ICBF - Cartilla resiliencia v1
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Detalles
- Título
- ICBF - Cartilla resiliencia v1
- Autor
- ICBF
- Categoría
- Infralegal
- Área del derecho
- Familia
- Año
- —
Resiliencia Instituto Colombiano de Bienestar Familiar Lina María Arbeláez Arbeláez Directora General Liliana Pulido Villamil Subdirectora General Andrea Nathalia Romero Directora de Protección Subdirectora de Restablecimiento de Derechos (E) Equipo técnico Subdirección de Restablecimiento de Derechos Cristian Camilo Delgado Cerón Paula Daniela Flechas Monroy Correción de estilo, diagramación y diseño Programa HRH2030 Cordinación editorial Ximena Ramirez Jefe Oficina Acesora de Comunicaciones ICBF Grupo imagen Corporativa Edición noviembre 2021 contenido:
1. Glosario ………...............…………………………………………………………………………………………… 5
2. Contextualización ….............…………………………………………………………………………………. 7
3. Orientaciones generales dirigidas al operador ………............………………………………… 8
4. Aproximaciones teóricas ……………………...........……………………………………………………. 9
5. Orientaciones metodológicas ……………..........…………………………………………………….. 11 5.1 Orientaciones para aplicabilidad en la atención con el niño, la niña o el adolescente ………....….....................…………………………………………………………………….. 11 5.1.1 La resiliencia en niños y niñas de 0 a 5 años (primera infancia) …...… 12 5.1.2 Resiliencia en niños y niñas de 6 a 11 años (infancia) …………...……….. 13 5.1.3 Resiliencia en personas de 12 a 17 años (adolescencia) ………...………. 13 5.2 Orientaciones para aplicabilidad en la atención con la familia ……....…….. 14
6. Propuesta lúdica ……………………..............……………………………………………………………….. 16
6.1 Actividades ………………….................……………………………………………………………………. 17 6.1.1 Familias que trascienden …………………...........………………………………………. 17 6.1.2 Cohesión y claridad familiar ……………..............……………………………………….. 18 6.1.3 Comunicándonos en familia ………..............…………………………………………….. 19
7. Bibliografía ……………………................………………………………………………………………………… 21
8. Enlaces o material de apoyo ………...........……………………………………………………………. 22
Esta publicación se realizó con el apoyo del programa HRH2030. Esta publicación es posible gracias al generoso apoyo del pueblo de Estados Unidos a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Los contenidos son responsabilidad de las instituciones que participaron en este proceso y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o el Gobierno de los Estados Unidos de América.
1. Glosario Autoconcepto: se refiere a la visión que una persona tiene de sí misma, es decir, la imagen que se ha creado de sí. No, una imagen solamente visual, sino que se trata más bien del conjunto de ideas que la persona cree que la definen a nivel consciente e inconsciente (Torres, s. f.).
Autoestima: se entiende “como el conjunto de pensamientos y sentimientos que un individuo tiene sobre su propio valor” (Rosemberg, 1985, citado por Schoeps, K., et al. 2019, p. 52). “Refleja la confianza en sí mismo” (Schoeps, K., et al. 2019, p. 52). La autoestima es propensa a los cambios internos y externos durante los cursos de vida de la niñez y, sobre todo, en la adolescencia. Una baja autoestima puede conllevar un
riesgo para la salud mental y el bienestar emocional de la persona (Schoeps, K., et al., 2019, p. 52).
Autoimagen: es “la aceptación positiva, de lo que se refleja a otros, que está basada en la apariencia personal y el cuidado que se tiene de sí mismo” (Vernieri, 2006, citado por Cifuentes, 2016, p. 7). También permite “conocer sus habilidades, capacidades como sus limitaciones, con un ambiente favorable, los medios adecuados se forma su imagen, porque es una conducta aprendida, todo ello contribuye a buen desempeño en medio ambiente” (Cifuentes, 2016, p. 8).
Autonomía: “es la capacidad del individuo para hacer elecciones, tomar decisiones y asumir las consecuencias” (Martínez-Rodríguez, s. f.).
Creatividad: “se refiere a la habilidad de combinar ideas de manera única. Álvarez (2010) considera que es una especie de imaginación que construye, y por lo tanto, requiere pensamiento divergente pero también convergente, que permite el acto de inventar, y el ingenio, la capacidad de encontrar soluciones novedosas; pero ante todo, la voluntad para cambiar y transformar la realidad existente. Entonces, la creatividad es una actitud mental y una técnica de pensamiento” (Hernández-Arteaga, Alvarado-Pérez y Luna, 2015, p. 139).
Empatía: es “la comprensión objetiva y perspicaz de los sentimientos y de la conducta de otra persona. Debe ser diferenciada de la simpatía, que generalmente es no objetiva y no crítica. Incluye lo humanitario: la demostración de una conciencia y de una
preocupación por el bien de otros” (Bioethics Thesaurus)1.
Humor: es “una forma de autoprotección, un mecanismo para afrontar los problemas cotidianos y las dificultades situacionales. Se asocia directamente con la resiliencia en tanto que permite relativizar y positivar los problemas” (Gaxiola et al., 2011; Omar et al., 2011; Palacios y Monroy, 2011; y Salgado, 2005a; citados por Ávila-Moreno y Díaz Bahamón, 2020, p. 143). 1 Traducción libre.
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Resiliencia: es “un proceso dinámico de adaptaciones positivas dentro un contexto de significativa adversidad” (Luthar et al. 2000, Rutter, 2007, citados por Gómez y Kotliarenco, 2010, p. 108). La resiliencia “no se limita a la recuperación o continuidad del equilibrio previo tras la crisis, sino que apuesta por la transformación y crecimiento2.
En esta medida la resiliencia es la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad” (Cyrulnik, 2003, citado por Gómez y Kotliarenco, 2010, p. 108).
Resiliencia familiar: se refiere al “conjunto de procesos de reorganización de significados y comportamientos que activa una familia sometida a estrés, para recuperar y mantener niveles óptimos de funcionamiento y bienestar, [para] equilibrar sus recursos y necesidades familiares (Gómez y Kotliarenco, 2010, p. 124). 2 El resaltado forma parte del texto original.
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2. Contextualización Generar resiliencia en niños, niñas y adolescentes, y sus familias exhorta a identificar, comprender y dimensionar cómo son las diversas dinámicas en situaciones de vulneración de derechos a las que pueden verse expuestos. Esto, en el marco de que los niños, las niñas y los adolescentes son sujetos de derechos. Por lo tanto, “se les debe proveer de las condiciones necesarias para su desarrollo […]. Se les debe proteger ante cualquier situación que ponga en peligro su dignidad o su integridad física o psicológica” (Unicef, 2015, p. 9).
En ese orden de ideas, y entendiendo la resiliencia como un proceso dinámico que se desarrolla en un marco ecológico y cultural, es posible que la resiliencia sea la capacidad de seres humanos para afrontar de manera exitosa diversos desafíos. Entonces, se asocia con niveles mayores de bienestar psicológico y de salud mental, y, a su vez, con la capacidad de manejo del estrés y desarrollo, a pesar de transcurrir experiencias desfavorables o adversas (Reyes-Sánchez, et al, 2020, p. 5). Es de resaltar que, “tanto a nivel individual como familiar, el concepto resiliencia se entiende como una fuerza que se opone a la devastación potencial de la adversidad: no es posible hablar de resiliencia en ausencia de condiciones adversas con alta probabilidad de generar resultados negativos en una persona o grupo” (Luthar et al., 2020; Masten y Obradovic, 2006, citados por (Gómez y Kotliarenco, 2010, p. 108). Así las cosas, y en el marco del paradigma de la protección integral (que permite
proveer, proteger y garantizar participación a los niños, las niñas y los adolescentes), es vital tener en cuenta varios enfoques: su curso de vida, su género, su interculturalidad, la equidad y la inclusión. Entonces, si se entiende la resiliencia (individual o familiar) como un proceso, se busca potenciar en niños, niñas y adolescentes su autonomía, su creatividad, su autoestima, su empatía y su humor. Con ello, se les garantiza y se les impulsa la participación como agentes de cambio. Es decir, se los motiva a que deben ser tenidos en cuenta durante y después del impacto de un evento que les haya causado algún daño. Así mismo, hay que entender resiliencia como la capacidad de identificar oportunidades y posibilidades donde otras personas que pueden pasar por la misma situación no las ven. Por lo que se busca identificar soluciones ante situaciones críticas y adversas convirtiéndolas en oportunidades de transformación y triunfo. Es de resaltar que la resiliencia tiene factores vitales para su desarrollo, como son la personalidad y las experiencias vividas. Hay que entender estas últimas como oportunidades de gestión de los recursos del ambiente para el bien personal o, por el contrario, para el deterioro de su bienestar y desarrollo personal. 7 Desarrollar la resiliencia es un proceso personal. Por esta razón, el papel del padre, la madre o el cuidador como guía para este proceso debe basarse en conocer al niño, la niña o el adolescente. Es importante que el padre, la madre o el cuidador recuerden que cada persona aprende, siente y reacciona diferente ante las diversas situaciones de la vida. Esto evitará suponer que adultos, niños y adolescentes responden de la misma manera ante determinadas situaciones (Gómez y Kotliarenco, 2010).
3. Orientaciones generales dirigidas al operador Teniendo en cuenta que la resiliencia es la capacidad universal de una persona, grupo o comunidad para enfrentar, superar e incluso ser transformado por la adversidad
(Grotberg, 1995, p. 12)3, y que esta no es “una coraza personal de protección, sino […] un engranaje personal y ecosistémico que permite encontrar oportunidades donde podría darse el estancamiento o deterioro” (Gómez y Kotliarenco, 2010, p. 105)4, la resiliencia resulta ser un proceso dinámico y cambiante, que requiere adaptación para su fortalecimiento. Dentro de las actuaciones psicosociales desarrolladas para el fortalecimiento de la resiliencia, se sugiere considerar: • La situación de amenaza y/o vulneración de derechos a la que se vio expuesto el niño, la niña o adolescente; • El reconocimiento de que el niño, la niña o el adolescente es un agente de transformación de su experiencia y, no es víctima ni un objeto pasivo que requiere asistencia social; y • El fomento de habilidades que permitan el afrontamiento de la situación de manera adaptativa. Ya que la resiliencia es un proceso, se hace necesario crear e implementar estrategias que fortalezcan la autoestima, la empatía, la autonomía, el humor y la creatividad de los niños, las niñas, los adolescentes y su familia. Los efectos de este fortalecimiento pueden apreciarse en el Figura 1. 3 “What is resilience? There are many accounts of children and adults facing and overcoming adversities in their lives in spite of the fact that their circumstances suggested they would be overcome by the adversities”. 4 El resaltado forma parte del original. 8 Figura 1: Beneficios del fortalecimiento de la autoestima, la empatía, la autonomía, el
humor y la creatividad El niño, la niña o el adolescente puede conectar con los pensamientos, necesidades, Al acfivar este mecanismo de emociones y senfimientos de autoprotección, el niño, la las demás personas. Además, niña o el adolescente puede puede debilitar sus prejuicios y, afrontar los problemas escuchar sin censura y cofidianos y las dificultades preocupándose por el situacionales de una manera bienestar de quienes lo rodean. relafiva y posifiva. Autoesfima Empafia Autonomía Humor Creafividad Al obtener una El niño, la niña o el El niño, la niña o el valoración posifiva de adolescente tendrá la adolescente puede sí mismo, el niño, la habilidad de hacer sus entrenar hábitos, rufinas niña o el adolescente propias elecciones, tomar y costumbres; inventar e confia en sus recursos decisiones y imaginar nuevas internos y los usa para responsabilizarse de las estrategias; desarrollar enfrentar las consecuencias. su curiosidad, y adversidades. fortalecer su originalidad y su parficularidad.
Fuente: Elaboración propia a partir de Gómez y Kotliarenco (2010).
4. Aproximaciones teóricas En el crecimiento de cualquier ser humano, lo único constante es el cambio, y, con este, la vulnerabilidad es transversal. Son muchos los peligros y las dificultades en cada etapa del curso de vida; sobre todo, en la niñez y la adolescencia, pues son ciclos vitales en los que se presentan en mayor escala estos cambios. Como es un periodo
de construcción y crecimiento a nivel físico y mental, y hay falta de experiencia, los niños, las niñas y los adolescentes son novatos (inexpertos) frente a situaciones que a los adultos les resultan más sencillas (Gómez y Kotliarenco, 2010). Para los niños, las niñas y los adolescentes que están expuestos directamente a diversas situaciones de vulnerabilidad social (como la pobreza, la pobreza extrema, la carencia afectiva, la fragilidad de los vínculos relacionales, la exposición a consumo de sustancias psicoactivas y/o a bandas delincuenciales, el abandono y la negligencia parental, la violencia –física, psicológica o sexual–, o las omisiones o la negligencia), es relevante establecer vínculos afectivos estrechos con un referente, ya sea familiar o social, que garantice protección y cuidado especial, que les dé las condiciones necesarias para convertirse en sujetos autónomos de la sociedad (Gómez y Kotliarenco, 2010). Se tiende a pensar que los niños, las niñas y los adolescentes no suelen afrontar situaciones problemáticas, que la etapa del curso de vida no ofrece por sí misma una protección ante daños y traumas por diferentes eventos, como las derivadas de 9 situaciones de vulneración de derechos. Así mismo, se supone una incertidumbre por los cambios propios del crecimiento físico y mental. Por esto, es importante fortalecer las aptitudes para afrontar los diversos eventos vitales; esto es, desarrollar y fortalecer la resiliencia. Como se ha señalado, la resiliencia se entiende como la capacidad para afrontar con éxito las adversidades, los traumas, las tragedias que pueden generar estrés,
sentimientos de ansiedad o incertidumbre; sin embargo, es de resaltar que, aunque los niños, las niñas y los adolescentes sean resilientes, no significa que no experimentan malestar emocional (como dolor, miedo, tristeza o angustia). Este malestar emocional es muy común cuando se viven situaciones de alto impacto o al conocer el malestar de personas cercanas con las que se tiene alguna relación familiar o de amistad (Asociación Americana de Psicología, 2010). Así las cosas, la resiliencia propicia la adaptación positiva en contextos de adversidad significativa y permite resultados funcionales en el desarrollo, entendiendo que se darán interacciones entre factores de riesgo y factores protectores que están presentes en niños, niñas y adolescentes, como en el ámbito social en el que se desenvuelven. Esto permitirá superar el trauma y la adversidad de forma constructiva. Entonces, se comprende la resiliencia como un proceso que involucra experiencias y trayectorias individuales en constante interacción con el entorno, y estas varían según el curso de vida. En este punto, hay que aclarar que la resiliencia no es una capacidad innata. Si se ve de esta manera, no se tendría en cuenta el valor de la interacción con los factores contextuales ni las influencias ambientales y sociales. La resiliencia abarca tres niveles principales: a) Atributos del propio individuo; b) Aspectos familiares; y c) Características de los entornos sociales más amplios (individual, familiar y social). Identificar estos tres niveles posibilita definir en cada uno cómo actúan e interactúan los factores de riesgo y los factores protectores. Esto permite, a su vez, idear e
implementar estrategias de intervención más efectivas según el nivel en el que se esté interviniendo. En el caso de niños, niñas y adolescentes, se entiende “factores protectores” como las expectativas realistas de lo que pueden lograr según sus talentos, capacidades y recursos. A nivel familiar, se trata de las prácticas de crianza que reconocen sus logros, junto con el reconocimiento positivo de las capacidades del niño, la niña o el adolescente, y los diálogos abiertos que permiten la expresión emocional. A nivel social, se refiere a las conexiones y redes de apoyo que minimizan el impacto de los factores de riesgo existentes. 10
5. Orientaciones metodológicas 5.1 Orientaciones para aplicabilidad en la atención con el niño, la niña o el adolescente Todas las personas pueden desarrollar la resiliencia y brindar herramientas para que los niños, las niñas y los adolescentes la desarrollen. “Implica conductas, pensamientos y acciones que pueden aprenderse con el paso del tiempo” (Asociación Americana de Psicología, 2010).
La Asociación Americana de Psicología (2010), recomienda las siguientes acciones para desarrollar la resiliencia: Establecer relaciones basadas en el respeto y la confianza: es adecuado enseñar mediante encuentros o prácticas vivenciales a los niños, las niñas y los adolescentes cómo establecer relaciones con otras personas (por ejemplo, de amistad) basadas en el respeto y la confianza, y resaltando la capacidad de sentir empatía hacia lo que puedan sentir las demás personas. Para lograrlo, es importante animar al padre, la madre o el cuidador a entablar relaciones basadas en la confianza y el respeto con
los niños, las niñas y los adolescentes. Así, los niños, las niñas y los adolescentes entablarán, a su vez, relaciones interpersonales positivas. Actividad sugerida: juegos de rol, sociodramas. Promover una conducta colaboradora: el apoyar en diferentes situaciones según las diversas potencialidades del niño, la niña o el adolescente, se les permite superar la sensación de impotencia o inacción. Es necesario animarlos a realizar acciones voluntarias y/o propiciar su participación mediante la realización de acciones que puedan desarrollar de acuerdo con su curso de vida.
Mantener rutinas diarias: establecer y mantener rutinas diarias puede ser reconfortante para el niño, la niña o el adolescente, en especial, desde la primera infancia. Por esto, se sugiere animarlos a establecer sus propias rutinas diarias.
Actividad sugerida: realización de cronograma.
Tomar descansos: ante las rutinas propias del niño, la niña o el adolescente, no tener pausas puede ocasionar poca motivación para seguirlas; por esto, es importante que, al identificar sentimientos de preocupación, se implementen estrategias para motivar y enfocar la concentración en algo distinto. Actividad sugerida: actividades que potencien la creatividad.
Enseñar a niños, niñas y adolescentes a cuidar de sí: desde el ejemplo de darse el tiempo para comer, hacer ejercicio y descansar, el niño, la niña o el adolescente entenderá la importancia de realizar actividades diarias que aporten a su bienestar. Asegurarse de que el niño, la niña o el adolescente tenga tiempo para divertirse aportará al equilibrio y le dará la oportunidad de enfrentar los momentos estresantes de manera adecuada.
11 Cultivar autoesquemas positivos (autoestima, autoconcepto, autoimagen): en los momentos de dificultad, es importante que el niño, la niña o el adolescente recuerde aquellas situaciones en las que logró afrontar la adversidad de manera adecuada. Esto lo motivará a generar procesos propios que aumenten la sensación de confianza en sí mismo. También es clave enseñarle a tomar la vida con humor y desarrollar la capacidad de reírse de sí mismo. Mantener una perspectiva y actitud positiva: incluso si el niño, la niña o el adolescente está pasando por un evento doloroso, hay que propiciar reflexiones que permitan ver la situación en un contexto más amplio y con una visión a largo plazo, es decir, más allá de la situación actual. Para ello, hay que señalar que las situaciones son pasajeras (están sujetas al cambio) y que no son permanentes. Esto posibilitará la generación de actitudes positivas para afrontar la adversidad. Buscar oportunidades para el autodescubrimiento: en situaciones complejas, el niño, la niña o el adolescente aprende de sí mismo con facilidad. Apoyarlo a identificar las emociones y las sensaciones generadas por la situación le brindará herramientas para su autodescubrimiento. Actividad sugerida: reconocimiento de las emociones, reflexión en torno a la película Intensa-mente (Diney-Pixar), realización de semanario de emociones. Aceptar el cambio como parte de la vida: ninguna persona está preparada para el cambio, tenga la edad que tenga. Esta característica también es propia de los niños, las niñas y los adolescentes. Es importante, entonces, que, a partir de explicaciones sencillas, se les (de)muestre que la vida está llena de cambios y que estos posibilitan
establecer de nuevas metas. Actividad sugerida: cartografía social (mapas de pasado, presente y futuro), realización de líneas de tiempo. 5.1.1. La resiliencia en niños y niñas de 0 a 5 años (primera infancia) Para los niños y niños de primera infancia no es fácil expresar sus emociones o sentimientos, más cuando se trata de la ansiedad o el temor. Sin embargo, los niños y las niñas menores de cinco años pueden asimilar y entender los sucesos que ven o escuchan. Por esto, es clave observar los comportamientos y las actitudes de los niños y las niñas, y enfocarse en las que expresan miedo o ansiedad. He aquí algunas actitudes o acciones que pueden ser señales de que el niño o la niña menor de cinco años siente la presión de lo que ocurre a su alrededor o es incapaz de hablar de lo que le está ocurriendo o de lo que está sintiendo: • El niño o la niña necesita más abrazos o besos de lo habitual. • El niño o la niña deja de controlar esfínteres en su cama (empieza a orinarse en la noche). • El niño o la niña empieza a chuparse el dedo o a adoptar conductas que había dejado hace tiempo. 12 5.1.2. Resiliencia en niños y niñas de 6 a 11 años (infancia) Al empezar a socializar en entornos con sus pares, los niños y las niñas de 6 a 11 años pueden verse ante situaciones desconocidas. Por esto, buscan en los maestros, la madre, el padre o el cuidador un referente para que los ayude a entender ese nuevo
orden social. De ahí, la importancia de que los niños y las niñas se sientan seguros en su entorno, y esto se logra a partir del diálogo cotidiano basado en preguntas sencillas sobre lo que este nuevo entorno causa a nivel emocional. Además de las preguntas, hay que validar lo expresado por el niño o la niña, y las respuestas deben ser francas, simples y tranquilizadoras, buscando que no ocasionen más dudas. A continuación, se presentan algunas oraciones que le proporcionarán al niño o la niña seguridad, les recordarán que el cambio es bueno y les darán herramientas para afrontar de manera positiva lo que pasa en entornos nuevos: • Te ayudaré. • No está mal que te sientas asustado. • ¿Recuerdas que te sentiste asustado al conocer a nuevas personas, pero que, al compartir con ellas, te sentiste más tranquilo? 5.1.3. Resiliencia en personas de 12 a 17 años (adolescencia) Para reforzar la empatía en los adolescentes, es necesario mostrarles cómo todas las personas (incluso, ellos mismos) sienten emociones y que estas son diversas. También es importante que comprendan que está bien expresar las emociones y los sentimientos, y no perder de vista la verdadera dimensión de las cosas. Permitir la expresión emocional tal cual como los adolescentes lo hacen en el momento facilitará realizar una gestión de sus emociones y sentimientos de manera adecuada. Al pasar por situaciones de alto impacto que causan estrés o malestar emocional, es importante no solo permitir la expresión de estas emociones, sino también, al validarlas, se dará el apoyo y la seguridad necesarios para lograr la
estabilidad deseada. Es de resaltar que, durante la adolescencia, las emociones y los sentimientos pueden sentirse en mayor proporción o con más intensidad, en comparación con una persona adulta. Además, las emociones o lo sentimientos pueden ser volátiles y/o superficiales, lo que puede dificultar para la persona cuidadora identificar de manera clara qué es lo que está sintiendo el adolescente en ese momento. De ahí, la importancia de entablar diálogos comprensivos, que permitan la expresión emocional y, que validen las emociones y los sentimientos. Para lograr este acercamiento, se sugiere: • Aprovechar los espacios cotidianos para motivar el diálogo, así parezca que el adolescente no lo desea. 13 • Realizar preguntas sencillas y en un tono tranquilo buscando que el adolescente dé su opinión sobre la situación. • Evitar criticar o juzgar al adolescente; así, se sentirá seguro, en un espacio libre y lleno de posibilidades de aprendizajes. 5.2 Orientaciones para aplicabilidad en la atención con la familia Entendiendo que la resiliencia es un proceso que permite afrontar diversos eventos cotidianos desde la activación de recursos propios y el fortalecimiento de factores protectores, y que no se da exclusivamente a nivel individual, sino que puede contextualizarse a nivel familiar y/o comunitario, hay que fortalecer la resiliencia también a un nivel familiar. Vale la pena destacar en este punto que la familia es el primer entorno socializador y que facilita el desarrollo tanto del niño, la niña o el adolescente, como de la resiliencia misma. La resiliencia familiar se entiende, entonces, como el conjunto de “procesos de
reorganización de significados y comportamientos, y los procesos de superación y adaptación, que tienen lugar en la familia como unidad funcional” (Jiménez-Picón, Velasco-Sánchez y Romero-Martín, 2019). Con ella se busca moderar el estrés, afrontar las adversidades y las crisis, y recuperar y mantener los niveles adecuados de funcionamiento y bienestar. Todo, equilibrando los recursos y las necesidades familiares para que la familia salga transformada y fortalecida de dichos eventos. Según Froma Walsh (citada por Torrents, s. f.), la resiliencia familiar puede verse desde dos perspectivas: (i) la ecológica, entendiendo que la situación-problema es fruto de la interacción entre la familia y su entorno (social, comunitario o servicios del estado), y (ii) desde el desarrollo, ya que las capacidades de superación y afrontamiento varían a lo largo del tiempo. Ahora bien, en la búsqueda de los cambios de crecimiento familiar, resultaría poco ético asumir una postura ingenua de pensamiento positivo, ya que es indispensable entender el nivel de afectación que causó el daño a la familia, y, desde una profunda empatía, hay que tener en cuenta el sufrimiento vivido. Tampoco hay que descartar las dinámicas en las que convergen los factores de riesgo ni los factores de vulnerabilidad que causan las situaciones de crisis, pues desencadenan dolor, traumas relacionales y carencias agobiantes. Por esto, debe avanzarse en la identificación de los puntos fuertes y los procesos protectores, es decir, los resortes relacionales hacia la superación y transformación. Se sugiere, entonces, que los procesos de acompañamiento psicosocial tengan
su origen en una intervención multisistémica que, a partir de las narrativas de la familia, pueda identificarse el sistema de creencias para que el esfuerzo se centre en reorganizar el relato de vida. Lo anterior, a partir de tres procesos clave para la construcción de la resiliencia familiar: el sistema de creencias, los patrones de organización y los procesos comunicativos (ver Figura 2). 14 Figura 2: Intervención multisistémica de los procesos de acompañamiento psicosocial Sistema de creencias Le da a la familia un senfido de lo que está ocurriendo.
Trabajar las creencias implica: dar senfido a la Patrones de adversidad, generar una mirada posifiva y, contar con organización la trascendencia y la espiritualidad.
Resilencia familiar Busca que la familia sea flexible, abierta al cambio, estable en medio de la crisis y líder fuerte. También, que tenga un sistema de igualdad parental, muestre apfitud para el cambio y, cuente con los recursos sociales y económicos (seguridad económica y movilización de Permite la expresión abierta de redes sociales.) las emociones, la clarificación de situaciones ambiguas, las respuestas empáficas y la colaboración como método para resolver problemas. Promueve los aspectos que cambian un modo de reaccionar crífico ante Procesos la adversidad por una postura comunicafivos posifiva hacia el futuro.
Fuente: Elaboración propia basada en información de Torrents (s. f.) De acuerdo con los procesos del sistema de creencias, los patrones de organización y los procesos comunicativos, se sugiere que las acciones psicosociales se centren
en los procesos, componentes y caminos descritos en la Figura 3. 15 Figura 3: Acciones psicosociales basadas en procesos, componentes y caminos Proceso Componente Caminos posibles Dar senfido a la adversidad Ver la crisis como desafio comparfido Perspecfiva posifiva y esperanza Focalizar fortalezas, dominar lo posible Sistema de Trascendencia y espiritualidad Aprender y crecer creencias Flexibilidad, cambio, estabilidad Recuperarse, reorganizarse Conexión, cohesión Apoyo mutuo, respeto, reconciliación Recursos sociales Movilizar redes, lograr seguridad Patrones de organización Claridad Buscar coherencia entre palabras y acciones Expresión sincera y empafia Evitar acusaciones, comparfir experiencias Procesos Resolución colaborafiva de problemas Medidas concretas, ir paso a paso, prevenir comunicafivos Fuente: Elaboración propia basada en Gómez y Kotliarenco (2010).
6. Propuesta lúdica A continuación, se sugieren actividades para el desarrollo de las sesiones. Estas se basan en los objetivos, los componentes y los caminos posibles propuestos por Gómez y Kotliarenco (2010).
Objetivo general: potenciar las habilidades familiares para afrontar las adversidades y las crisis, moderar el estrés, recuperar y mantener niveles adecuados de funcionamiento y bienestar, y equilibrar los recursos y las necesidades familiares, para que la familia salga trans
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