OEA - Documento V.1 CIDI RME CD Doc. 3 25 de 2025

Organización de Estados Americanos

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Detalles

Título
OEA - Documento V.1 CIDI RME CD Doc. 3 25 de 2025
Autor
Organización de Estados Americanos
Categoría
Doctrina
Área del derecho
Internacional Público
Año
2025

REUNIÓN DEL COMITÉ DIRECTIVO OEA/Ser. K/V.1

Proceso Ministerial del CIDI – Educación CIDI/RME/CD/doc.3/25

20 de marzo de 2025 7 marzo 2025

VIRTUAL Original: español

PROYECTO DE LIBRO BLANCO PARA LA

DÉCIMO SEGUNDA REUNIÓN INTERAMERICANA DE MINISTROS DE EDUCACIÓN

“HACIA SISTEMAS EDUCATIVOS RESILIENTES EN CONTEXTOS DE CAMBIO”

ÍNDICE

PROYECTO DE LIBRO BLANCO PARA LA

DÉCIMO SEGUNDA REUNIÓN INTERAMERICANA DE MINISTROS DE EDUCACIÓN

“HACIA SISTEMAS EDUCATIVOS RESILIENTES EN CONTEXTOS DE CAMBIO”

ÍNDICE

| | | | --- | --- | | | Página | | INTRODUCCIÓN | 2 | | ANTECEDENTES | 3 | | Situación actual de la educación | 4 | | Retos, necesidades y oportunidades de la región en materia educativa | 5 | | RESPONDER A LOS RETOS | 8 | | OPORTUNIDADES ESTRATÉGICAS PARA LA AGENDA EDUCATIVA | | | Estrategia 1: La investigación como base y punto de partida | 8 | | Estrategia 2: La revalorización de la profesión docente | 9 | | Estrategia 3: Cooperación e intercambio de experiencias | 10 | | Estrategia 4: Acciones específicas desde una perspectiva integral | 10 | | 1. Construcción de sistemas educativos resilientes | 10 | | 1. Prevención del ausentismo y la deserción escolar | 11 | | 2. Recuperación de aprendizajes | 12 | | 1. Literacidad crítica y educación digital 1. Reducir la brecha digital y generar de oportunidades para todos 2. Fortalecer el profesorado en competencias digitales y estrategias pedagógicas activas 3. Integrar el uso eficaz de la tecnología en las aulas | 12 13 13 13 | | 1. Fortalecer los principios democráticos | 14 | | 1. Fomentar la alimentación saludable y actividad física | 14 | | 1. Habilidades del futuro y la formación para el trabajo | 15 | | | | | DÉCIMO SEGUNDA REUNIÓN INTERAMERICANA DE MINISTROS DE EDUCACIÓN ANEXOS | 17 18 |

INTRODUCCIÓN

La Organización de los Estados Americanos (OEA), en el marco del Ciclo Ministerial de Educación del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI), convoca a los Ministros de Educación cada tres años para generar consensos, identificar prioridades regionales y fomentar la cooperación regional para acelerar el desarrollo sostenible e inclusivo en las Américas. La Reunión Interamericana de Ministros de Educación es el principal foro para el diálogo hemisférico y la formulación de políticas en la región, y un espacio clave para identificar áreas concretas de cooperación entre los Estados Miembros. En este proceso, la Comisión Interamericana de Educación (CIE), integrada por los representantes de los Ministros y Ministras de Educación de los Estados Miembros de la OEA, constituye el mecanismo de diálogo ministerial permanente, responsable de desarrollar y dar seguimiento a las líneas de acción establecidas por los Ministros de Educación en respuesta a los mandatos emanados de las Reuniones Interamericanas de Ministros de Educación, las Asambleas Generales de la OEA y el proceso de las Cumbres de las Américas. Además, se orienta a identificar, implementar y fomentar iniciativas multilaterales que faciliten el intercambio de conocimientos, mejores prácticas y cooperación técnica, con el propósito de fortalecer las capacidades de los Estados Miembros y avanzar en el desarrollo educativo de la región. La Secretaría Ejecutiva para el Desarrollo Integral de la OEA (OEA-SEDI), a través de su Departamento de Desarrollo Humano, Educación y Empleo, funciona como secretaría técnica de la CIE.

Los Ministros de Educación se reunirán en Ecuador, en agosto de 2025 para abordar temas críticos en materia educativa con el objetivo de definir políticas, actividades, proyectos y otros “resultados orientados a soluciones” que permitan la construcción y el fortalecimiento de sistemas educativos resilientes en las Américas. En preparación para este encuentro ministerial, este libro blanco resume los temas, desafíos, brechas, oportunidades y otros asuntos importantes que enfrentan los países de las Américas en el sector de la educación en un contexto de cambio.

La educación no solamente es un derecho común a todas las personas, sino que también es una de las vías más efectivas para mejorar los niveles de vida, desarrollar el capital humano en beneficio de toda la sociedad, reducir la pobreza, fortalecer la democracia y promover la inclusión. Desde la creación de la OEA en 1948, la educación ha estado dentro de sus propósitos esenciales. La Carta de la OEA, en su artículo 48, establece que “los Estados miembros cooperarán entre sí para satisfacer sus necesidades educacionales, promover la investigación científica e impulsar el adelanto tecnológico para su desarrollo integral, y se considerarán individual y solidariamente comprometidos a preservar y enriquecer el patrimonio cultural de los pueblos americanos”. Además, establece el CIDI como un foro de diálogo y de cooperación regional continuo, que ha convocado a las autoridades sectoriales desde su primera Reunión Interamericana de Ministros de Educación de la OEA realizada en Brasil en 1998. Asimismo, la Carta Democrática Interamericana en su artículo 16 señala que “la educación es clave para fortalecer las instituciones democráticas, promover el desarrollo del potencial humano y el alivio de la pobreza y fomentar un mayor entendimiento entre los pueblos. Para lograr estas metas, es esencial que una educación de calidad esté al alcance de todos, incluyendo a las niñas y las mujeres, los habitantes de las zonas rurales y las personas que pertenecen a las minorías.”

ANTECEDENTES

ANTECEDENTES

En febrero de 2015, durante la Octava Reunión Interamericana de Ministros de Educación[[1]](#footnote-2) se resolvió trabajar de forma conjunta, y de acuerdo a las legislaciones nacionales, en el establecimiento de una Agenda Educativa Interamericana (AEI) para generar un diálogo entre los Estados Miembros “que permitiera definir áreas prioritarias de acción […] en función de los siguientes mandatos existentes: Educación de calidad, inclusiva y con equidad; fortalecimiento de la profesión docente y atención integral a la primera infancia”. La construcción de dicha agenda se le encomendó a la CIE y ha sido producto del establecimiento de grupos de trabajo y de un compromiso por sumar esfuerzos y contribuir a lo establecido en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Con la AEI los Estados Miembros de la OEA muestran su compromiso con los objetivos globales y, al mismo tiempo, proponen un instrumento que permite trazar metas quinquenales específicas para la región.

La AEI es un espacio de diálogo político y toma de decisiones que se fortalecen y ejecutan a través de la cooperación interamericana, así como a través de la coordinación y articulación de esfuerzos con otros organismos internacionales y entidades regionales y subregionales para promover la continuidad educativa y la generación de oportunidades de aprendizaje permanente a lo largo de la vida para todas y todos sin excepción. La AEI está guiada por los principios de colaboración, intersectorialidad e interculturalismo. Estos principios fueron reafirmados en la Novena Reunión Ordinaria de la CIE en 2021 cuando las autoridades de los Ministerios de Educación ratificaron que uno de los ejes principales de la metodología son los espacios de diálogo y expresaron su deseo de que la segunda fase de la AEI mantuviera el espíritu de colaboración y construcción conjunta. Asimismo, en dicha reunión, los Ministerios de Educación hicieron un llamado a la acción para ampliar el trabajo colaborativo realizado hasta el momento con el objetivo de optimizar la capacidad de los países para generar oportunidades y garantizar la continuidad de la educación para todos en el marco de la Propuesta Hemisférica de Acción para la Continuidad de la Educación (PHACE).

Durante la Décimo Primera Reunión Interamericana de Ministros de Educación celebrada en noviembre de 2022 se adoptó la Agenda Educativa Interamericana 2022-2027[[2]](#footnote-3). Allí, las Autoridades de los Ministerios de Educación de la región identificaron los elementos clave y necesidades emergentes del sector educativo tomando en consideración las necesidades concretas y urgentes tanto a nivel local como regional. Como lo considera la Declaración Hemisférica de Educación “Hacia la construcción de un nuevo Pacto Educativo en contextos de cambio”[[3]](#footnote-4) en noviembre de 2022, se reconoció que la satisfacción de esas necesidades emergentes y el abordaje de los desafíos propios de un mundo postpandemia requieren de la reinvención reflexiva de cómo aprendemos a lo largo de la vida para lograr una educación de calidad, inclusiva y con equidad; sistemas que permitan gestionar y dar respuestas efectivas a interrupciones de diferente naturaleza

En dicha reunión, los Ministerios de Educación confirmaron las acciones que guían la colaboración interamericana en materia educativa en el periodo 2022-2027, agrupados en dos áreas prioritarias: un enfoque sistémico para la construcción de sistemas educativos resilientes con un foco en la recuperación, reparación y reactivación del sector educativo incluyendo el desarrollo profesional y personal, y la formación de las y los docentes y directivos; la agenda de investigación educativa y la atención a personas con discapacidad, el desarrollo socioemocional y el fortalecimiento de los principios democráticos a través de la educación y el diálogo de políticas públicas. Por otro lado, la Agenda Intersectorial guiada por los principios de colaboración, intersectorialidad e interculturalismo se enfocó en la promoción de ambientes educativos saludables y actividad física y en la relación educación-trabajo a través del desarrollo de habilidades del futuro y la formación para el trabajo.

La Decimosegunda Reunión Interamericana de Ministros de Educación, que se celebrará en 2025, se constituye en una oportunidad clave para revalorizar la AEI 2022-2027 en un contexto regional en constante cambio. Aunque muchos de los desafíos previamente identificados persisten y las prioridades establecidas siguen siendo relevantes, los sistemas educativos de la región enfrentan nuevas presiones y demandas que exigen respuestas innovadoras y coordinadas. En preparación a la tercera fase de la AEI 2027-2032, estos próximos dos años representan un momento crucial para que las autoridades educativas fortalezcan el diálogo y la cooperación, impulsando estrategias que permitan construir sistemas educativos más resilientes, inclusivos y preparados para afrontar los retos del futuro.

Situación actual de la educación

La región enfrenta una marcada desigualdad en términos del acceso, la calidad y los logros educativos, afectando de manera desproporcionada a estudiantes de bajos recursos, comunidades rurales y minorías raciales y étnicas, entre otras, Estas brechas evidencian la urgencia de implementar intervenciones específicas que garanticen una educación equitativa y de calidad para todos los estudiantes en América Latina.

Casi cinco años después de la crisis generada por la pandemia, estudios recientes estimas que en América Latina y el Caribe, 9.6 millones de niñas y niños están fuera de la escuela, de los cuales 4.3 millones corresponden a la educación primaria y secundaria baja. Además, las brechas en los logros de aprendizaje son alarmantes: solo el 11.9 % de los estudiantes del cuartil socioeconómico más bajo alcanzan niveles mínimos de competencia en matemática, frente al 45.2 % del cuartil más alto. Las comunidades indígenas también enfrentan grandes desafíos, con solo el 59 % de sus estudiantes completando la educación secundaria, en comparación con el 74 % de la población no indígena. A esto se suma un aumento en la demanda de servicios de educación públicos, con 2.6 millones de estudiantes migrando de la educación privada a la pública, lo que ha generado mayor presión sobre los sistemas educativos estatales.[[4]](#footnote-5)

En cuanto a los desafíos por financiamiento, como se puede ver en el reporte de la UNESCO publicado en 2024,[[5]](#footnote-6) de los 22 países analizados, 9 no alcanzan los umbrales mínimos de inversión educativa recomendados, mientras que solo 8 destinan más del 15 % de su gasto público total a este sector. Aunque en 2020 el gasto en educación como porcentaje del PIB aumentó de 4 % a 4.2 %, posteriormente descendió, evidenciando una disminución de lo que se le asigna al sector.

La pandemia de COVID-19 tuvo un impacto significativo en la educación de América Latina y el Caribe como muestra el informe del Banco Mundial-UNICEF, en colaboración con UNESCO, “Dos años después: salvando a una generación”.[[6]](#footnote-7) América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayor cantidad de semanas de cierre escolar lo que afectó la continuidad del aprendizaje. Se estima que la crisis educativa generó una pérdida de entre 1 y 1.8 años de escolaridad ajustada por aprendizaje en la región. La desigualdad en el aprendizaje también se profundizó, ya que solo el 11.9 % de los estudiantes del cuartil socioeconómico más bajo lograron niveles mínimos de competencia en matemáticas, en comparación con el 45.2 % de los estudiantes del cuartil más alto. A pesar de las diferencias entre países, en promedio, la crisis sanitaria significó 29 semanas de educación completamente remota y otras 33 con enseñanza parcialmente abierta, afectando gravemente la continuidad del aprendizaje y ampliando las brechas preexistentes en la región. Bajo este contexto las desigualdades educativas se profundizaron, especialmente entre los sectores más vulnerables. Antes de la pandemia de COVID-19, el 52% de los niños en la región sufría de pobreza de aprendizajes, es decir, eran incapaces de leer y comprender un texto simple a los 10 años. Este porcentaje podría haber aumentado a más del 70% debido a los cierres prolongados de escuelas y la brecha digital que redujo la eficacia de la educación.[[7]](#footnote-8)

La crisis evidenció las desigualdades en el acceso a tecnología y conectividad, limitando la efectividad de la educación a distancia. Un reciente estudio realizado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) indica que más de 244 millones de personas en América Latina NO posee acceso a Internet. El estudio, que concentró su trabajo en 24 países, revela que un 71% de la población urbana cuenta con opciones de conectividad, ante menos de un 37% en la ruralidad.[[8]](#footnote-9) Una circunstancia que se debe de considerar tanto para la formación de los estudiantes como para los retos de infraestructura.

En un mundo marcado por crisis complejas e imprevisibles, los conflictos, desastres naturales, el cambio climático y las epidemias generan un impacto devastador en la educación. Estas situaciones no solo ponen en riesgo la integridad física y sicológica de toda la comunidad educativa: estudiantes, docentes, directivos docentes, personal administrativo, familias y acudientes, sino que también pueden dañar la infraestructura escolar y provocar interrupciones significativas, con consecuencias profundas en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Retos, necesidades y oportunidades de la región en materia educativa

La necesidad de un enfoque sistémico en la educación se hace cada vez más evidente en el contexto actual, donde la adaptación a los cambios acelerados y la integración de nuevas tecnologías demandan soluciones estructurales y no solo medidas aisladas. El Foro Global de Futuros Educativos J-WEL, en colaboración con la CIE de la OEA, destacó en 2020 la importancia de diseñar sistemas educativos resilientes y flexibles, capaces de responder a las transformaciones en un mundo postpandemia. En lugar de volver a la normalidad previa, se plantea la necesidad de reimaginar el futuro educativo, asegurando que los sistemas de enseñanza sean equitativos, innovadores y alineados con las necesidades del siglo XXI. Solo a través de esta visión integral será posible garantizar que las nuevas dinámicas educativas no solo modernicen el sistema, sino que generen resultados positivos, equitativos y sostenibles en el tiempo.

Entre los retos educativos más importantes se destaca la necesidad de recuperación, reparación y reactivación del sector educativo. Esto implica, recuperar los aprendizajes perdidos, reintegrar a los estudiantes al sistema educativo y tener programas que atiendan el fortalecimiento del mismo de manera integral.

Para abordar estos desafíos, es fundamental priorizar estrategias de acceso y permanencia escolar, fortalecer la capacitación docente y promover programas que permitan reducir las brechas de equidad y calidad educativa en la región. Previo a la pandemia los sistemas educativos no estaban logrando su objetivo fundamental de no dejar a nadie atrás. Hoy ya no puede continuar siendo un simple “llamado a la acción”, sino que se deben tomar medidas claras al respecto ante la agudización que las cifras muestran ante las brechas en educación, La región cuenta con informes, reportes, estados de situación e información que resaltan la severa situación que enfrentan los sistemas educativos. Es hora de actuar sobre esos compromisos ampliamente acordados y generar impacto en cada una de las escuelas de cada uno de los rincones de nuestros territorios.

A pesar de los numerosos informes, publicaciones y reportes sobre el uso de la tecnología en las aulas, el desafío persiste: ¿cómo evitar la repetición de estrategias, implementaciones y proyectos que, tras más de dos décadas de acción en la región, evidenciaron sus limitaciones durante la crisis generada por la pandemia? A pesar de la urgente necesidad de integrar tecnologías en los procesos formativos para garantizar la continuidad educativa, los sistemas siguen sin estar debidamente preparados y sin desarrollar una actitud crítica ante su uso. Por esto resulta importante destacar y promover una literacidad crítica y una educación digital. Ya en la década de 1980, el Informe Mac Bride de la UNESCO (Many Voices, One World, 1980)[[9]](#footnote-10) advertía sobre el peligro de centrar el avance tecnológico en la educación como una simple herramienta, sin atender las desigualdades que podría profundizar. Hoy resulta sumamente significativo revisitar el Informe Mac Bride. En su Prólogo el entonces director general de Unesco, Amadou-Mahtar M’Bow, menciona “Pero estas son solo algunas de las perspectivas ofrecidas por una época que es igualmente capaz de producir lo mejor para el futuro, o lo peor. Tales perspectivas se realizarán solo si se resiste la tentación de poner los medios informativos al servicio de estrechos intereses sectarios y convertirlos en nuevos instrumentos de poder, justificando los ataques a la dignidad humana y agravando las desigualdades que ya existen entre las naciones y dentro de cada una de las propias naciones.”

El entorno informativo actual es complejo y permeado de matices. Las discusiones sobre un posible “retroceso democrático” han ido integrándose gradualmente en la conciencia cultural de nuestra época, aunque las señales han estado presentes desde hace años. En 2018, la UNESCO destacó en su informe Educación para la ciudadanía global en América Latina y el Caribe[[10]](#footnote-11) que la particular historia de exclusión política y la baja confianza social en la región han dificultado la construcción de una ciudadanía global sólida, con un fuerte compromiso democrático. Ese mismo año, la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo publicó su Estudio Internacional sobre Educación Cívica y Ciudadana, donde se reveló que, de los 94.000 estudiantes de secundaria encuestados en 24 países, los jóvenes latinoamericanos demostraron “la comprensión más débil de los temas de cívica y ciudadanía”.

Acorde con el informe Latinobarómetro de 2024, el apoyo a la democracia en América Latina muestra signos de recuperación, alcanzando un 52% en 2024, con un incremento de 4 puntos porcentuales respecto al año anterior, aunque aún lejos del 61% registrado en 2013, lo que habla de una década de retroceso. Sin embargo, la percepción sobre el tipo de gobierno sigue siendo ambigua: 33% de los ciudadanos se muestran indiferentes entre un régimen democrático o autoritario, siempre que el gobierno sea eficaz, mientras que un preocupante 15% prefiere directamente un sistema autoritario.[[11]](#footnote-12) A partir del mismo informe, uno de los principales desafíos de la educación para la democracia en América Latina es la débil formación cívica y política. La falta de comprensión sobre civismo y ciudadanía limita la participación activa de los ciudadanos en la vida democrática, lo que se ve reflejado en el bajo interés por la política y la indiferencia hacia el tipo de régimen de gobierno. Además, la ausencia de educación cívica en los planes de estudio impide que los estudiantes comprendan el valor de la democracia y sus derechos fundamentales, debilitando su capacidad para tomar decisiones informadas. A esto se suma la persistente desigualdad en el acceso a la educación, ya que los sectores más vulnerables tienen menos oportunidades de recibir una formación de calidad que les permita desarrollar competencias ciudadanas. Para promover la democracia en la región, es fundamental el fortalecimiento de los principios democráticos a través de la educación, garantizando una educación que brinde a todos los ciudadanos las herramientas necesarias para ejercer sus derechos y responsabilidades de manera equitativa.

La intersectorialidad es un enfoque clave en la implementación de políticas educativas, que promueve la colaboración entre distintos sectores para lograr un desarrollo integral. En el marco de la Agenda Educativa Interamericana (AEI), este principio, junto con la colaboración e interculturalidad, guía la definición y ejecución de proyectos. En 2019, los Ministros de Educación adoptaron el Plan de Acción de Antigua y Barbuda, reforzando la intersectorialidad y alineándola con iniciativas internacionales como la Agenda 2030 y el ODS 4. A partir de este enfoque, se han establecido diálogos y acciones conjuntas entre los sectores de Educación, Trabajo y Salud, abordando temas como habilidades para el futuro, cualificaciones laborales, ambientes escolares saludables y formación para una vida sana. La intersectorialidad se vuelve así un pilar fundamental para la construcción de sistemas educativos más efectivos, inclusivos, equitativos, sostenibles y de calidad en América Latina y el Caribe.

El entorno escolar desempeña un papel clave en el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes y jóvenes, ya que no solo influye en su aprendizaje, sino también en su bienestar físico, emocional y social, por ello es pertinente contar con programas y políticas de alimentación saludable y actividad física. Un entorno escolar saludable y seguro fomenta hábitos de vida positivos, promueve la actividad física y facilita el acceso a una alimentación equilibrada, contribuyendo a la prevención de problemas como la obesidad infantil. Los datos disponibles muestran que, en las Américas, el 33,6% de los niños y adolescentes de 5 a 19 años tienen sobrepeso y el 14,4% son obesos.[[12]](#footnote-13) Para niños y niñas menores de 5 años en 2020, la prevalencia fue del 7,5%, 2 puntos porcentuales por encima de la media mundial. Ante este panorama, es fundamental que las escuelas refuercen políticas de promoción de la salud y fomenten entornos que impulsen hábitos de vida saludables desde la infancia. Solo a través de un enfoque integral y colaborativo entre el sistema educativo, las familias y la comunidad, se podrá enfrentar eficazmente la creciente epidemia de sobrepeso y obesidad en la región.

Otro de los temas a tratar desde la intersectorialidad es el de desarrollar habilidades del futuro y la formación para el trabajo. Si bien existe un consenso sobre la importancia de fortalecer políticas de capacitación y formación permanente, es fundamental promover programas que contribuyan a hacer frente a las necesidades y retos de un mundo laboral en constante cambio con programas que respondan en términos de equidad, ética y calidad.

La coordinación entre los sistemas educativos y el campo laboral ha sido una prioridad regional durante décadas, pero su importancia se ha intensificado ante los desafíos que plantean la transformación tecnológica, la transición demográfica y el cambio climático. En este contexto, se han identificado cinco prioridades estratégicas clave para fortalecer la vinculación entre educación y mercado laboral. Primero, una educación basada en habilidades fundamentales y transferibles, que prepare a los estudiantes para un mundo laboral en constante evolución. Segundo, el fortalecimiento de la Educación y Formación Técnica y Profesional (EFTP), promoviendo su reconocimiento y resaltando que, en muchos casos, estos programas ofrecen mejores perspectivas salariales que los títulos universitarios. Tercero, la mejora de los servicios públicos de empleo, garantizando el acceso a datos fiables sobre el mercado laboral para una toma de decisiones informada. Cuarto, el avance en la certificación de competencias, validando habilidades adquiridas fuera del sistema educativo formal para ampliar las oportunidades laborales. Finalmente, el desarrollo de sistemas de información prospectiva que permitan identificar tendencias y futuras oportunidades de empleo, contribuyendo así a la formulación de políticas educativas alineadas con las necesidades del mercado.[[13]](#footnote-14)

Un análisis de la UNESCO sobre la Educación y Formación Técnica y Profesional (EFTP)[[14]](#footnote-15) indica que, si bien se han hecho esfuerzos en la región para mejorar su calidad y pertinencia, garantizar el acceso y avanzar en políticas más inclusivas, aún existen numerosos desafíos: la educación técnico-profesional en América Latina presenta una matrícula variable entre los jóvenes de 15 a 24 años, con diferencias significativas entre países. Además, se han identificado deficiencias en los sistemas que aseguren la calidad, especialmente en el nivel medio, lo que limita la efectividad de estos programas y su alineación con las demandas del mercado laboral. Estos factores evidencian la necesidad de fortalecer las políticas y mejorar la calidad educativa para garantizar una educación técnica más accesible y pertinente en la región.

RESPONDER A LOS RETOS

Nuestra realidad educativa exige tomar conciencia de cuál es la situación particular que tiene cada una de nuestras sociedades y, al mismo tiempo, considerar la experiencia, los proyectos y las buenas prácticas que otros países de la región han implementado. Para incidir de mejor forma en cuestiones educativas es fundamental que se involucre a toda la comunidad que interviene en el proceso educativo desde los docentes, los alumnos, padres de familia y tutores hasta los administrativos, directivos y funcionarios locales. Este abordaje podrá generar los mecanismos de transformación que los ecosistemas educativos necesitan para afrontar las brechas de desigualdad que se han acrecentado en los últimos años y para implementar una innovación educativa que permita formar a los estudiantes a lo largo de toda la vida, ofreciéndoles herramientas que les permitan ser capaces de afrontar situaciones de cambio constante.

Las siguientes estrategias buscan promover y destacar las lecciones aprendidas y experiencias de los Estados miembros a fin de construir sobre los avances logrados y aprovechar las oportunidades de la cooperación en el marco de la OEA, promoviendo así el acceso, permanencia y logro educativo de calidad en toda la región.

OPORTUNIDADES ESTRATÉGICAS PARA LA AGENDA EDUCATIVA

Estrategia 1: La investigación como base y punto de partida

La investigación es la mejor forma de estudiar y analizar las políticas existentes, comprender las realidades y los contextos sociales a los que se debe dar respuesta y generar los insumos necesarios para la toma de decisiones tanto en materia de política pública como de intervenciones y acciones educativas oportunas. Al mismo tiempo, la investigación también permite analizar las estrategias educativas que se diseñan, implementan y evalúan, favoreciendo una selección basada en análisis concretos y profundos para considerar sus niveles de eficacia. Algunas acciones concretas para considerar incluyen:

1. Fortalecer políticas y programas educativos con base en investigaciones, garantizando que se sustenten en evidencia y se puedan trazar rutas concretas de acción, y optimización para la toma de decisiones que conlleven el logro de mejores resultados.

2. Establecer espacios de diálogo y vinculación entre los institutos de investigación y los Ministerios de Educación para fomentar una comunicación efectiva y garantizar que los hallazgos científicos aporten a las políticas y prácticas educativas en todos los Estados Miembros. Estos "vasos comunicantes" fortalecen la colaboración interinstitucional y permiten el intercambio de la generación de conocimiento a nivel regional.

3. Generar un inventario de investigaciones e instituciones de investigación existentes en materia educativa y temas relacionados a la Agenda Educativa Interamericana (AEI) en la región para identificar prioridades y vacíos o brechas que se deban cubrir.

4. Compartir experiencias de monitoreo y evaluación que permitan conocer los impactos y el alcance de programas y proyectos existentes. Este proceso permite identificar buenas prácticas, fortalecerlas e implementarlas en otros espacios, adaptándolas a los contextos y necesidades específicas de cada sistema educativo.

5. Promover la publicación y difusión sobre temas ya identificados como prioritarios bajo los cinco Programas definidos en el Plan de Trabajo de la CIE 2022-2025: recuperación, reparación y reactivación del sector educativo; desarrollo de habilidades en contextos de cambio y formación para el trabajo; políticas de alimentación saludable y actividad física en entornos escolares; literacidad crítica y educación

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