OEA - Informe GRIC O.2 INF. 55 25 de 2025
Detalles
- Título
- OEA - Informe GRIC O.2 INF. 55 25 de 2025
- Autor
- Organización de Estados Americanos
- Categoría
- Doctrina
- Área del derecho
- Internacional Público
- Año
- 2025
GRUPO DE REVISIÓN DE LA IMPLEMENTACIÓN OEA/Ser.E
DE CUMBRES (GRIC) GRIC/O.2/inf.55/25
Segunda Reunión Ordinaria de 2025 16 septiembre 2025
11 y 12 de septiembre de 2025 Original: español
Washington, D.C., Estados Unidos
PALABRAS DE APERTURA DE LA PRESIDENCIA DEL GRIC
(Embajador Rubén Silié, Coordinador Nacional de República Dominicana
para el Proceso de Cumbres)
En nombre de República Dominicana reciban todos y todas un saludo cordial.
Permítanme iniciar mis palabras con un sincero agradecimiento al Secretario General, señor Albert Ramdin, quien desde el primer día en que asumió sus funciones, ha mostrado un compromiso firme, transparente y constante por el éxito de la X Cumbre de las Américas y con la Presidencia pro tempore de República Dominicana.
En ese mismo orden, corresponde reconocer el esfuerzo invaluable del equipo de la Secretaría de Cumbres, bajo la dirección de María Celina Conte, cuya dedicación y profesionalismo han sido claves en este proceso.
Del mismo modo, expreso un especial agradecimiento al equipo del Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana (MIREX), que ha asumido su tarea con responsabilidad y visión estratégica.
Quiero destacar el compromiso de los Estados miembros, en especial a aquellos que enviaron comentarios y observaciones al primer borrador de la Declaración de Punta Cana. Cada sugerencia recibida representa no solo una contribución técnica, sino también un reflejo de la voluntad política de los Estados de construir colectivamente una declaración que refleje las prioridades, aspiraciones y desafíos comunes del hemisferio.
Este espíritu de cooperación y corresponsabilidad es la esencia misma del multilateralismo interamericano. Cada voz debe ser escuchada y cada aporte valorado positivamente en el proceso de negociación.
Junto a los estados miembros destacamos los aportes de las entidades que conforman el Grupo de Trabajo Conjunto de Cumbres (GTCC) por sus aportes sustantivos y oportunos.
De manera especial, reconocemos el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para coordinar el foro empresarial. Del mismo modo a las entidades que trabajan en la organización de los foros de la juventud y de la sociedad civil, todos los cuales han trabajado con denuedo en pro del éxito que deseamos.
Su presencia y sus contribuciones son la mejor garantía de que la Declaración de Punta Cana no será únicamente un texto de consensos políticos, sino también un reflejo fiel de las aspiraciones ciudadanas en torno a la democracia y la seguridad humana en todas sus dimensiones, el desarrollo y la prosperidad.
Señoras y señores,
En el contexto actual de la hiperconectividad y transformación, los Estados de las Américas enfrentan desafíos que requieren respuestas articuladas y, fortalecer las organizaciones existentes. Somos conscientes de que persisten grandes brechas en materia de seguridad ciudadana, seguridad alimentaria, seguridad hídrica y seguridad energética, que no son retos menores.
Las dinámicas internas de muchos de nuestros países, caracterizadas por la debilidad de ciertos consensos nacionales y la presión de crisis simultáneas —económicas, sociales, ambientales—, han reducido el margen para impulsar proyectos colectivos de envergadura regional.
Cada país, atendiendo a sus retos nacionales, enfrenta tensiones internas que hacen más difícil alcanzar consensos domésticos amplios que perduren más allá de un ciclo electoral. Esto tiene repercusiones evidentes en el plano regional, donde la posibilidad de concertar posiciones conjuntas encuentra cada vez más obstáculos.
Sin embargo, la interdependencia de nuestros países no disminuye porque existan divergencias políticas internas. Por el contrario, la globalización del comercio, la volatilidad económica internacional y la creciente complejidad de los retos transnacionales hacen que la búsqueda de consensos sea más apremiante.
Por ello, el llamado es a convertir la fragmentación política en un motivo para redoblar los esfuerzos de integración social y económica. Solo logrando consensos hemisféricos podremos tener voz efectiva en las discusiones globales sobre comercio, seguridad y energía. Y esto, sin perder de vista que mientras persisten brechas, las disrupciones que están transformando el mundo actual son rápidas, profundas y a escala planetaria.
Los eventos climáticos extremos, la revolución tecnológica de la inteligencia artificial, las tensiones en las cadenas globales de suministro y la reconfiguración del orden geopolítico internacional son fenómenos que trascienden las fronteras nacionales.
En América Latina y el Caribe, esta afirmación adquiere una especial relevancia. Somos una región con muchos recursos naturales, con fuentes de energía renovable de enorme potencial, con reservas de agua dulce estratégicas y con la mayor biodiversidad del planeta. Pero, a la vez, somos una región particularmente vulnerable ante los eventos climáticos extremos, ante la volatilidad financiera y ante los cambios en la esfera internacional.
La sequía o las inundaciones que afectan a un país inevitablemente repercuten en los vecinos así los problemas de seguridad transnacional —como el crimen organizado y el narcotráfico— no requieren pasaportes ni respetan fronteras. Ninguno de nuestros pueblos podrá enfrentar por cuenta propia las disrupciones que provienen de la acelerada reconfiguración de los modelos de desarrollo que estamos viviendo.
Avanzar hacia una integración más profunda implica construir infraestructuras regionales que garanticen la conectividad logística, digital y energética; requiere armonizar regulaciones para impulsar la inversión y el comercio de modo que compitamos, no solo abaratando salarios ni degradando recursos naturales, sino agregando valor, conocimiento e innovación a nuestra producción.
No obstante, así como se requieren condiciones previas para alcanzar el desarrollo, también debemos reconocer que la seguridad humana constituye un requisito esencial para construir una gobernanza democrática responsable.
La seguridad humana no puede ser entendida únicamente como la ausencia de conflictos armados. Cuando los ciudadanos viven con temor constante ante la violencia criminal, cuando la pobreza limita el acceso a una dieta nutritiva, cuando los precios de la energía se tornan inaccesibles, o cuando las sequías amenazan el acceso al agua potable, resulta imposible consolidar una democracia estable.
Sin esas condiciones básicas, la confianza en las instituciones se erosiona, el desencanto con la política se extiende, y los espacios de diálogo se reducen, generando un círculo vicioso que alimenta el desencanto con la política y la acción pública. Eso explica porque debemos colocar la seguridad humana en el centro de nuestras agendas nacionales y regionales.
Frente a todo esto no debemos olvidar que muy a pesar de las diferencias que hayamos podido confrontar, debemos potenciar los estrechos vínculos históricos, culturales y económicos que nos unen, los cuales, por siglos, han sido la base de nuestra configuración como naciones. Pero aún más, son esos rasgos los que marcan los trazos indelebles de nuestra identidad regional.
Señoras y señores,
Les invito a que trabajemos con ahínco para que la declaración política que estamos discutiendo presente a los jefes y jefas de estado un conjunto de propuestas concretas con acciones que impacten positivamente en la prosperidad de nuestros pueblos.
Señoras y señores,
Les invito a que trabajemos con ahínco para que la declaración política que estamos discutiendo presente a los jefes y jefas de estado un conjunto de propuestas concretas con acciones que impacten positivamente en la prosperidad de nuestros pueblos.
Muchas gracias.