese trayecto —hecho de agresiones, litigios, sentencias y resistencias— para mostrar cómo, entre gobiernos, conflictos y cambios tecnológicos, la FLIP mantiene la misma convicción: defender la palabra es defender la democracia.
Por: Jorge Cardona Alzate | Intervención fotográfica: Laura Merchán Larga a lavida FLIPTreinta años
6 7
tecnológicos, la FLIP mantiene la misma convicción: defender la palabra es defender la democracia.
Por: Jorge Cardona Alzate | Intervención fotográfica: Laura Merchán Larga a lavida FLIPTreinta años 6 7 | PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN | derecho innegociable. Tareas que consolidaron a un equipo multidisciplinario que, ante el calibre de las hostilidades y la impunidad galopante, agregó a sus objetivos iniciales el litigio estratégico y la necesidad de acreditarse ante las autoridades judiciales.
Con la llegada de Álvaro Uribe a la Presidencia se impuso una política militarista de la seguridad democrática, enmarcada en la prematura declaratoria de la conmoción interior. Del forcejeo político con las Farc por el acuerdo humanitario de los tiempos de Samper y Pastrana y las imágenes de los cautivos militares, policías y políticos en las cárceles de la selva, el país pasó al balance agridulce de los rescates militares exitosos y fallidos, las pruebas de supervivencia y los términos rudos de una confrontación armada contra la insurgencia. El gobierno Uribe optó por un inédito proceso de diálogo para el desarme del paramilitarismo, cuyas verdades se devolvieron al Estado y las Fuerzas Armadas, con profundas consecuencias judiciales y políticas. En esos tiempos de intensa polarización ciudadana, fue necesario defender al periodismo ante la desinformación sesgada desde distintos frentes. La dirección de la FLIP estuvo a cargo de la abogada Juliana Cano
ciales y políticas. En esos tiempos de intensa polarización ciudadana, fue necesario defender al periodismo ante la desinformación sesgada desde distintos frentes. La dirección de la FLIP estuvo a cargo de la abogada Juliana Cano Nieto entre 2003 y 2005, y luego del abogado Carlos Cortés hasta 2009. La deliberación política y diplomática colombiana con el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela potenció el derrotero de los vacíos informativos y las estigmatizaciones. Las amenazas contra periodistas aumentaron y, entre saludos de respeto a la libertad de expresión, nunca faltó la insistencia del presidente Uribe de asociar a sus críticos a la figura de aliados del terrorismo. El panorama se complicó cuando las mayorías uribistas en el Congreso cambiaron la Constitución para permitir la reelección presidencial inmediata. Esta controversia, sumada a las revelaciones del proceso de negociación con el paramilitarismo, creó un tinglado público lesivo para la comunicación. La FLIP tuvo que incrementar su acción en un contexto de graves sobre todo en las regiones. En 1997 fueron asesinados seis periodistas por razones de su oficio, en 1998 cuatro, en 1999 seis. Cada colega silenciado mostró las intenciones de los victimarios en zonas cruciales: Santiago Rodríguez y Francisco Castro en Sucre, Amparo Jiménez y Guzmán Quintero Torres en el Cesar. El 13 de agosto de 1999 asesinaron a Jaime Garzón en Bogotá y el país quedó notificado de que ni siquiera hacer reír estaba libre de la mordaza.
el Cesar. El 13 de agosto de 1999 asesinaron a Jaime Garzón en Bogotá y el país quedó notificado de que ni siquiera hacer reír estaba libre de la mordaza. Tiempos de guerra sucia y de exilios que la FLIP trasegó mientras aprendía a defender a periodistas entre la avalancha de noticias del accidentado proceso de paz con las Farc en el gobierno de Andrés Pastrana. El síndrome de la silla vacía de Manuel Marulanda en la zona desmilitarizada de 42.000 kilómetros cuadrados en el sur del país marcó una negociación atiborrada de tensiones políticas y judiciales, con inesperadas responsabilidades al periodismo ante las visiones sesgadas de la confrontación armada. A pesar del espinoso ambiente de los diálogos y de una polarización social extrema profundizada por la violencia, el periodismo colombiano ayudó a entender las dimensiones de la revelaciones sobre la forma en que un sector del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) se volvió un fortín de las autodefensas, con responsabilidad en la comisión de graves violaciones de los derechos humanos. La desmedida reacción del gobierno Uribe contra periodistas provocó el cierre de filas del gremio. Uribe fue reelegido en 2006 y los medios no dejaron de mostrar las verdades ocultas de los escenarios enfrentados del conflicto. El acuerdo humanitario aplazado por los parlantes del Plan Patriota, y las revelaciones de la parapolítica con nuevas listas de dirigentes presos por nexos con las autodefensas. Una guerra abierta y degradada en medio de la confrontación política y judicial fue el borde
los parlantes del Plan Patriota, y las revelaciones de la parapolítica con nuevas listas de dirigentes presos por nexos con las autodefensas. Una guerra abierta y degradada en medio de la confrontación política y judicial fue el borde en el que tuvo que moverse el periodismo, entre la propaganda gubernamental y la manipulación ideológica de los contendientes. En julio de 2007, tras conocerse la muerte violenta de once diputados del Valle del Cauca a manos de las Farc, se promovió una jornada de protestas contra la insurgencia, con notable despliegue mediático. Tiempo después la marcha corrió por cuenta de las víctimas del Estado y el periodismo documentó la otra faceta de la confrontación. En ese escenario de fuego cruzado, la FLIP demostró su equilibrio para defender la libertad de expresión de unos y otros, sin que cesaran las amenazas, los hostigamientos, el acoso judicial y la violencia contra las y los periodistas. La insistencia del presidente Uribe por encuadrar como terroristas a guerrilleros y paramilitares, y de paso negar la existencia de un conflicto armado en Colombia, provocó un malentendido en el que muchos periodistas terminaron rotulados como caja de resonancia de la insurgencia. Sin reposo para las armas, 2008 marcó las definiciones centrales de la disputa entre el gobierno y la insurgencia, con muchas lecciones por aprender en el periodismo y todos sus formatos. El bombardeo al jefe guerrillero Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, la Operación Jaque que permitió al Ejército liberar a la excandidata
gobierno y la insurgencia, con muchas lecciones por aprender en el periodismo y todos sus formatos. El bombardeo al jefe guerrillero Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, la Operación Jaque que permitió al Ejército liberar a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, la extradición de catorce jefes paramilitares a los Estados Unidos o el escándalo de los falsos positivos que reveló guerra y las vías de solución desde la aplicación del Derecho Internacional Humanitario. El periodista Ignacio Gómez asumió la dirección de la Fundación cuando el proceso de paz de la era Pastrana ya iba a pique y la libertad de expresión pisaba campos minados. La discusión se estancó en las presiones por el canje de prisioneros de guerra y el paramilitarismo se erigió como una sombra impune alentada por ríos de dinero sucio. En este panorama, Estados Unidos pateó el tablero con sus fórmulas: el Plan Colombia que unió la lucha antidroga con la acción anti insurgente; y la extradición, la certificación antinarcóticos, la designación de grupos terroristas y las leyes de bloqueo económico, que modificaron el ajedrez de la confrontación. Ocho comunicadores asesinados por razones de su oficio en 2000, nueve en 2001 y once en 2002, explican por qué Colombia pasó a ocupar el segundo lugar del mundo más peligroso para ejercer el periodismo. LA SEGURIDAD COMO DISCURSO, LA PRENSA COMO BLANCO A bordo del siglo XXI, después de un primer quinquenio de difícil aprendizaje y un consejo directivo estable y visionario, la FLIP tuvo claras
LA SEGURIDAD COMO DISCURSO, LA PRENSA COMO BLANCO A bordo del siglo XXI, después de un primer quinquenio de difícil aprendizaje y un consejo directivo estable y visionario, la FLIP tuvo claras sus líneas de trabajo: la denuncia permanente de hostigamientos y agresiones contra periodistas; la asesoría a víctimas; las misiones académicas y gremiales para señalar los vacíos de la libertad de expresión; el diálogo con el Estado en busca de salvaguardas para las y los periodistas, y la garantía del acceso a la información pública como un
EN ESE ESCENARIO DE FUEGO
CRUZADO, LA FLIP DEMOSTRÓ
SU EQUILIBRIO PARA
DEFENDER LA LIBERTAD DE
EXPRESIÓN DE UNOS Y OTROS.Treinta años 8 9 | PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN | la ejecución de muchos civiles por las Fuerzas Armadas, significaron retos mayores para el periodismo que la FLIP acompañó en beneficio de la sociedad. Bajaron las cifras de los asesinatos de periodistas, pero también aumentaron las denuncias por amenazas y los hostigamientos, en un contexto de escándalo mediático por las interceptaciones telefónicas ilegales a opositores, investigadores y periodistas. En más de una ocasión la FLIP tuvo que intervenir para defender la libertad de expresión, en una pelea encendida hasta que la Corte Constitucional dijo no a un referendo para buscar un tercer mandato para el presidente Uribe. En la trastienda de esa disputa amplificada en los medios, se abrió paso la hora de las liberacioexpresión, en una pelea encendida hasta que la Corte Constitucional dijo no a un referendo para buscar un tercer mandato para el presidente Uribe. En la trastienda de esa disputa amplificada en los medios, se abrió paso la hora de las liberaciones a cuentagotas de los prisioneros de guerra de las Farc. El denominador común, la incomodidad del gobierno con el periodismo y la insistencia de la FLIP en no reprochar a los comunicadores por su derecho a acudir al lugar de las noticias. LITIGIO EN LA ANTESALA DEL ACUERDO En 2009 asumió la dirección de la FLIP el abogado y periodista Andrés Morales. Ante la continuidad de la guerra, siempre con el soporte de la cooperación internacional fue necesario aumentar la asistencia a las víctimas, fomentar la autoprotección y crear mecanismos de defensa tecnológica ante el asedio de las autoridades y los grupos ilegales. En esa renovación en todos los frentes, con aumento de corresponsales en todo el país, la Fundación asumió como prioridad el litigio estratégico, con el caso de la periodista Jineth Bedoya Lima. Secuestrada y abusada por paramilitares en 2000, como represalia a sus investigaciones en El Espectador sobre la cárcel La Modelo en Bogotá, la FLIP decidió acreditarse ante la justicia para defenderla y, junto con aliados estratégicos, seguir el expediente hasta llevarlo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Esta prioridad coincidió con el cambio de enfoque en las decisiones de Estado, bajo el gobierno presidido por Juan Manuel Santos. Primero desactivó la confrontación verbal con el presiInteramericana de Derechos Humanos. Esta prioridad coincidió con el cambio de enfoque en las decisiones de Estado, bajo el gobierno presidido por Juan Manuel Santos. Primero desactivó la confrontación verbal con el presidente de Venezuela Hugo Chávez, y después promovió una ley de víctimas que marcó una ruptura fue reelegido en 2014. En esos días de tránsito político, al interior de la FLIP tomó la dirección el abogado Pedro Vaca, quien lideró el litigio judicial del caso Jineth Bedoya. Junto con un consejo directivo laborioso le correspondió conducir la Fundación en la antesala del Acuerdo de Paz de 2016, con el vértigo aparte de un plebiscito que terminó imponiendo el No al Acuerdo de Paz. Una calle cerrada que puso al descubierto las primeras disidencias armadas y acentuó los ataques a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), recién creada para preservar los derechos de las víctimas y garantizar justicia ante los crí - menes cometidos por los actores armados. Un panorama alterado por diversos capí - tulos de corrupción con el protagonismo de los dirigentes políticos. Un tiempo de expectativas de paz, pero con tiempos atrasados y en medio de permanentes ataques a la prensa que obligaron a la FLIP a innovar en sus lí- neas de defensa, documentando en detalle el sensible incremento de los casos de agresión a periodistas, y aumentando las misiones de trabajo y capacitación a lo largo y ancho de la geografía para atenuar el impacto de las intimidaciones. Además de la prioridad en el litigio estratégico del caso Jineth Bedoya, se
a periodistas, y aumentando las misiones de trabajo y capacitación a lo largo y ancho de la geografía para atenuar el impacto de las intimidaciones. Además de la prioridad en el litigio estratégico del caso Jineth Bedoya, se incrementaron otras prácticas de acceso a la información pública, se fortaleció el diálogo con las instituciones judiciales, de gobierno y organismos de control, y se creció cualitativamente en la incorporación de las nuevas generaciones de la FLIP, dispuestas a liderar la defensa de la libertad de expresión ante el prematuro renacer de la guerra. con su antecesor, Álvaro Uribe. Ese giro coincidió con el final de una enconada controversia que tuvo en vilo a la sociedad y por supuesto al periodismo. Después de varios meses de agitación mediática, la Corte Suprema de Justicia descalificó como pruebas válidas los hallazgos en los computadores del abatido jefe guerrillero Raúl Reyes, eje de una campaña de filtración de datos con el propósito de posicionar el escándalo de la Farc política, en busca de equilibrio judicial ante la bola de nieve de la parapolítica. Esa encrucijada de poder entre antiguos aliados —Uribe y Santos— derivó en un proceso de paz con las Farc a través de una negociación política en La Habana a partir de noviembre de 2012. Como en los tiempos del Caguán, la polarización social y política volvió a protagonizar los diálogos, con dos instituciones en el primer plano: la Procuraduría en cabeza de Alejandro Ordóñez y la Fiscalía liderada por Eduardo Montealegre. Con poCaguán, la polarización social y política volvió a protagonizar los diálogos, con dos instituciones en el primer plano: la Procuraduría en cabeza de Alejandro Ordóñez y la Fiscalía liderada por Eduardo Montealegre. Con polémicas decisiones como la destitución de la congresista Piedad Córdoba o el alcalde de Bogotá Gustavo Petro desde el Ministerio Pú- blico, y las pesquisas contra el círculo uribista desde el ente investigador, entre ellas su presunto abordaje secreto al proceso de paz, cruzaron el fuego de la política y la artillería judicial, con la libertad de expresión en medio pagando los costos. En simultáneo con el desarrollo de los diálogos y sus acuerdos, el presidente Santos PROTESTA, PANDEMIA Y REDES EN LLAMAS Ante la designación de Pedro Vaca como relator para la libertad de expresión de la OEA, en 2020 asumió la dirección de la FLIP el periodista Jonathan Bock, acompañado de un consejo directivo con visión clara en los nuevos formatos tecnológicos. A través de iniciativas como la Liga contra el Silencio, la identificación de los desiertos informativos en los territorios, la implementación de metodologías digitales contra el espionaje y el acceso a los archivos de inteligencia, la FLIP entró de lleno en los tiempos de las redes sociales, con significativo aumento de sus corresponsales y colaboradores. Un año después, el litigio estratégico dio frutos y, junto a los aliados, se recibió con satisfacción la condena emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado colombiano por la impunidad del caso Jineth Bedoya.
gio estratégico dio frutos y, junto a los aliados, se recibió con satisfacción la condena emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos al Estado colombiano por la impunidad del caso Jineth Bedoya. Como en Colombia en cada ciclo gubernamental, el siguiente trajo nuevos desafíos. Durante el gobierno de Iván Duque Márquez, las empresas de comunicación y el periodismo en pleno se vieron condicionados por dos dilemas críticos. Una pandemia mundial que confinó a los colombianos en sus hogares sin acallar los fusiles de la guerra ni la interferencia verbal de los micrófonos, y dos momentos de protesta social en 2019 y 2021, con aumento desmedido en los ataques y estigmatizaciones contra periodistas. La FLIP se multiplicó en medio de los enfrentamientos para denunciar obstrucciones, decomiso de materiales y prácticas orientadas a encubrir o controlar la información, en un intento por ocultar la gravedad de los hechos del estallido social. Desafortunadamente, no faltaron en esos tiempos los periodistas asesinados por razones de su oficio. Mauricio Lezama en Arauca, Libardo Montenegro en Samaniego (Nariño), Abelardo Liz en Corinto (Cauca), Felipe Guevara en Cali, Marcos Efraín Montalvo en Tuluá (Valle), en los mismos territorios en los que la violencia se niega a desaparecer y la libertad de expresión resiste. La causa principal de los ataques y de todas las formas de censura y autocensura vigentes continuó siendo la guerra y sus nuevas facetas asociadas al narcotráfico, en una nación
se niega a desaparecer y la libertad de expresión resiste. La causa principal de los ataques y de todas las formas de censura y autocensura vigentes continuó siendo la guerra y sus nuevas facetas asociadas al narcotráfico, en una nación además acostumbrada al impacto diario de los11 PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN | Treinta años10 | PÁGINAS PARA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN escándalos judiciales amplificados en los parlantes de la política. La discusión de expedientes como el caso Odebrecht, el caso Centros Poblados o las nuevas andanzas de los desmovilizados Jesús Santrich e Iván Márquez, dejaron huellas de presiones indebidas, amenazas y ataques a la libertad de expresión. LA DEFENSA QUE NO TERMINA FRENTE AL PODER En 2022 ganó la presidencia de Colombia Gustavo Petro Urrego, muy activo en las redes sociales desde su autodefinición como “comunicador alternativo” . Con el paso de los días, de sus controvertidos comentarios en su cuenta de X, pasó a los ataques verbales y escritos contra las y los periodistas críticos de su gestión. En medio de una profunda transformación en los modelos empresariales de la comunicación y el posicionamiento de la tecnología como factor de desarrollo, esta tendencia del jefe de Estado a descalificar a la prensa tradicional u organizada terminó por generar un escenario de versiones cruzadas sin consensos. Se volvió costumbre del presidente Petro cuestionar a los medios que antaño fueron los divulgadores de sus denuncias en sus tiempos de oposición. Los mismos medios que hoy son blanco de sus ataques replicaron en otro tiempo sus
costumbre del presidente Petro cuestionar a los medios que antaño fueron los divulgadores de sus denuncias en sus tiempos de oposición. Los mismos medios que hoy son blanco de sus ataques replicaron en otro tiempo sus revelaciones como senador ante distintos escándalos. Sin embargo, en más de una ocasión la FLIP ha tenido que pedir al presidente discernimiento y comprensión de la libertad de expresión en un país como Colombia. En el año 2025 tomó la dirección de la FLIP la abogada Sofía Jaramillo, con estadísticas poco tranquilizantes. La Fundación reportó 469 agresiones a 305 periodistas en distintas regiones, asociadas al recrudecimiento del conflicto y la cobertura de temas relacionados con corrupción y gestión pública. Se registraron 192 amenazas, 26 episodios de acoso judicial a periodistas y 61 sucesos de estigmatización. Hace treinta años, la FLIP surgió para “evitar que la violencia y la impunidad acallaran la libertad de prensa” . La misión continúa y el reto de proteger a las y los periodistas sigue vigente, desde la promoción de buenas prácticas hasta la defensa de condiciones mí- nimas para el ejercicio del oficio en medio de los vaivenes de la pauta publicitaria. La FLIP surgió de las entrañas del periodismo y su asamblea cercana al centenar de colegas de todos los territorios ratifica esa condición. Es un ejemplo de resistencia ante los perfilamientos, los desplazamientos internos o los exilios forzados. A pesar de lo que imaginan los detractores, no es fácil ejercer
colegas de todos los territorios ratifica esa condición. Es un ejemplo de resistencia ante los perfilamientos, los desplazamientos internos o los exilios forzados. A pesar de lo que imaginan los detractores, no es fácil ejercer el periodismo en Colombia y es necesaria su defensa. En algunas regiones no existe una herramienta de comunicación para iniciar un proceso social de confianza y credibilidad informativa. Únicamente silencio en favor de los violentos que secuestran, matan, extorsionan o reclutan. Sin periodismo libre no hay democracia. La FLIP lo sabe y lo pregona. Pero ya pasaron treinta años y la libertad de expresión sigue bajo el fuego de los intolerantes. Por eso necesita revalidar sus compromisos y larga vida para reivindicarlos. Durante tres décadas, la FLIP ha caminado junto a periodistas, medios y comunidades para proteger la libertad de prensa en los momentos más difíciles y también en los de transformación; desde un acompañamiento que se ha extendido a familiares de quienes han sido víctimas de violencia hasta el litigio estratégico, la formación, la investigación y la defensa colectiva. Este recorrido muestra cómo se ha trabajado para que este ecosistema sea cada vez más libre para informar, cuestionar y narrar el país.
Por: Ángela María Agudelo, César Paredes Peña y Daniel Chaparro Díaz | F otografías: archivo particular 30 años def