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OEA - CP - Acta de asamblea CP ACTA 2579 26

OEA - Organización de Estados Americanos

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Detalles

Título
OEA - CP - Acta de asamblea CP ACTA 2579 26
Autor
OEA - Organización de Estados Americanos
Categoría
Infralegal
Área del derecho
Internacional_Publico
Año

OEA/Ser.G CP/ACTA 2579/26 4 febrero 2026 ACTA

DE LA SESIÓN PROTOCOLAR

CELEBRADA

EL 4 DE FEBRERO DE 2026

Para recibir al Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego, Presidente de la República de Colombia

CONSEJO PERMANENTEiii

ÍNDICE Página Nómina de los miembros que asistieron a la sesión ...................................................................................1 Palabras del Presidente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, Embajador Luis Ernesto Vargas, Representante Permanente de Colombia............................................2 Palabras del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, Embajador Albert R. Ramdin...................................................................................................................4 Palabras del Presidente de la República de Colombia, Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego.........6CONSEJO PERMANENTE DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

ACTA DE LA SESIÓN PROTOCOLAR

CELEBRADA EL 4 DE FEBRERO DE 2026

En la ciudad de Washington, D. C., a las tres y veintiuno de la tarde del miércoles 4 de febrero de 2026, celebró sesión protocolar el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos para recibir al Presidente de la República de Colombia, Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego. Presidió la sesión el Embajador Luis Ernesto Vargas, Representante Permanente de Colombia y Presidente del Consejo Permanente. Asistieron los siguientes miembros: Embajador Tomás Ignacio Pascual Ricke, Representante Permanente del Chile y Vicepresidente del Consejo Permanente

Embajador Ronald Sanders, Representante Permanente de Antigua y Barbuda Embajadora Alejandra Solano Cabalceta, Representante Permanente de Costa Rica Embajador Samuel Hinds, Representante Permanente de Guyana Embajador Chet Donovan Neymour, Representante Permanente del Commonwealth de las Bahamas Embajador Jan Marten Willem Schalkwijk, Representante Permanente de Suriname Embajador Benoni Belli, Representante Permanente del Brasil Embajador Stuart Savage, Representante Permanente del Canadá Embajador Tarlie Francis, Representante Permanente de Grenada Embajador Steve Ferrol, Representante Permanente del Commonwealth de Dominica Embajadora Mayerlyn Cordero Díaz, Representante Permanente de la República Dominicana Embajadora Claudia Lisette Escobar Mejía, Representante Permanente de Guatemala Embajador Raúl Alberto Florentín Antola, Representante Permanente del Paraguay Embajador Carlos Bernardo Cherniak, Representante Permanente de la Argentina Embajadora Mónica Rosa Irene Palencia Núñez, Representante Permanente del Ecuador Embajador Antony B. Anderson, Representante Permanente de Jamaica Embajador Edison Antonio Lanza Robatto, Representante Permanente del Uruguay Embajador Nestor E. Mendez, Representante Permanente de Belize Embajador Alejandro Encinas Rodríguez, Representante Permanente de México Embajador Rodolfo Enrique Coronado Molina, Representante Permanente del Perú Embajador Jean Josué Pierre, Representante Permanente de Haití Primera Secretaria Saschele Takesha Griffith, Representante Interina de Trinidad y Tobago Ministro Consejero Omari Seitu Williams, Representante Alterno de San Vicente y las Granadinas

Ministra Consejera Saira Esmeralda Ponce Rosales, Representante Alterna de Honduras Ministra Consejera Shirnaya Valin Stephen, Representante Alterna de Santa Lucía Ministra Consejera Gertudis Ernestina Reyes Reyes, Representante Alterna de El Salvador Primera Secretaria Osiris Venega García, Representante Alterna de Panamá Ministra Consejera Andrea Marcela Alarcón Mayorga, Representante Alterna de Colombia Consejera Maysa Rossana Ureña Menacho, Representante Alterna de Bolivia Ministro Consejero Augustine Fitzstephen Abdullah Skerrit, Representante Alterno de Saint Kitts y Nevis Señor Lee Lipton, Representante Alterno de los Estados Unidos También estuvieron presentes el Secretario General de la Organización, Embajador Albert R. Ramdin, y la Secretaria General Adjunta, Embajadora Laura Gil Savastano, Secretaria del Consejo Permanente.2

El PRESIDENTE: Verificado el cuórum por parte de la Secretaría, declaro abierta la presente sesión protocolar [del Consejo Permanente] de la Organización de los Estados Americanos, que ha sido convocada a petición de la Misión Permanente de Colombia, para recibir al Excelentísimo señor

Presidente [de la República de Colombia,] doctor Gustavo Petro Urrego. De conformidad con el proyecto de orden del día que es el documento CP/OD-2579/26, el cual damos por aprobado. Esta mañana nos levantamos todos para aplaudir a la mujer en el multilateralismo. Hoy lo vamos a hacer y los invito a que nos pongamos de pie para recibir al Presidente de la República de

Colombia. [Aplausos.]

PALABRAS DE BIENVENIDA DEL PRESIDENTE DEL CONSEJO PERMANENTE

DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS, EMBAJADOR LUIS ERNESTO VARGAS, REPRESENTANTE PERMANENTE DE COLOMBIA El PRESIDENTE: Normalmente al Presidente [Petro] no le agradan algunas expresiones superlativas, así que voy a prescindir de ellas. Presidente Gustavo Petro Urrego, de Colombia; señora Canciller Rosa Yolanda Villavicencio Mapy; señor Daniel GarcíaPeña, Embajador de Colombia ante los Estados Unidos de América; distinguidas autoridades y miembros de la Delegación de Colombia; distinguidos representantes permanentes y alternos de los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA); señor Albert Ramdin, Secretario General de la OEA; Embajadora Laura Gil, Secretaria General Adjunta; distinguidos observadores permanentes; señoras y señores: Realmente es un privilegio y un honor para mí que haya coincidido este momento en el cual Colombia ha asumido la presidencia del Consejo Permanente para darle un saludo especial y una calurosa bienvenida al Presidente de la República de Colombia en el marco de esta sesión protocolar del Consejo Permanente. Señor Presidente, el Consejo Permanente lo recibe una vez más con especial aprecio en este foro hemisférico, un espacio de diálogo político en el que los Estados de las Américas nos reunimos para dar vida a los principios consagrados en la Carta de la OEA y a examinar, desde la pluralidad de

visiones que caracteriza a esta Organización, los desafíos que enfrenta la región, reafirmando nuestro compromiso con los pilares fundamentales del sistema interamericano: la democracia, los derechos humanos, el desarrollo integral y la seguridad multidimensional. Su presencia, Presidente Petro, tiene un significado particular, pues permite al Consejo Permanente y al sistema interamericano conocer de primera mano las prioridades y reflexiones de un Jefe de Estado como usted, un estadista que nos visita por segunda vez dentro de su periodo presidencial y que ha permanecido a lo largo del tiempo como un actor comprometido con el multilateralismo interamericano y en el fortalecimiento de los espacios de concertación regional.3 ¿Por qué hablamos de que ha permanecido en el tiempo? Porque cuando recibí la posición para este cargo de parte suya recuerdo las palabras que ya las he repetido aquí varias veces, que el encargo enfático que usted me hizo fue venir a tratar de consolidar esta Organización, hacer que el multilateralismo tuviera cada día más presencia. No es fácil; estamos viviendo una época de asedio, de acoso, de ataques y el tema de la respuesta es algo que no ha sido lo que quisiera la gran mayoría de la gente; y, además, el segundo encargo fue: usted va a tratar allá de fortalecer los órganos del sistema; es decir, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En este contexto, la Organización de los Estados Americanos debe concebirse no solo como un espacio político y diplomático, sino como la expresión de los lazos profundos que unen a los pueblos

de las Américas. Nos vinculan valores compartidos como la fraternidad entre nuestras sociedades y una identidad cultural viva, marcada por la alegría y la pasión por la vida, así como expresiones que nos hermanan más allá de las fronteras, como el deporte. Por ello, el multilateralismo en el seno de nuestra Organización debe reflejar siempre esa vocación de unión y de entendimiento, privilegiando lo que nos une por encima de nuestras diferencias, fortaleciendo una identidad común que encuentra en la diversidad su mayor riqueza y fuerza, para que algún día podamos decir que de verdad América es para todos los americanos, de Norteamérica, de Suramérica y de Centroamérica. Señor Presidente, su decidido impulso a una paz integral, duradera y sostenible, basada en el respeto a la dignidad humana y en el fortalecimiento de las instituciones democráticas, constituye una referencia para el Hemisferio. Igualmente, debemos destacar sus esfuerzos por situar los derechos humanos en el centro de la acción pública y por promover el diálogo y la concertación como herramientas esenciales para la reconciliación y la cohesión social. Hablar de diálogo con usted y que usted pueda expresarlo es algo más que gratificante. Conozco un Presidente que es absolutamente habermasiano, que encuentra en los tres vértices de un triángulo que nacen del diálogo, la verdad y la buena fe, la construcción de cosas que deberían realmente alimentar nuestras Américas. Y ese diálogo que usted permanentemente impulsa, y mucho más a través del amor, es algo que debería consolidar muchísimo los espacios en esta Organización de

los Estados Americanos. Esta visión se refleja en el liderazgo que usted ha ejercido en los escenarios multilaterales, donde ha abogado con firmeza por priorizar la vida, promover una transición energética justa y limpia, avanzar hacia la descarbonización de las economías y subrayar la urgencia de actuar frente a la emergencia climática, que usted llama colapso climático. De igual manera, su voz ha sido determinante en el impulso a la reflexión y revisión de la política internacional en materia de drogas, orientada a superar los enfoques punitivos tradicionales y a invitar a la comunidad transnacional a replantear un modelo que ha demostrado límites, [que] no ha demostrado la eficacia requerida y, consecuencialmente, la persecución de capos del narcotráfico, y no de campesinos de nuestras Américas, debería realmente generar espacios de discusión también aquí en el seno de la Organización. Asimismo, valoramos su llamado constante a fortalecer la concertación regional y el multilateralismo como vías indispensables para enfrentar, de manera conjunta, retos comunes como la4 desigualdad, la exclusión social, la violencia y las amenazas a la democracia. En un contexto hemisférico particularmente complejo, este liderazgo que apuesta por la cooperación y el entendimiento entre los Estados adquiere una relevancia especial. Como lo expresó nuestro premio nobel de literatura Gabriel García Márquez, en su histórico discurso al recibir ese premio “A pesar de nuestras dificultades y de los sufrimientos que compartimos, América Latina tiene una realidad rica, llena de vida, de creatividad y de solidaridad entre sus pueblos.

Esta región, con su diversidad y su historia común, posee la fuerza para unirse y construir su propio destino.” El Consejo Permanente es un espacio privilegiado para el diálogo franco y respetuoso entre los Estados Miembros. Su presencia hoy aquí reafirma que el trabajo colectivo, la solidaridad y el respeto mutuo son los factores claves para avanzar hacia una región más justa, pacífica e incluyente. Señor Presidente Gustavo Petro, le damos la más cordial bienvenida a este Consejo Permanente y le deseamos una participación fructífera en el marco de esta sesión. Bienvenido. PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS, EMBAJADOR ALBERT R. RAMDIN El PRESIDENTE: A continuación tengo el agrado de darle el uso de la palabra al señor Secretario General, Embajador Ramdin.

El SECRETARIO GENERAL: Buenas tardes a todos. Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego, Presidente de la República de Colombia; Ministra Rosa Yolanda Villavicencio Mapy, Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia.; Embajador Luis Ernesto Vargas, Presidente del Consejo Permanente; Embajadora Laura Gil, Secretaría General Adjunta; Embajador Daniel García-Peña Jaramillo, Representante de Colombia ante el Gobierno de los Estados Unidos; embajadores, representantes permanentes ante la Organización de los Estados Americanos (OEA); observadores permanentes; distinguidos invitados; colegas de la Secretaría; señoras y señores.

Excelentísimo Señor Presidente, es un honor darle la bienvenida a la Organización de los

Estados Americanos. Su visita, señor Presidente, se produce en un momento en que Colombia ejerce la presidencia del Consejo Permanente, y quiero reconocer expresamente la destacada labor del Embajador Luis Ernesto Vargas al frente de este órgano. Señor Presidente, Colombia ocupa un lugar singular en la historia y en la identidad viva de esta Organización. Fue en Bogotá, en 1948, donde se firmó la Carta de la OEA, dando forma institucional a los principios de cooperación, democracia y solidaridad que siguen guiando a nuestro hemisferio en la búsqueda de una América unida, pacífica y próspera. Al aproximarnos al octogésimo aniversario de5 ese momento fundacional, la Carta de Bogotá permanece como origen y referencia perdurable para nuestra labor colectiva. El compromiso de Colombia con la Organización ha sido práctico y sostenido. La OEA ha desplegado múltiples Misiones de Observación Electoral en Colombia, aportando acompañamiento técnico y generando confianza en los procesos electorales. Colombia ha sido, además, una anfitriona generosa del diálogo hemisférico, recibiendo a la Organización y a sus Estados Miembros en numerosas ocasiones, como en [períodos de sesiones de] la Asamblea General en Cartagena y Medellín; la Cumbre de las Américas en Cartagena; y varias reuniones ministeriales. La OEA mantiene una presencia importante en el país a través de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia (MAPP/OEA) que ha acompañado los esfuerzos nacionales hacia la paz

durante más de dos décadas. Esta MAPP/OEA mantiene cooperación con las instituciones y comunidades colombianas en ámbitos que siguen siendo centrales para la estabilidad y la vida democrática, y que esperamos poder continuar. Desde que asumió el cargo, el Presidente Gustavo Petro ha impulsado una agenda ambiciosa orientada a enfrentar desafíos sociales e institucionales, situando la paz, la justicia social y la cooperación regional en el centro de su gestión. Su Gobierno, señor Presidente, ha priorizado la estrategia de “Paz Total”, procurando soluciones a conflictos históricos, al tiempo que ha promovido reformas destinadas a reducir la desigualdad, ampliar la protección social y fortalecer el vínculo entre el Estado y la ciudadanía como fundamentos de la gobernanza democrática. Señor Presidente, usted ha consolidado a Colombia como una voz influyente en materia de acción climática y protección ambiental, particularmente en la defensa de la Amazonía y de las energías limpias. Asimismo, ha reafirmado su compromiso con el diálogo, el multilateralismo y una mayor unidad, mediante una participación activa en los espacios regionales y hemisféricos. ¡Muchas gracias! Ha planteado la visión de una civilización hemisférica, fundada en la diversidad y los valores comunes como base para una integración más profunda y una mayor capacidad de acción colectiva. Ciertamente, nuestra obligación con los millones de pobladores de la región se debe no únicamente al hecho fortuito de que han nacido y viven dentro de las fronteras de este hemisferio, sino,

sobre todo, a que conforman, en medio de su diversidad, una auténtica unidad cultural. Asimismo, ha propuesto usted un pacto por la vida y la libertad en las Américas como principios orientadores de la cooperación regional. Señor Presidente, Colombia es un país moldeado por la imaginación, la memoria y la resiliencia. Es una nación que ha llevado la adversidad con dignidad, ha transformado el desafío en creatividad y ha continuado mirando hacia adelante con confianza. Este espíritu generoso, resiliente y profundamente humano forma parte del tejido vivo de nuestro hemisferio.6 Como evocó Gabriel García Márquez al Libertador Simón Bolívar en sus últimos días, las naciones del Hemisferio también han atravesado en distintos momentos su propio laberinto histórico, marcado por dudas, fragmentaciones y desafíos profundos. Sin embargo, también han demostrado una y otra vez su capacidad de encontrar salidas a través del diálogo, la unidad y la voluntad política. Señor Presidente, es con este espíritu que le damos la bienvenida a la Organización de los Estados Americanos. Su visita ofrece una oportunidad para renovar nuestro compromiso con el diálogo, la cooperación y nuestra responsabilidad mutua por el futuro de las Américas. Muchísimas gracias. [Aplausos.] PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA, EXCELENTÍSIMO SEÑOR GUSTAVO PETRO URREGO El PRESIDENTE: A continuación es, como dije ya, un privilegio ofrecerle la palabra al señor Presidente de la República de Colombia, Gustavo Petro Urrego. Usted, señor Presidente, tiene el uso de la palabra. El PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA: Señor Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin; Ministra de Relaciones Exteriores de

Usted, señor Presidente, tiene el uso de la palabra. El PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA: Señor Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin; Ministra de Relaciones Exteriores de la República de Colombia, Rosa Yolanda Villavicencio Mapy; Presidente del Consejo Permanente, Embajador y Representante Permanente de Colombia, Luis Ernesto Vargas; Secretaria General Adjunta de la OEA, Laura Gil, colombiana –creo que la primera mujer en la Secretaría General Adjunta, propuesta por mi Gobierno y elegida, menos mal; y básica en estas discusiones de los temas de las sustancias psicoactivas en Viena, ante la Organización de las Naciones Unidas, de donde vino para ocupar este cargo–; embajadoras y embajadores, [representantes] permanentes ante la OEA; funcionarios del Gobierno nacional de Colombia; medios de comunicación nacionales e internacionales y, en general, a todas y todos los que nos acompañan en el día de hoy. Bien, yo estuve aquí antes. Este será mi último discurso aquí, hice el primero aquí y este será el último como Presidente de la República de Colombia. Recuerdo lo que dije aquella vez y me sirve ya como evaluación, no como propuesta que se hizo, sino ver qué pasó al cabo ya de varios años, por donde hicimos un Gobierno, en mi opinión, interesante. Ya lo evaluará el pueblo, que es el evaluador real de los Gobiernos. Pero sí debería recordar algunas cosas y apoyarme como contrastación con aquellas palabras. Dijimos aquella vez que, efectivamente, la OEA se funda en varios momentos, no es un solo

acto, en realidad es un proceso. Lo primero se hace también en nuestro país, en aquel entonces con otras fronteras, el Congreso Anfictiónico de Panamá, República de la Gran Colombia en aquel entonces. Y es, indudablemente, el por qué allí, porque Panamá no es más que, lo dije ayer, lo digo esta mañana también, el corazón del mundo. Geométricamente, vitalmente. Y eso llevó a que [para] un encuentro entre las sociedades americanas, recién liberándose de colonias, de reyes, etcétera, la mayoría escogiera ese lugar para juntarse.7 Después, lo he mencionado aquí, otro momento da pie a la OEA. Un 19 de abril de 1948, Bogotá; cerca a Panamá, mucho más alto, también parte de esa misma posibilidad geométrica y vital del corazón del mundo. Por algo será que se hicieron esas reuniones allí, pero, coinciden con el comienzo de nuestro genocidio. Genocidio colombiano, no juzgado, nunca, pero dejó a la fecha –porque no termina aún– setecientos mil asesinados hombres y mujeres, la inmensa mayoría gente humilde y, sobre todo, gente del campo, trabajadora, labriega; campesina, decimos nosotros. ¿Por qué? Porque es una lucha continua por la tierra fértil, no voy a hablar de esa historia, me demoraría mucho. Y esa lucha por la posesión de la tierra, muy al estilo feudal español, pues ha dejado los problemas fundamentales de Colombia de hoy, los que yo afronto como Presidente. Una de las mayores

desigualdades sociales del mundo; una injusticia social galopante que tratamos de dominar, de disminuir. Mucha violencia que ha venido bajando drásticamente, si la comparo desde el año noventa y tres; de los mil cien municipios, hoy por ejemplo, setecientos cincuenta por lo menos no tienen un solo asesinato en lo que va del año. Y problemas que inundan el Continente hoy y el mundo, como los dueños del narcotráfico, tema que me daría para toda una conferencia que hoy [y aquí] tampoco es el lugar, los que se han adueñado del poder de regiones y de la vida y de la muerte en numerosas regiones que ya no son de Colombia, sino de América Latina, del Caribe e incluso de los Estados Unidos; y que se expanden hacia Europa, África, Asia, Australia, etcétera, bajo lo que yo he denominado una nueva multinacional. Problemas contemporáneos que podríamos juntar con la crisis climática que aún no es colapso; pero solo hay una matemática entre la crisis y el colapso. ¿Cuál es la diferencia? El colapso es la extinción de la vida en el planeta. La crisis –lo que tenemos hoy– no hay sino que salir a la calle. La diferencia entre una y otra es si somos capaces de cambiar el modo de energía que al parecer, he concluido eso en mi experiencia, es el cambio también del modo del poder. Y aquí me gustaría entonces contarles algunas cosas que quiero dejarles en estas palabras. Decía usted Habermas, el alemán. A veces creo ingenuamente que es posible que un parlamento, este es uno de naciones, acepte la franqueza como medio de comunicación; ese Habermas, la interlocución

racional que él consideraba la superior, la razón superior. Estas repúblicas se han construido todas alrededor del principio de la razón. Pero él decía, hay razón de razones y la razón superior es la interlocución franca en una mesa. No me había leído en ese momento un concepto griego que se llama la parresía y que escribió magníficamente otro filósofo ahí vecino de Habermas –se mataban entre alemanes y franceses antes– Foucault y no leí la conclusión que viene de la historia de Sócrates y es que el parresida –parresiasta en español– el parresiasta, o tiene que irse al exilio o muere. O vence al tirano; esa es la vida de Sócrates. O convence o el exilio; o suicidio, porque Sócrates se suicidó, creo. Entonces, la parresía es hablar flanco; es hablar con la verdad o con lo que se intenta que sea la verdad. Son dos dinámicas diferentes, parece que tenía más razón Sócrates que Habermas. Pero aquí tenemos que plantear de nuevo, si queremos ser especie humana viva en este planeta, un diálogo franco, sin subordinaciones. Nadie tiene la razón per se; la razón es colectiva, pero si no hay esa franqueza y esa verdad que hoy la esgrime la ciencia, entonces no llegamos ni a convencer, ni llegamos a una razón superior, ni llegamos a la existencia humana en los próximos años, décadas o milenios, ojalá.8 Entonces aquí ¿para qué sirve la OEA? Preguntaba yo al Secretario General. Aquella vez que

yo vine en el año 2023 de este siglo, planteé una propuesta –aquí hay [aún] más o menos [las mismas] personas hoy presentes– y era que la Convención Americana [de Derechos Humanos] tenía que reformarse, que la Convención Americana [de Derechos Humanos] como tratado internacional, aprobada por todas las naciones aquí presentes –parte de nuestra Constitución de Colombia– necesitaba una reforma y no para recortar derechos, sino para aumentarlos. Yo soy beneficiario de la Convención Americana de Derechos Humanos. Yo estoy aquí como Presidente de Colombia, además del voto de mi pueblo, por la Convención Americana de Derechos Humanos. Si no, no estaría aquí. Es famosa la sentencia Petro que hizo que mis derechos fueran restablecidos, mis derechos individuales fundamentales a elegir y a ser elegido estaban conculcados en Colombia por un fascista; cuyo nombre no voy a repetir porque me alejo ya de ese debate. Fue la Corte Interamericana, después de la Comisión en sentencia, quien restauró mis derechos y la justicia colombiana y gracias a eso pude entrar a un debate electoral y ser elegido. Hoy las mayorías que dominan el poder electoral de Colombia están impidiendo que mi fuerza pueda inscribir listas; otra vez lo mismo. Pero el derecho a elegir y a ser elegido, que es el artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos, es de derechos individuales. Muy liberal, sí, si la colocamos en ese plano. Lo hicieron corrientes liberales por allá en los años setenta, sesenta, que dominaban y tenían la voluntad de hacerlo en la mayoría de los Gobiernos de las repúblicas aquí

presentes. Esa voluntad política permitió, al juntarse tiempo después del cuarenta y ocho y aún en medio de la masacre y el genocidio de Colombia, constituir una especie de constitución americana –aquí tengo que decirlo porque toca– americana en el sentido nuestro, es decir, que incluye a los Estados Unidos, pero no es Estados Unidos. Y entonces ahora, para ponerme en lenguaje contemporáneo, tengo que decir las Américas y ponerle la “s”, porque este Continente es diverso. ¡Muy diverso! Y aquí está representada esa diversidad. La Convención Americana [de Derechos Humanos] de las Américas es de derechos individuales, es parte de una generación, de una manera de entender el mundo. Soñábamos con una democracia global liberal. Por eso varios países no están aquí presentes, porque han pensado en otra cosa. Pero hoy, siglo XXI, en el año en que estamos, 2026, ¿es suficiente? O si no es suficiente y nos mantenemos ahí ¿no está ya escrito el final de la Organización de los Estados Americanos? Es un poco la pregunta que me hago. Ya esta institución, que fue tan eficaz para unas épocas, dejó de serlo. Y si no coge la eficiencia de esta época, pues simplemente no tiene razón de ser. Dinero un tanto perdido. Pues una discusión así, que no fue la que planteé la vez pasada, quiero plantearla ahora. Porque dije aquella vez, 19 de abril de 2023, a mí me parece que debe ser completada la Convención Americana de Derechos Humanos de las Américas por los derechos de la mujer, que no existen ahí; por los

derechos de la naturaleza, que no existen ahí; por los derechos colectivos y sociales, que no existen ahí. Y entonces, buena parte de la problemática que vive la existencia cotidiana de cualquier ciudadano, ciudadano niño o niña, viejo, en cualquiera de nuestras repúblicas o monarquías –porque Canadá está en ese mundo y se respeta– pues no puede ser contemplado en esta instancia.9 No hay poder aquí. Es incapaz, discúlpenme la palabra, o impotente. Todas palabras que surgen del mismo principio. Pero peor aún. Si no es la OEA, entonces es la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Encontramos el mismo problema en la ONU. La ONU no pudo detener el genocidio de Gaza. Y lo digo con claridad y sin miedo. A los parresiastas no nos juzgan por acciones que hayamos cometido ilegales o no; a los parresiastas nos juzgan por las palabras cuando las decimos. Esa es mi historia en Colombia y en el mundo. Y yo no puedo negar la existencia de una realidad y una verdad. Si [la Organización de las] Naciones Unidas fue fundada para que no hubiera más genocidios, como el que cometió el Estado alemán de los nazis, frente a soviéticos, chinos, con los japoneses y judíos y otros pueblos del mundo, si fue fundada para eso y no pudo detener el genocidio en Gaza, ¿para qué sirve? Está cuestionada su existencia, así de simple. No tiene poder. Y entonces, si vamos a este tema, pues nos enfrentamos, en mi opinión, a la principal discusión que tiene que dar la humanidad y las Américas. Del Imperio Romano aprendimos, me critican en Colombia que diga que América Latina es la descendiente mayoritaria en número de personas del Imperio Romano. No es nuestra única

y las Américas. Del Imperio Romano aprendimos, me critican en Colombia que diga que América Latina es la descendiente mayoritaria en número de personas del Imperio Romano. No es nuestra única ancestralidad. Venimos de la África traída a la fuerza como esclavos; algunos se liberaban tirándose del barco en las primeras islas de las Antillas Orientales y configuraron una cultura hermosa que yo le llamo garufuna. Hicimos ya la convención en San Andrés, Colombia, de esos pueblos en Antillas Occidentales. Y otros venían de hace sesenta mil años. Que sepamos, en estas tierras no había fronteras y podían transcurrir libremente desde Alaska hasta la Patagonia, y eran civilizaciones profundas. Y venimos de árabes porque venían también en los barcos, etcétera. Es una ancestralidad múltiple que hace que estos pueblos del Río Bravo hacia el S ur, incluido el Caribe, seamos diferentes a otros que tienen otras ancestralidades, pero en común la afroamericanidad, los pueblos amerindios. Y esa es nuestra inmensa diversidad. Así nos hemos constituido. Pero entonces la pregunta es, volviendo a esa ancestralidad latina: miren estas columnas ¿de dónde creen que vienen estas columnas? No físicamente sino arquitectónicamente, si no es de una cultura. Allá están los capiteles –espero no ser ignorante– creo que es jónica; jónica, griega. Y esto pasó a Roma y pasaron acá. Entonces estamos hablando de algo que ellos, entre otras, para esta

discusión, enseñaron en su propia historia. Barbarie o civilización. Fue lo que escribí aquí afuera. Esa era la dinámica de ellos, independientemente de su época, de su historia, la forma como desarrollaron sus conflictos: civilización o barbarie. Ellos llamaban bárbaros a los que no tomaban vino; forma de diferenciarse. No iban más allá de donde no nacía la vid. Juntaron la palabra “vid”, de vino, de vida –discusión que dejo para

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