ICBF - Ficha practica 6- vivir el territorio v1 0
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Detalles
- Título
- ICBF - Ficha practica 6- vivir el territorio v1 0
- Autor
- ICBF
- Categoría
- Infralegal
- Área del derecho
- Familia
- Año
- —
Práctica 6 Vivir el territorio 6.1 La familia reconoce los 6.2 Las niñas y los niños recorren, territorios que habitan y su exploran y disfrutan los territorios que influencia en el desarrollo infantil habitan y favorecen el desarrollo infantil con el apoyo de sus familias 6.3 Las niñas y los niños construyen 6.4 Los y las cuidadores principales relaciones de cuidado con sus territorios promueven la incidencia de las niñas y con el apoyo de sus familias los niños en los territorios que habitan. Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ La construcción de esta ficha técnica pasó por un proceso colectivo de reflexión, discusión y reconocimiento de las potencialidades de una mirada apreciativa sobre los territorios que habitan las niñas, los niños y mujeres gestantes. En este proceso fueron varias las personas que aportaron sus ideas, propuestas, conexiones e investigaciones; por eso queremos hacerles un reconocimiento, en especial a nuestro compañero Carlos Mauricio Cruz Giraldo, quien desde su idea poderosa de los territorios bioculturales y su amor por el trabajo en territorio nos permitió encontrar el camino para consolidar la práctica de Vivir el territorio. Página | 2 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ ¿Por qué esta práctica es importante para el desarrollo de las niñas y los niños en la primera infancia?: Cuando hablamos de territorio nos referimos a las múltiples relaciones que tejemos entre seres humanos, otros seres y espacios que habitamos cotidianamente. Esas relaciones se tejen en el diálogo entre la diversidad biocultural, que se refiere a la transformación paralela
de la diversidad biológica y la diversidad cultural y la adaptación continua entre ambas, ello incluye las características físicas, el relieve, la organización comunitaria, política, económica, espiritual, las experiencias corporales y varios aspectos que surgen de las formas como habitamos los territorios. En este sentido, afirmar que las niñas y los niños viven y habitan sus territorios desde su gestación, es declarar que ocupan, transitan, se mueven, se apropian de los espacios y ámbitos físicos, sociales, culturales, espirituales y comunitarios, de manera activa. Y que, en medio de ellos, se desarrollan, se expresan, aprenden, construyen su identidad, relaciones consigo mismo, con otros (humanos y no humanos), como protagonistas y no sujetos pasivos, inciden en el mismo territorio. El primer territorio que habitan las niñas y los niños es el vientre materno y su propio cuerpo, un territorio compartido con las mujeres gestantes, de allí, que sea fundamental reconocer las formas de interacción que construyen tanto mujeres gestantes como los seres en formación con sus cuerpos. Vivir y habitar el territorio desde la primera infancia influye directamente en el proceso de desarrollo integral y aprendizaje de las niñas y los niños, y el bienestar de las mujeres gestantes, lo que se ve reflejado en: La construcción de identidad de niñas, niños y mujeres gestantes permitiéndoles reconocerse como parte de una comunidad y de su territorio. La ampliación de las posibilidades de movimiento autónomo desde la experiencia corporal cotidiana de niñas, niños y mujeres gestantes y en la posibilidad de moverse por distintos espacios de los territorios de forma libre y tranquila.
La construcción por parte de niñas y niños de la concepción del espacio y su relación con éste al realizar operaciones que les permiten calcular tamaños, distancias, reconocer particularidades, características comunes y provocar trasformaciones. La construcción de autonomía de las niñas y los niños al estar presentes y habitar de manera independiente a partir de sus propias elecciones y propuestas los diversos espacios del territorio. La construcción por parte de niñas y niños de preguntas, hipótesis e inferencias desde las experiencias sensoriales que pueden vivir al habitar sus territorios. Las niñas, los niños y las mujeres gestantes son protagonistas y sujetos activos en el territorio, por lo cual habitar y vivir el territorio no hace referencia solo al estar allí presente de forma física, hace referencia a la construcción permanente de interacciones con otros Página | 3 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ seres, con el espacio, con la cultura, con la sociedad, con lo comunitario y en este sentido al tejer estos vínculos, el territorio mismo se ve transformado por la incidencia de las niñas, los niños y mujeres gestantes en él. Por ejemplo, las celebraciones, eventos, rituales en las que están presentes las niñas y los niños deben ser concebidos por la comunidad de manera que permitan su participación genuina y sus formas de expresión; los mismos espacios físicos de los territorios se ven transformados al ser pensados y concebidos desde la mirada de las niñas y los niños, la cultura y la sociedad de los territorios es transformada por el habitar de ellas y ellos. Este protagonismo de las niñas y los niños que ha sido históricamente invisibilizado, convoca a que los adultos de las familias y comunidades asuman el rol de promover y permitir su
genuina participación, por medio del reconocimiento de sus diversas formas de expresión, de la escucha atenta y real a sus voces, opiniones, gustos, necesidades y las formas cómo habitan los territorios. Apropiando y fortaleciendo la experiencia mediadora que cumplen desde la gestación en las formas como niñas y niños viven sus territorios. De otro lado, es importante resaltar que vivir el territorio implica reconocer las formas desiguales en que las mujeres en gestación y las niñas pueden habitarlo, para resignificar las mismas y ampliar sus oportunidades de desarrollo y bienestar en las relaciones que construyen cotidianamente. Ahora bien, comprender la práctica de vivir el territorio y los vínculos que allí se generan, implica desarrollar una conciencia sensible del entorno que se entrelaza con conocimientos y saberes tradicionales que han permitido que generación tras generación se construyan relaciones de cuidado mutuo entre los sujetos y los territorios. El cuidado mutuo es una oportunidad para sostener la vida en su diversidad, es decir, construir relaciones de empatía desde el reconocimiento de los otros seres (humanos y no humanos) que habitan un mismo territorio, lo que incluye la capacidad de arraigo y de convivencia equilibrada con otros seres. Preguntas e inquietudes más frecuentes sobre esta práctica: PREGUNTA RESPUESTA Cuidar el territorio implica reconocer que hacemos parte de éste y que la vida en sus distintas manifestaciones es sagrada, por lo tanto, desde su gestación se puede construir un vínculo entre niñas, niños y los territorios que habitan y ¿Cómo las los de origen, que puede estar definido por:
niñas y los Disfrutar de los territorios en el marco del respeto, a través de experiencias niños pueden donde se permita a las niñas y los niños desde su gestación la exploración de bosques, cultivos, quebradas, montañas, fuentes de abastecimiento de cuidar su agua, parques, calles, museos, etc., reconociendo la vida y las formas como territorio? podemos protegerla. Por ejemplo, mediante recorridos donde los adultos acompañen y protejan a las niñas y los niños, mientras les comparten sus historias locales y les transmiten saberes de relación con los ciclos naturales, plantas, animales, agua, etc., y como estos impactan la vida cotidiana de las familias que habitan su territorio y como las acciones de los Página | 4 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ humanos impactan los territorios ya sea para su protección o para su deterioro. En este sentido es importante orientar a las familias para que promuevan el disfrute de las niñas y los niños de experiencias de interacción con el territorio que habitan, que respondan a sus preguntas y que promuevan en ellas y ellos la valoración y protección de su territorio. El amor por los territorios, que pasa por valorar las relaciones que se pueden dar entre seres humanos y no humanos, los espacios, formas de organización, etc., y desde allí fortalecer las raíces con los territorios donde nacen niñas y niños, incluso cuando estas raíces se vean afectadas por situaciones como el desplazamiento forzado y la migración. Es importante que como adultos acompañemos a las niñas y los niños a reconocer y valorar permanentemente la riqueza cultural y natural de nuestros territorios y compartamos permanentemente con ellas y ellos, aquellos aspectos que
nos identifican, nos hacen únicos y son propios de los lugares que habitamos y de nuestra cultura y creencias, y la forma cómo estos factores los acompañan cuando cambian de territorio (ya sea de forma voluntaria o forzada). También es necesario evitar comparar la ruralidad con las ciudades especialmente cuando se usan premisas en las que se afirma que todo es mejor en lo urbano. El amor por los territorios, también pasa por el reconocimiento de las concepciones, cosmogonías y cosmovisiones con las que las comunidades étnicas históricamente se han relacionado con sus territorios, donde incluso consideran a seres naturales como parte fundamental de su familia (en algunas comunidades). Reconocer estas cosmovisiones acerca de la relación con los territorios y valorarlas desde la primera infancia permite que las niñas y los niños construyan una relación estrecha con el territorio. Por ello, valorar estos saberes es otro camino para que niñas y niños puedan definir sus propias formas de cuidar los territorios. Permitir que las niñas y los niños compartan con sus adultos y cuidadores las labores de la vida cotidiana rural, es darles la oportunidad de descubrir y entender el mundo que les rodea, así como reconocer las formas de trabajo colectivo en las actividades productivas y comunitarias propias de su territorio y su cultura. Esto les ofrece la oportunidad de explorar, tocar, oler, observar y ¿Está bien escuchar los sonidos que caracterizan esos lugares; poder preguntar por todo que las niñas lo que se encuentra en este espacio, para así permitirles desde su propia y los niños experiencia, apropiarse de la realidad de la que hacen parte. participen de las labores Llevar a las niñas y los niños a las labores del campo, significa interactuar en
rurales o del otro ambiente que también es propio y que tiene otras oportunidades de juegos campo? y retos que les permitirán experiencias contextualizadas, a partir por ejemplo, de las siembras de plantas medicinales y alimentos vegetales, las cosechas, las pescas, entre otras tareas que marcan la identidad de su cultura y que encierran en sí mismo una serie de vivencias que les permiten a niñas y niños participar de las dinámicas propias de la comunidad y desarrollar el sentido de pertenencia. Para ello, es importante siempre tener en cuenta el cuidado y Página | 5 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ seguridad permanente de las niñas y los niños cuando salen con sus cuidadores y cuidadoras a las labores del campo. El rol de las niñas y los niños cuando acompañan las labores del campo no debe ser el de ejercer un trabajo impuesto o forzado; de allí, que sea indispensable revisar cuáles labores pueden acompañar y cuáles no, porque se pone en riesgo su seguridad y bienestar. Promover la interacción de la niña o el niño con el territorio en que habita desde edades tempranas favorece no solamente el reconocimiento y exploración del entorno, también le permite reconocer su lugar de ubicación. En este sentido los recorridos constantes que los adultos puedan propiciar, donde acompañen a las niñas y los niños a conocer el territorio, son fundamentales para que ellas y ellos reconozcan caminos y lugares claves que les permitan ubicarse. Leer las señales de ubicación de su territorio y los lugares comunes, así como disfrutar del mismo permitirá una noción espacial básica que se ve enriquecida por la manera como con la familia pueden aprender rutas, marcas, señales que le permitan a la niña o el niño identificar su lugar de vivienda.
¿Puede mi hijo Para ello se puede vivir experiencias que les permitan a las niñas y los niños o hija andar reconocer el recorrido o camino al lugar donde habitan o a algún lugar de sola por el referencia, los adultos pueden invitar a las niñas y niños a realizar los recorridos territorio? mientras juegan con rimas, canciones o retahílas en las que se nombran o identifican lugares claves que sirven cómo referencia para “armar” el recorrido o camino, ejemplo: “piedra roja, casa de doña Magola, curva y MI CASA.”. también pueden “marcar” lugares claves en el recorrido con trozos de tela o ramas, que permita identificarlos. Los recorridos de las niñas y los niños solos por el territorio nunca deben poner en riesgo su seguridad y bienestar, de allí, que sea fundamental que los adultos reconozcan aquellos espacios del territorio que pueden ser explorados de manera segura sin compañía alguna, para permitir la experiencia. Las leyendas e historias hacen parte de las tradiciones orales de las diferentes ¿Puedo culturas, por ello, favorecer espacios que permitan el contacto de las niñas y los contarle a las niños desde su gestación con la tradición oral es fundamental para su construcción de identidad, y para el reconocimiento de las tradiciones y cultura niñas y los a la cual pertenecen. niños leyendas e Es importante que los adultos que acompañan a las niñas y los niños compartan historias de las historias propias de su cultura y territorio, y relatos que les permitan nuestra mantener la memoria viva de su comunidad, de acuerdo con aquellas comunidad y situaciones, personajes, lugares, costumbres, tradiciones, paisaje, etc., que han
territorio? marcado la vida comunitaria. Página | 6 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ De igual manera es importante que se comparta con las niñas y niños cantos, arrullos, nanas, retahílas, tradiciones orales propias del territorio que hacen parte del mundo de la literatura que se puede disfrutar desde la primera infancia. Ha de precisarse que el relato de los mitos y las leyendas debe realizarse desde la valoración y reconocimiento cultural, sin la intención de crear miedos o utilizarlas para condicionar los comportamientos de las niñas y los niños (“Pórtate bien o te lleva el coco”, “Si no lo haces viene la llorona por ti”), que puedan alterar su estado emocional o crear conflictos con sus sentimientos o pensamientos e historias. Es importante que como comunidades y familias se revisen las formas de participación de las niñas y los niños de primera infancia en las fiestas y tradiciones que definen la identidad de la comunidad a la que pertenecen. En ocasiones se entiende que respetar las fiestas y tradiciones por parte de niñas y niños es actuar como lo hacen los adultos, limitando sus formas de participación y expresión en experiencias a las que se están acercando y sobre las que están aprendiendo. En este sentido, construir el respeto por fiestas y tradiciones desde la primera infancia, pasa por la necesidad de que como adultos reconozcamos: Las necesidades de movimiento, expresión, comunicación, propias de las niñas y los niños con las cuáles todo el tiempo nos cuentan lo que ¿Cómo hago están viviendo y aprendiendo, como el llanto, las preguntas constantes, para enseñarle el deseo y curiosidad por tocar, acercarse a lo que es nuevo y lo que ya
a mi hijo o hija a conoce… pues son sus formas de relacionarse y construir el mundo que que respete le rodea. ciertas fiestas y Que generalmente las fiestas y tradiciones están construidas con una tradiciones (que mirada de adultos, que invisibiliza la presencia de niñas y niños y por lo se quede quieto tanto sus formas de participación genuina, lo que limita sus posibilidades en misa, que no de relacionarse y construir el mundo y genera conflictos al interior de las corra en los familias y comunidades. De allí, que sea fundamental que como pacillos)? comunidades se repiense y se realicen ajustes a las oportunidades de participación genuina de niñas y niños en fiestas y tradiciones. En ningún sentido, el hecho de que una niña o un niño, se mueva, salte, se exprese significa una forma de irrespetar las fiestas y tradiciones. No podemos olvidar que las niñas y los niños en primera infancia están reconociendo el mundo que les rodea y para eso es necesario moverse, tocar, sentir, preguntar, hablar, explorar, crear, curiosear y nuestro rol como adultos es acompañar este proceso de reconocimiento. El respeto por las fiestas y tradiciones se genera a partir del diálogo en familia sobre lo que se va a vivir, las formas de participación de todos los actores, las normas y límites que se deben contemplar y el sentido mismo de las fiestas y tradiciones. Página | 7 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ Pistas para la observación de las acciones de la práctica 17.1 La familia reconoce los territorios que habitan y su influencia en el
desarrollo infantil Que las familias reconozcan los territorios como un factor que incide en el desarrollo integral de niñas y niños desde su gestación, implica que: La familia conozca el territorio, en especial aquellos espacios y ámbitos físicos, sociales, culturales, espirituales y comunitarios que las niñas, los niños y mujeres gestantes pueden disfrutar y que aportan a su desarrollo, seguridad y bienestar. La familia recorra y frecuente esos espacios y ámbitos físicos, sociales, culturales, espirituales y comunitarios que las niñas, los niños y mujeres gestantes pueden disfrutar y que aportan a su desarrollo, seguridad y bienestar. Los adultos cuidadores de las familias permitan que niñas y niños disfruten y se apropien de esos espacios y ámbitos físicos, sociales, culturales, espirituales y comunitarios que las niñas, los niños y mujeres gestantes pueden disfrutar y que aportan a su desarrollo, seguridad y bienestar. En este sentido, para indagar si la familia vive o no esta acción se sugiere observar y dialogar sobre: Los lugares, encuentros comunitarios, sociales y espirituales que conocen las familias. Los lugares, encuentros comunitarios, sociales y espirituales que frecuentan las familias junto a niñas, niños y mujeres gestantes. Las acciones e interacciones que se dan cuando se está en los lugares, encuentros comunitarios, sociales y espirituales que conocen y frecuentan las familias. Las formas de participación de las niñas, los niños y mujeres gestantes en los lugares, encuentros comunitarios, sociales y espirituales que conocen y frecuentan las familias. Algunas preguntas orientadoras para diseñar las experiencias pedagógicas que les permitan
indagar o fortalecer esta acción, pueden ser: ¿Conocen los bosques, desiertos, playas, ríos, cascadas, lagos, montañas, entre otros? ¿Los recorren con sus niñas o niños? ¿Qué pasan cuando los recorren con ellas y ellos? ¿Qué es lo que más les genera curiosidad a sus niñas o niños? ¿Conocen personajes o lugares donde se pueda conocer, aprender y entender la historia de la comunidad o vereda o barrio? ¿Conocen espacios y/o momentos comunitarios en los que se promueva la narración oral, la lectura, las expresiones artísticas o deportivas? ¿Las niñas y niños participan en los espacios sagrados de la comunidad? ¿Qué es lo que más les gusta, disgusta o genera curiosidad a sus niñas o niños en estos espacios? así como, entre otras preguntas que puedan surgir teniendo en cuenta las particularidades de las familias que se acompaña. Página | 8 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ 17.2. Las niñas y los niños recorren, exploran y disfrutan los territorios que habitan y favorecen el desarrollo infantil con el apoyo de sus familias Esta acción convoca a reconocer las distintas formas en que las niñas y los niños desde su gestación habitan los territorios. Es decir, reconocer cómo los recorren, los sienten, los exploran, juegan en ellos, los recrean, los representan, los perciben, los cuidan, los dotan de significado, y las mediaciones que realizan los adultos para promover y permitir estas formas de habitarlos en pro de su desarrollo y aprendizaje. Habitar los territorios brinda la posibilidad a las niñas y los niños de sentir, vivir y disfrutar
experiencias que aportan a su desarrollo y aprendizaje, es ahí donde ellas y ellos a partir de la experiencia tienen la oportunidad de relacionarse con el mundo para comprenderlo y construirlo al indagar, crear hipótesis, construir relaciones lógicas, explorar el espacio, conocer las características de los lugares, seres (humanos y no humanos), objetos, además de expresar sus ideas y representar la realidad al participar de situaciones comunicativas, explorar diversos lenguajes expresivos y construir su propia identidad al reconocer su territorio, cultura, familia y a sí mismo como un ser único. Estos procesos se presentan cuando las niñas y los niños tienen la posibilidad de jugar en el monte, la calle, de trepar los árboles, de experimentar con el agua, de oler las flores y asombrarse con sus colores y formas, de recorrer los caminos de la selva, la sabana o el barrio y escuchar los diferentes sonidos que producen los animales, el viento, las lagunas, ríos o el mar. Así como de participar de acciones comunitarias y culturales propias de los territorios desde sus miradas y formas de expresión. De esta manera, logran incorporar sensaciones, olores, sabores, imágenes, recuerdos, vivencias, códigos y significados, que les permiten dotar de sentido los saberes y prácticas culturales de la comunidad o grupo al que pertenecen. Estas posibilidades se enriquecen cuando los adultos que acompañan en las acciones cotidianas a las niñas y los niños animan la exploración, experimentación y participación genuina creando escenarios de confianza y autonomía que sirven de puente para la apropiación de nuevos saberes, vivencias y experiencias; lo que es diferente a involucrar a
las niñas y los niños en los quehaceres de la familia desde la obligación, sin permitir el juego y disfrute de la cotidianidad. Bajo este contexto, para reconocer si esta práctica se vive en las familias: Dialogue con las niñas y los niños (en coherencia son sus momentos de transformación) sobre sus experiencias recorriendo el territorio (espacios aledaños al hogar, salidas familiares, camino a la unidad de atención, visitas a vecinos o espacios comunitarios, salidas a espacios recreativos, participación en festividades, etc.); Si ellas o ellos refieren en su diálogo algún lugar, indague sobre su vivencia y genere una conversación donde se pueda contar cómo disfruto esa experiencia. Pregúntele Página | 9 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ ¿Cómo es ese lugar? ¿Qué le gustó y no de aquel lugar? ¿Qué hace en ese lugar? ¿Cómo se siente en ese lugar? ¿Quiénes los acompañan? ¿Qué hacen con las personas que los acompañan? Indague con los adultos si realizan salidas o caminatas a sitios en particular o si se divierten en algún espacio distinto o cercano al hogar. En caso de que si, las realicen, indague cuáles son los lugares que han explorado junto a las niñas y los niños, si acostumbran a hacerlo regularmente y la razón por la que eligen estos espacios. Indague sobre ¿qué consideran que disfrutan las niñas y los niños en y de estos lugares? ¿Qué hacen cómo adultos para promover que las niñas y los niños, reconozcan y disfruten de éstos? ¿Qué acciones realizan al recorrer o disfrutar de este lugar? ¿juegan? ¿cantan? ¿cuentan historias? ¿ven el paisaje? ¿Cómo se
movilizan? Se pueden construir mapas de los lugares que frecuentan las niñas, los niños y mujeres gestantes que permitan identificar las formas como habitan los territorios, indagando por las actividades que se realizan, las sensaciones que les generan estos lugares, las formas en que se mueven, etc.; con las y los más pequeños se pueden observar sus reacciones corporales en la medida que se va construyendo el mapa entre todos los integrantes de las familias o generar recorridos por el territorio para reconocer estas reacciones. Teniendo en cuenta que el primer territorio que habitamos es el propio cuerpo es importante indagar con las niñas, los niños y las mujeres gestantes las formas cómo interactúan con su propio cuerpo, desde el reconocimiento de éste a través de las sensaciones, las formas de moverse, etc. Para ello, se pueden proponer experiencias corporales que inviten a la exploración del cuerpo y el movimiento en relación con otros y con el espacio. Igualmente, con las mujeres gestantes proponer experiencias que les permitan reconocer su cuerpo, los cambios que están viviendo, la relación con el hijo o hija que espera, etc. Esta acción se vive si se identifican experiencias cotidianas donde las niñas, los niños y mujeres gestantes disfruten de sus territorios de forma segura, tranquila y acompañados desde la mediación de los adultos. Es decir, desde las experiencias más sencillas como jugar con las piedras hasta aquellas como escalar una montaña como actividad familiar, siempre en la cotidianidad y las posibilidades de exploración propias de los territorios y de las niñas y los niños. 17.3. Las niñas y los niños construyen relaciones de cuidado con sus territorios con el apoyo de sus familias Cuando hablamos de vivir el territorio, hacemos también referencia a las diversas relaciones
que de cuidado que se tejen entre el territorio y los seres que lo habita. Página | 10 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ Estas relaciones de cuidado están mediadas por los imaginarios, concepciones y significados que tenemos del territorio que han sido construidos a lo largo de nuestras vidas, por ejemplo: para una comunidad una laguna puede ser un lugar sagrado, mientras para otra es un lugar para la producción de alimentos, o un basurero, o un sitio de recreo o descanso, entre muchos otros. Esta variedad de imaginarios, concepciones y significados nos lleva a construir diferentes formas de cuidado tanto conscientes como inconscientes que pueden generar un equilibrio para sostener la vida de todos los seres (humanos y no humanos), o llegar a validar la eliminación de algunas partes del territorio para el bienestar de unos seres humanos en específico. Bajo este contexto, en esta acción interesa identificar, fortalecer y/o promover aquellas relaciones de cuidado que las niñas, los niños y las mujeres gestantes tejen con los territorios, que permitan una convivencia equilibrada de los seres (humanos y no humanos) para sostener su vida. Es importante señalar que el cuidado no es sólo entre los seres, también se cuidan las tradiciones familiares y/o culturales que nos arraigan a los territorios: la receta de la arepa preparada por la abuela, o la historia de miedo y las coplas que contaba el vecino, por ejemplo. Para reconocer si esta práctica se vive en las familias: Indague con niñas, niños, mujeres gestantes y los adultos que los acompañan sobre el tipo de relaciones que tejen con el territorio, atravesado por preguntas y reflexiones
alrededor de ¿Qué significa para cada uno el territorio que habitan? ¿Qué esperan del territorio? ¿Qué le entrega o da cada uno al territorio? ¿Qué les da el territorio?, si en la indagación se identifican significados y experiencias asociadas a una idea más utilitarista del territorio esta acción no se vive, en cambio sí lo identificado se acerca a una idea de armonía con el territorio la acción si se vive. Genere experiencias donde se vinculen elementos del territorio que provoquen la conversación y la interacción; tal vez un río cercano, los animales con los que vive la familia, una leyenda del territorio, una historia sobre cómo se divertían jugando en el parque del barrio quienes ahora son adultos cuando eran niños hasta que la noche los tomaba por sorpresa, etc., en medio de ello, podrá escuchar y observar con atención cómo se da o no ese cuidado en la relación de la familia, la niña y el niño con su territorio biocultural, podrá identificar por ejemplo si da lo mismo contaminar o no el entorno, si hay maltrato o bienestar en la relación con los animales, si aún persisten en la cultura antiguas historias, si se reconoce la importancia de cuidar pensando en el disfrute individual y del otro, pensando en el cuidado como valor propio de la cultura, es decir si existe una conciencia y cultura de cuidado. Página | 11 Práctica 6 _____________________________________________________________________________________________________________________________ Cree experiencias de construcción de mapas o de recorridos por los lugares que frecuentan las niñas, los niños y mujeres gestantes que permitan identificar el significado y valor afectivo de cada uno, si se sienten conectados o no con éstos, dónde hay vida, las acciones que hacen en ellos, si sienten que lo tienen que cuidar
y si se sienten protegidos en estos lugares, etc. En el caso de desarrollar la observación con mujeres gestantes, es importante provocar una conversación entorno a los cuidados que tiene en cuenta ella, su familia y comunidad para su bienestar, y la influencia de los elementos del territorio que h
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