OEA - Documento CP ACTA. 2424 25 de 2025

Organización de Estados Americanos

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Detalles

Título
OEA - Documento CP ACTA. 2424 25 de 2025
Autor
Organización de Estados Americanos
Categoría
Doctrina
Área del derecho
Internacional Público
Año
2025

[image] OEA/Ser.G

CP/ACTA 2424/23

19 abril 2023

ACTA

DE LA SESIÓN PROTOCOLAR

CELEBRADA

EL 19 DE ABRIL DE 2023

Para recibir al Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego,

Presidente de la República de Colombia

ÍNDICE

Página

Nómina de los miembros que asistieron a la sesión 1

Palabras del Presidente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos,

Embajador Washington Abdala, Representante Permanente del Uruguay 3

Palabras del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos,

señor Luis Almagro Lemes 4

Palabras del Presidente de la República de Colombia, Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego 5

CONSEJO PERMANENTE DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

ACTA DE LA SESIÓN PROTOCOLAR

CELEBRADA EL 19 DE ABRIL DE 2023

En la ciudad de Washington, D. C., a las doce y diecisiete de la tarde del miércoles 19 de abril de 2023, celebró sesión protocolar el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos para recibir al Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego, Presidente de la República de Colombia. Presidió la sesión el Embajador Washington Abdala, Representante Permanente del Uruguay y Presidente del Consejo Permanente. Asistieron los siguientes miembros:

Embajadora María del Carmen Roquebert León, Representante Permanente de Panamá y Vicepresidenta del Consejo Permanente

Embajador Ronald Sanders, Representante Permanente de Antigua y Barbuda

Embajador Anthony Phillips-Spencer, Representante Permanente de Trinidad y Tobago

Embajadora Lou-Anne Gilchrist, Representante Permanente de San Vicente y las Granadinas

Embajadora Rita Claverie de Sciolli, Representante Permanente de Guatemala

Embajadora Yolande Yvonne Smith, Representante Permanente de Grenada

Embajadora Lou-Anne Gilchrist, Representante Permanente de San Vicente y las Granadinas

Embajadora Rita Claverie de Sciolli, Representante Permanente de Guatemala

Embajadora Yolande Yvonne Smith, Representante Permanente de Grenada

Embajadora Luz Elena Baños Rivas, Representante Permanente de México

Embajador Hugh Adsett, Representante Permanente del Canadá

Embajador Josué Antinoe Fiallo Billini, Representante Permanente de la República Dominicana

Embajador Carlos Alberto Raimundi, Representante Permanente de la Argentina

Embajadora Alejandra Solano Cabalceta, Representante Permanente de Costa Rica

Embajador Héctor Enrique Arce Zaconeta, Representante Permanente de Bolivia

Embajador Lynn Raymond Young, Representante Permanente de Belize

Embajador Samuel Hinds, Representante Permanente de Guyana

Embajador Agustín Vásquez Gómez, Representante Permanente de El Salvador

Embajador Otávio Brandelli, Representante Permanente del Brasil

Embajador Jan Marten Willem Schalkwijk, Representante Permanente de Suriname

Embajador Mauricio Montalvo Samaniego, Representante Permanente del Ecuador

Embajador Carlos Roberto Quesada López, Representante Permanente de Honduras

Embajador Sebastián Kraljevich Chadwick, Representante Permanente de Chile

Embajador Luis Ernesto Vargas, Representante Permanente de Colombia

Embajador Francisco O. Mora, Representante Permanente de los Estados Unidos

Primera Secretaria Judith Anne-Rolle, Representante Interina del Commonwealth de Dominica

Consejera Sonia Rosita Boddie-Thompson, Representante Interina de Saint Kitts y Nevis

Consejero Pierre Michele Bonnet. Representante Alterno de Haití

Primera Secretaria Shirnaya Valin Stephen, Representante Alterna de Santa Lucía

Ministro Fernando Gustavo Sotelo Vitelio, Representante Alterno del Uruguay

Ministro Consejero José Roberto Rodriguez Bustamante, Representante Alterno del Perú

Primera Secretaria Shirnaya Valin Stephen, Representante Alterna de Santa Lucía

Ministro Fernando Gustavo Sotelo Vitelio, Representante Alterno del Uruguay

Ministro Consejero José Roberto Rodriguez Bustamante, Representante Alterno del Perú

Ministro Consejero Mikhail Giovanni Bullard, Representante Alterno del Commonwealth de las

Bahamas

Ministra Zoraya Rossana Alas Candia, Representante Alterna del Paraguay

Ministra Nicholette Erane Simoni Williams, Representante Alterna de Jamaica

También estuvieron presentes el Secretario General, señor Luis Almagro Lemes, y el Secretario General Adjunto, Embajador Nestor Mendez, Secretario del Consejo Permanente.

El PRESIDENTE: Me complace declarar instalada la sesión protocolar del Consejo Permanente que ha sido convocada para recibir al señor Presidente Constitucional de la República de Colombia, Su Excelencia Gustavo Petro, y cuyo orden del día damos por aprobado.

Distinguidos delegados, damas y caballeros, los invito a recibir a Su Excelencia Gustavo Petro.

[Aplausos.]

Palabras del Presidente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, Embajador Washington Abdala,

Representante Permanente del Uruguay

El PRESIDENTE: Excelentísimo señor Gustavo Petro, Presidente Constitucional de la República de Colombia; Excelentísimo señor Álvaro Leyva Durán, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Colombia; distinguidos miembros de la Comitiva Oficial; señor Embajador Luis Ernesto Vargas, Representante Permanente de Colombia ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), para nosotros el magistrado; distinguidos representantes permanentes y representantes alternos; señor Luis Almagro, Secretario General; Embajador Nestor Mendez, Secretario General Adjunto; distinguidos observadores permanentes; señoras y señores, y público en general que a través de medios y plataformas está en conexión con nosotros.

Francamente, es un honor recibirlo en nombre de la Presidencia y con la integración de todo el Consejo Permanente de la Organización.

Hoy en la mañana llamé al Embajador Vargas, entonces le pregunté: “Voy a leer algunas expresiones un tanto protocolares”, y él me dijo: “No vamos bien por ahí; mejor que lo haga con el sentido del corazón y del sentimiento”, y nosotros acá tenemos muy clara su vocación por el camino del entendimiento, de la concordia, de la búsqueda de seguridad, de la paz.

Observe Presidente, en las cuatro puntas de la Sala tenemos instalado el concepto de la paz, o sea, que este es un lugar que nos obliga, nos impele a tratar de recorrer el camino de paz y del entendimiento.

Este es un territorio donde además hacemos un ejercicio bastante intenso de procurar convergencias, a veces las alcanzamos, otras veces tenemos más dificultades, pero estamos impregnados por ese espíritu.

Hace muy poquitos días, le cuento, creo que hará dos o tres días, no muchos más, hicimos una sesión sobre el tema de panamericanismo, todos los países del Continente, y fue más catártica que otra cosa, básicamente porque advertimos las dificultades que hay en el tema de la integración y somos bastante conscientes de los desafíos en materia de generar entendimientos, y eso está bastante interesante también, tener de alguna forma el diagnóstico de dificultades que tenemos, una vez que uno tiene eso más o menos visto para después empezar a ir hacia adelante.

Acá tengo un gran amigo que es el Embajador de Honduras. El Embajador de Honduras, usted y yo, y unos cuantos más, tenemos la misma patología, somos todos admiradores de Gabo, pero el Embajador de Honduras que está allí sentado y le va a regalar un libro, que se lo va a regalar a usted y no me lo regaló a mí, yo se lo voy a pedir después, se llama “El último habitante de Macondo”

Usted sabe que para nosotros, para muchos de nosotros, para la inmensa mayoría de nosotros, el tema de Gabo y Macondo es un tema de identidad, nos hace sentir, de una forma u otra, parte de lo que somos y siempre conversamos, algunos que escribimos alguna cosa, que aquello ya no era realismo mágico, aquello era realismo, en el fondo lo que sentíamos cuando leíamos a García Márquez era la identidad sobre el realismo, por eso usted tiene, quizás de alguna forma, un legado de Gabo, el legado de Gabo de que no haya tantos años de soledad para su pueblo, seguramente lo tiene.

Presidente, le agradezco mucho su presencia, el Consejo Permanente está sumamente honrado por esta jornada y es cuento quería decir.

Palabras del Secretario General de la

Organización de los Estados Americanos, señor Luis Almagro LEMES

El PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor Secretario General.

El SECRETARIO GENERAL: Gracias, señor Presidente.

Señor Presidente Gustavo Petro, es un honor recibirlo nuevamente en la Casa de las Américas, y además desearle feliz cumpleaños.

Estimado Canciller Leyva, encantado de que esté con nosotros acá.

[Aplausos.]

Vivimos en una región de paz y eso nos enorgullece como personas que nos identificamos con la región. Pero nuestros países están en riesgo permanente de conflicto y de pérdida de paz interior y eso nos exige un compromiso ético con la paz y con la lucha y con los luchadores por la paz.

Hoy la Organización de los Estados Americanos (OEA) recibe a uno de los líderes más influyentes del mundo y esa distinción hace justicia con la vocación del Presidente Gustavo Petro, porque para luchar por la paz es necesario luchar contra la pobreza, contra la desigualdad y contra la insatisfacción de la población con la democracia.

En ese camino se encuentra hoy Colombia bajo el liderazgo del Presidente Petro.

Es crucial que el Hemisferio aprenda, entienda y absorba de las iniciativas que está emprendiendo Colombia; iniciativas que apuntan a eliminar las condiciones de hacinamiento en la que vive la población más vulnerable, apoyando con recursos al programa “Mi Casa”, por ejemplo; iniciativas para consagrar la salud como un derecho y no como una mercancía, con el rol directriz del Estado, con énfasis en la atención primaria en un sistema de prevención de enfermedades, dignificando a los trabajadores de la salud a través de mejores condiciones laborales, capacitación continua y autonomía médica, e impulsando la ciencia y tecnología en el sector; iniciativas para diversificar la economía y crecer, porque –como el mismo Presidente ha señalado–las barreras para la paz en Colombia se relacionan con economías ilegales, allí donde las soluciones económicas legítimas no se desarrollan, allí encuentra el crimen organizado campo fértil para la economía ilegal, allí donde el Estado no brinda soluciones, donde no hay un Estado de bienestar presente, allí el crimen organizado y el narcotráfico han fijado reglas.

Sin agotar la agenda que usted lleva adelante, también hoy Colombia puede ser ejemplo en materia de planes para el desarrollo sustentable. En el Plan Nacional de Desarrollo su administración, Presidente Petro, incentiva la participación ciudadana en el cuidado del medio ambiente, propone un ordenamiento territorial en torno al agua y crea consejos territoriales del agua con la gobernanza inclusiva integrando a las comunidades indígenas.

El enfoque de coexistencia de comunidades en zonas protegidas es otro ejemplo a seguir por parte de los países de la región, así como la restauración de las zonas protegidas.

De la misma forma lo es el énfasis que se pone en el Plan, en la transformación productiva relacionada a la acción climática, incentivando a las actividades productivas que utilizan energías limpias y plantea iniciativas para la transición energética, para que las comunidades mineras puedan desarrollar proyectos asociativos.

Colombia con estas iniciativas está llevando al terreno y a regiones concretas la consigna “más derechos para más personas”. Colombia está realizando intervenciones que nos movilizan a todos, a todas, a entender y actuar sobre la cosa pública con una escala de valores superiores. Eso es precisamente liderazgo, liderazgo por la paz y por la democracia, es lo que nos une, es la identidad compartida de todos los países que conforman esta Organización.

Frente a la crisis e incertidumbre globales, frente a la polarización económica, social y política, frente a los discursos de odio, la paz es el camino.

Bienvenido, Presidente Petro, su presencia y su vocación por la paz, el desarrollo y la democracia honran esta Casa.

Gracias, señor Presidente.

El PRESIDENTE: Gracias, Secretario General.

[Aplausos.]

Palabras del Presidente de la República de Colombia,

Excelentísimo señor Gustavo Petro Urrego

El PRESIDENTE: A continuación, es para mí un gran honor ofrecer la palabra al Excelentísimo señor Presidente Gustavo Petro, Presidente de la República de Colombia.

Tiene usted la palabra.

El PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA: Gracias.

El PRESIDENTE: A continuación, es para mí un gran honor ofrecer la palabra al Excelentísimo señor Presidente Gustavo Petro, Presidente de la República de Colombia.

Tiene usted la palabra.

El PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA: Gracias.

Presidente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Washington Abdala, a usted le combinan esos dos nombres, varias corrientes humanas del planeta; Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, Luis Leonardo Almagro Lemes; Secretario Adjunto de la Organización de Estados Americanos, Nestor Mendez; Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Colombia, Álvaro Leyva Durán; embajadoras y embajadores, representantes permanentes ante la Organización de los Estados Americanos; funcionarios del Gobierno Nacional de Colombia aquí presentes; y medios de comunicación colombianos e internacionales, un saludo a todas las personas que nos acompañan en el día de hoy.

Un saludo a nuestro Embajador ante los Estados Unidos de América, Luis Gilberto Murillo; al Embajador de Colombia ante la Organización de los Estados Americanos y compañeros ambos, Luis Ernesto Vargas; al Presidente del Congreso de la República de Colombia, Roy Leonardo Barreras; Presidente de la Cámara de Representantes, David Racero; Jefe de Despacho Presidencial, Laura Camila Sarabia, que es la persona, de las más jóvenes aquí, de las que más liderazgo tiene en mi país, en el Gabinete.

Bien, ayer examinando redes sociales, que ahora toca casi que a diario, apareció una noticia de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que es la principal organización de energía del mundo hoy por hoy, que estipulaba cómo América Latina se había convertido en un espacio profundamente estratégico para la transformación del mundo hacía la economía descarbonizada y las energías limpias.

Lo miraba desde una óptica: los minerales que hay en América Latina. Una óptica un tanto tradicional, casi que desde hace más de cinco siglos se nos mira solo por los minerales; antaño, los que generaban la riqueza –o se creía que eran la fuente de la generación de riqueza– el oro y la plata; contemporáneamente, por los fósiles, que son precisamente los que, en su uso a través de la acumulación del capital de la ganancia, que es el motor de la economía contemporánea, pues están a punto de extinguir la humanidad, el petróleo, el carbón, el gas. Y ahora, precisamente, por los minerales que se necesitan –incluso más que antes– para construir la transición energética, el camino de las energías limpias: el cobre, el litio, etcétera. Aquí están los países que tienen la mayor producción mundial y el mayor porcentaje de extracción de estos minerales, como el cobre, como el litio y otros, doce en total.

Es decir que, de nuevo, como en una tercera fase, como en un ciclo permanente y ascendente, otra vez América Latina tiene los minerales que necesita el mundo.

Desde esa perspectiva, indudablemente somos estratégicos si nos juntásemos los países del litio, los países del cobre, los países del zinc, los países del níquel que son parte de estos minerales absolutamente necesarios hoy; y si nos juntáramos sentiríamos lo que significa el poder en una geopolítica que está variando en todo el planeta.

No solamente deberíamos mirarnos desde la perspectiva de los minerales, como siempre se nos ha mirado y siempre nos hemos mirado nosotros. La extracción como el eje central de una actividad económica, que poco de conocimiento tiene, que poco de trabajo genera, que en el fondo nos deja vulnerables, como hasta ahora hemos sido; pero que, si le juntáramos, si le articuláramos otro hecho fundamental en los tiempos que corren, es que no solamente tenemos los minerales que se necesitan para la transición energética, sino que tenemos las mismas energías que el planeta permite que sean utilizables de manera renovable para generar energías limpias: el agua, el sol, el viento.

Eso los indígenas lo habían descubierto hace tiempo.

El agua, el sol y el viento hoy son las fuentes fundamentales para la generación de las energías limpias que son absolutamente imprescindibles si queremos que la vida siga en el planeta en las próximas décadas, porque ya no se puede decir siglos.

Los puntos de inflexión están a punto, disculpen la redundancia, de ser sobrepasados, los puntos de inflexión que no permiten la vida en este planeta, incluida la de la especie humana. Y, aquí, en América Latina, estas dos alas con las que podemos volar –los minerales y las fuentes energéticas– las tenemos, y en demasía.

Las usamos o no. Nos quedamos en la vieja economía extractivista, en el capital fósil, añorando un desarrollo que ya no vendrá por ese camino, o nos ponemos en el nuevo terreno de lo que significan las economías descarbonizadas, las nuevas relaciones de producción, la nueva sociedad, el nuevo poder en el mundo.

¿Cuál es el papel de América Latina en ese nuevo poder? Es un planteamiento que vengo discutiendo, hablando en todos los escenarios donde nos encontramos, el Foro Iberoamericano, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP), el evento rutinario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y que ahora hoy les dejo para su reflexión y su debate.

Claro que no solo de economía podemos hablar, no solo de las nuevas posibilidades, qué escuelas de pensamiento económico latinoamericano, como la vieja Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), hoy deberíamos reconstruir, o potenciar o crear, porque esta es la época de América Latina, si lo queremos. Es en la economía descarbonizada donde América Latina puede ser; es en la vida donde América Latina puede ser. No por nada le pusimos como consigna al Gobierno, y a la campaña electoral que me llevó a este Gobierno, el que podemos ser potencia mundial de la vida, es por esto y no lo podemos hacer solos.

Tampoco lo podemos hacer desde autoritarismos, desde dictaduras.

La OEA es parte de un esfuerzo, quizás muy parcial, quizás con muchos límites, en la construcción de un proyecto democrático en América.

Tampoco lo podemos hacer desde autoritarismos, desde dictaduras.

La OEA es parte de un esfuerzo, quizás muy parcial, quizás con muchos límites, en la construcción de un proyecto democrático en América.

No solo en su origen, quizás por los años setenta, a principios, los liberales –la mayoría hombres, en general, de esa época, el machismo pululaba y aún lo hace– construyeron un acuerdo; un pacto americano, en el sentido que nosotros le damos a la palabra “americano”; un pacto de las Américas, un pacto que yo denomino democrático. En los años 1968, 1969, 1970, en el año 1972, se ratificó en Colombia la Carta Democrática, una Carta que, si se lee, y recomiendo leerla permanentemente, es básicamente una carta liberal, una carta de derechos individuales, que era lo que se consideraba prioritario en aquel entonces; creían, en aquel entonces, que así se le respondía a la revolución socialista cubana.

Paradoja de la historia: se construyó aquella Carta que hoy es la base del sistema interamericano de derechos humanos, al cual, fuera de mi pueblo, debo mi Presidencia, porque alguien se sentó aquí, a nombre de mi país, unos años después que me quitó como funcionario administrativo, no judicial, mis derechos políticos casi que de por vida. Un fascista. Y destruyó, incluso, la posibilidad del recambio político de Colombia. No lo pudo hacer por una decisión, un fallo, una sentencia que decía: ningún funcionario administrativo, solo uno que sea juez penal, puede, y a través de la sentencia, quitarle los derechos políticos a algún ciudadano o alguna ciudadana de las Américas.

Eso precisamente decía el Pacto Democrático, la Carta, lo que todos los Estados aquí presentes ratificamos en años diferentes y que hace parte, en el caso colombiano, de nuestra Constitución y la de muchos de ustedes. La Carta Constitutiva de un proyecto democrático para Colombia, para Perú, para Venezuela, para el Uruguay, para cualquiera de nuestros países, el Proyecto Democrático para las Américas.

¿Qué le pasó a esa Carta? ¿Qué le pasó a ese esfuerzo liberal, en el sentido más amplio de la palabra? A ese esfuerzo de todos los países de nuestro continente por encontrar una senda democrática en nuestro desarrollo.

No pasaron casi dos años, tres años, y fue ensangrentada, fue en Chile ensangrentada la Carta; fue silenciada, y dejó, literalmente, de existir en la historia latinoamericana.

Dos caminos se abrieron casi que de inmediato, que no fueron los de los derechos liberales, que no fue exactamente el proyecto democrático el camino que se asumió en el cono sur de las dictaduras militares. El camino de la tortura, de la desaparición, de la destrucción, del aniquilamiento del ser humano, de la posibilidad pública. El camino que destruyó y cerró, de un portazo, con tanques, con cañonazos y con bombardeos, con cárceles y barrotes, y con sangre y con torturas, el proyecto democrático que se creían los liberales se podía impulsar en todas las Américas.

Y por el otro lado respondimos también –y yo, personalmente– con la insurgencia armada, con las guerras revolucionarias, con las revoluciones: Nicaragua, El Salvador, Colombia, Honduras, y otros países.

Nos abrimos a treinta años, yo diría, de soledad. Treinta años de soledad que dejaron millones de exiliados en Europa, en Estados Unidos, en los rincones de la tierra. Treinta años de soledad que nos separaron como pueblos hermanos; que nos dejaron heridas y cicatrices que aún incluso, por lo menos en Colombia, no se borran; que nos llevaron a las armas y a la violencia, desde el Estado o contra el Estado; que nos llevaron a sociedades del miedo, del pánico, del terror, de lo que pasaría a las cuatro o cinco de la mañana si se oía un camión en la puerta; que nos llevaron a pensar que la democracia era una simple ilusión, que ese proyecto y esa Carta que la mayoría de los latinoamericanos no leímos sino hasta ahora, no existía; que no había una posibilidad democrática para la América Latina, que nuestro destino era confrontarnos incluso con las armas, como se enfrentan hoy muchos pueblos en otras partes del mundo.

Y pasaron esos treinta años de soledad y apareció una primavera como siempre, después de las tormentas; flores aquí, flores allá, decisiones populares, equivocaciones, búsquedas, la libertad renaciendo entre las grietas; la libertad y la democracia, una democracia que no es la misma a la europea, que no es exactamente la misma norteamericana, que no es propiamente occidental porque estamos cruzados por las culturas y los vientos de la diversidad de la humanidad del mundo.

Porque somos eso: una riqueza diversa, donde se nos cruzan entre los apellidos, Presidente, y, sobre todo, entre la sangre, los diversos rincones del planeta en este rincón, también, del planeta que llamamos las Américas.

Y así fue, porque siendo el mundo de hoy, para nosotros, después de dictaduras y después de guerras, construyéndose a través de la palabra paz, de las palabras justicia social y de la palabra democracia.

Y la Cartica de los años setenta revivió, y nosotros ahora en los cargos que tenemos desde nuestros pueblos podemos o volverla a romper o fortalecerla. La Carta Democrática, la de los derechos individuales liberales, que habla de libre expresión, que habla del voto secreto, que habla de los derechos políticos, pero también la podemos enriquecer y se los propongo.

Este mundo de hoy no es exclusivamente de derechos liberales, el esfuerzo constitucional colombiano y muchísimos otros latinoamericanos buscan la ampliación de los derechos más allá del límite del individuo sin desconocerlos. No niega el liberalismo, lo recoge, lo enriquece y lo proyecta hacia otras esferas de la sociedad.

Ahora hablamos del derecho de la mujer, del derecho a la igualdad de la mujer –de las mujeres, en plural–, de igualdad de género. En ese entonces no se hablaba al respecto, no está en la Carta Democrática.

En estos momentos hablamos de los derechos de la naturaleza, porque nos hemos dado cuenta de que, como decían los indígenas ancestrales, si no hay un equilibrio con la naturaleza dejamos de existir. Por tanto, esa naturaleza a lo otro, a los otros, la otra vida tiene derechos que han sido consignados aquí y allá y en algunos fallos empiezan a aparecer, el derecho del río, el derecho del animal, el derecho de la vida, sin el cual la especie humana no puede existir.

La crisis climática hoy nos demanda que podamos entregarle derechos a la naturaleza, ¿dónde están en nuestra Carta Democrática?

Los derechos sociales, los derechos del pueblo trabajador, los derechos de los indígenas y las indígenas a tener su cultura, su autonomía, su propia libertad ancestral para hacer en este mundo contemporáneo ¿dónde están en la Carta Democrática esos derechos? ¿Cuántas sesiones se han realizado para rehacer la Carta Democrática no para limitarla más? Porque, en mi opinión, el proyecto de la democracia en las Américas no es para recortar la Carta de los años setenta, es para ampliarla hacia los derechos contemporáneos que algunos técnicos hoy llaman de cuarta generación; hacia una democracia más viva, más rica que no se encuentra ya en la Europa Occidental ni en los Estados Unidos del norte, que es una lucha de toda la humanidad por traerla como una democracia muchísimo más profunda que la antigua democracia representativa y liberal, sin negarla.

América Latina puede ser el vocero mundial de ese nuevo proyecto democrático, indudablemente revolucionario, cuando hoy nos quieren inundar en los tiempos de la extinción de la humanidad, en años de guerra, en años de sangre, en años de pobreza, en años de hambre, en años de enfermedad, en años de crisis –como decían en Davos, la policrisis, que es la crisis de la existencia de la civilización humana– cuando empieza a percibir que los tiempos de la extinción están a la vuelta de la esquina, si caminamos a ciegas hacia allá.

Yo les propongo rehacer la Carta Democrática, y, en el camino de rehacer la Carta Democrática, arreglar nuestras cuentas.

Indudablemente, no solo yo fui víctima de una ruptura de esa Carta, cuando se me quitaron mis derechos políticos, que recuperé gracias a una sentencia; por eso creo en ese sistema, entre otras cosas.

Han sido miles y miles de latinoamericanos y latinoamericanas, y la crítica no es hacia un lado, sin mirar el otro lado, polarizándonos y destruyendo el mismo contenido de lo que significa un pacto democrático.

Claro que sí me interesa, y lo estoy luchando, que Venezuela reingrese al sistema interamericano de derechos humanos, claro que deberíamos conversarlo con Cuba, que nunca estuvo, que construyó incluso contra los proyectos que se construían en la sociedad cubana.

Pero no miramos el Perú, entonces, ¿no hay allí un Presidente preso sin sentencia judicial, sin sus derechos políticos? Es decir, en contravía de la Carta Democrática.

Nuestros sistemas jurídicos, no solo los nuestros, los de allí, los de los vecinos, ¿aún no están recortados de tal manera o construidos de tal manera que contradicen la Carta Democrática? ¿que se pueden echar presidentes electos porque sí, porque no tienen la mayoría en el Congreso, cuando son electos por el pueblo?

Dice la Carta Democrática que solo una sentencia judicial, de juez penal, quita derechos políticos. Entonces, ¿por qué le están quitando derechos políticos al pueblo si no hay sentencia judicial? No lo vemos. ¿No lo vimos en Honduras? ¿No lo vimos en el Paraguay? ¿No lo vimos en el Brasil? ¿No lo estamos viendo ahora en el Perú? ¿No podría suceder ahora en Colombia o en otro país de los cualquiera aquí presentes? ¿No estamos vulnerando el pacto democrático de las Américas?

En lugar de ir hacia una Carta más amplia de derechos, de profundización de la democracia, hacia un proyecto democrático que haga de América Latina el gran faro mundial de la razón y de la libertad, ¿no estamos yendo hacia atrás? Hacia retraernos en la historia, para que de nuevo los tanques disparen, y las cárceles se llenen y las gentes humildes caigan ensangrentadas en las calles, simplemente por pedir el derecho a existir, y el derecho a tener derechos.

Yo invito a la reflexión; yo invito a que nos confrontemos aquí, sino más bien a que nos rencontremos aquí en el camino democrático.

Porque si nos juntamos, si juntamos y articulamos las posibilidades económicas de la nueva economía –que es absolutamente imprescindible construir en el corto plazo, la economía descarbonizada, cantante hacia la vida, usadora intensamente de las energías limpias y renovables, y de lo que América Latina podría ser– que, al juntar naturaleza, minerales, vientos, sol y agua, podría encontrar el camino de su propia industrialización y, por tanto, de su propia prosperidad.

Si eso es así desde el terreno económico, ¿cómo seríamos si nos articuláramos a un profundo proyecto democrático? del que tenemos en la realidad unos primeros peldaños dados, como el que se expresa en la vieja Carta Democrática liberal, si la profundizáramos, si la democracia fuera el proyecto profundo de América Latina.

Juntar ese mundo político con ese mundo económico que se abre, yo creo que nos abre el gran sendero del que hablaba Allende, entre otras cosas, el gran sendero de las transformaciones, el gran sendero del nuevo papel que las culturas que, como sangres cósmicas, podríamos decir –com

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