OEA - Informe XLIX.8.MISPA-VIII Inf 6 25 de 2025
Detalles
- Título
- OEA - Informe XLIX.8.MISPA-VIII Inf 6 25 de 2025
- Autor
- Organización de Estados Americanos
- Categoría
- Doctrina
- Área del derecho
- Internacional Público
- Año
- 2025
VIII REUNIÓN DE MINISTROS EN MATERIA OEA/Ser.K/XLIX.8
DE SEGURIDAD PÚBLICA DE LAS AMÉRICAS MISPA-VIII/INF. 6/25
16 y 17 de julio de 2025 25 julio 2025
Santiago de los Caballeros, Original: español
República Dominicana
DISCURSO DEL SECRETARIO DE SEGURIDAD MULTIDIMENSIONAL, SEÑOR IVAN MARQUES DURANTE LA CEREMONIA INAUGURAL DE LA VIII REUNIÓN DE MINISTROS EN MATERIA DE SEGURIDAD PÚBLICA DE LAS AMÉRICAS (MISPA VIII)
16 de julio de 2025 – Santiago de los Caballeros, República Dominicana
Honorable presidente de la República Dominicana, Luis Abinader;
Distinguida Ministra de Interior y Policía, Faride Raful;
Excelentísimos Ministros y Ministras de Seguridad Pública;
Distinguido Comisionado Ejecutivo para la Reforma, Modernización y Transformación Policial de la República Dominicana, Luis García
Altas autoridades aquí presentes;
Representantes de organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil;
Colegas, amigas y amigos,
Muy buenos días a todas y todos. Good morning. Bom día. Bonjour.
En nombre de la Organización de Estados Americanos es un honor darles la más cordial bienvenida a esta Octava Reunión de Ministros en Materia de Seguridad Pública de las Américas ―MISPA VIII―, en la hermosa ciudad de Santiago de los Caballeros, República Dominicana.
Permítanme comenzar reconociendo al Gobierno de la República Dominicana, y en particular al Ministerio de Interior y Policía, por hacer posible este importante encuentro que, desde 2008, se ha consolidado como el principal foro político hemisférico en materia de seguridad pública.
Hoy nos convoca un tema tan urgente como estratégico: la reforma y transformación policial para la seguridad ciudadana con participación social, un objetivo compartido que atraviesa nuestras agendas nacionales, nuestras políticas públicas y nuestras aspiraciones colectivas como región.
La seguridad pública es uno de los desafíos más apremiantes en las Américas. Según cifras recientes, nuestra región sigue concentrando los índices de violencia más altos del mundo, con tasas de homicidios que duplican —y en algunos casos triplican— el promedio global.[[1]](#footnote-2) Asimismo, uno de cada dos homicidios está vinculado al crimen organizado: esto es el doble del promedio mundial. Pero más allá de las cifras, lo que esto refleja es una realidad cotidiana que afecta directamente la vida de millones de personas. Hoy, tres de cada diez hogares han sido víctimas de algún delito en el último año, y más de la mitad de la población declara sentirse insegura en su entorno.
Esta sensación de vulnerabilidad no solo afecta la vida diaria, también impacta el desarrollo económico.[[2]](#footnote-3) Y lo más preocupante: la violencia está debilitando el tejido institucional y el Estado de derecho, socavando la confianza en el Estado y desviando recursos esenciales que podrían destinarse a salud, educación o desarrollo social.
Por todo ello, la seguridad se erige como un pilar esencial para la convivencia democrática, el crecimiento económico y la paz en nuestras sociedades.
Cabe señalar, además, que la criminalidad y la violencia adoptan características distintas según la subregión, el país o la localidad en que se desarrollan, y no afectan a todas las personas por igual.[[3]](#footnote-4)
Frente a esta complejidad, se requieren respuestas firmes, coordinadas e innovadoras.
Las estrategias y modelos tradicionales ya no son suficientes. Las dinámicas del crimen han cambiado: se han vuelto más complejas, más sofisticadas, con una dimensión transnacional y tecnológica cada vez más marcada. Y frente a estas amenazas, necesitamos instituciones flexibles, adaptables, modernas, confiables, eficaces y respetuosas de los derechos humanos.
Aunque necesitemos más integración y, sobre todo, mayor corresponsabilización entre las instituciones del Estado en materia de seguridad, sobra decir que nuestras policías están en el centro de toda respuesta estatal en esta esfera.
En este contexto, la reforma policial no es solo una opción, es una tarea impostergable y estratégica para la construcción de sociedades más seguras, justas y democráticas. Se trata de renovar el contrato social entre las instituciones de seguridad y la ciudadanía. De formar policías más cercanos a sus comunidades, mejor capacitados y mejor remunerados, con herramientas adecuadas para enfrentar eficazmente los nuevos desafíos y con legitimidad para actuar con eficacia y responsabilidad en entornos cada vez más complejos.
En algunos países, las fuerzas policiales enfrentan una crisis de legitimidad, marcada por la desconfianza ciudadana frente a prácticas de corrupción, abuso de poder o incluso vínculos con el crimen organizado. Una reforma integral permite profesionalizar la institución, fortalecer su transparencia y reconstruir la cercanía con la comunidad, recuperando así la confianza pública.
Además, sabemos que una policía moderna debe ir más allá de la reacción: debe estar orientada a la prevención del delito, mediante capacitación continua, el uso de inteligencia y datos, y una mejor articulación interinstitucional.
Si el flagelo de nuestra región se basa en la consolidación del crimen organizado, tanto nacional como transnacional, nuestras policías, como el corazón de la estrategia de seguridad, también deben estar igualmente organizadas.
Lamentablemente, los tiempos actuales demuestran que hacer policía —el trabajo cotidiano de patrullaje y atención a llamados de la población— ya no responde adecuadamente a las necesidades de la seguridad pública. Necesitamos integrar a policías de todos los frentes en una comunión nacional, subregional y hemisférica en la lucha contra el crimen organizado.
Como aprendí en una misión en el Caribe, de un jefe de inteligencia: "solo una red puede combatir a otra red". Y no es posible avanzar sin la participación de todo tipo de policías y profesionales de la seguridad pública.
Así que, reformar la policía también es garantizar que su accionar se base en el respeto irrestricto a los derechos humanos, con formación adecuada, mecanismos efectivos de rendición de cuentas y una clara vocación de servicio, garantizando además condiciones dignas de trabajo y remuneración adecuado para el personal policial.
De esta manera, se fortalece la seguridad ciudadana, se protege a los sectores más vulnerables y se ofrece una respuesta oportuna, justa y equitativa ante el delito en todas sus formas. Pero, sobre todo, una reforma policial robusta es un paso esencial para consolidar nuestras instituciones democráticas, reducir la impunidad y sentar las bases para un desarrollo social y económico sostenible.
Estimados y estimadas,
Hoy, no podemos hablar de seguridad sin hablar también de ciberseguridad. La expansión del entorno digital ha traído enormes beneficios, pero también nuevos riesgos, cada vez más sofisticados, que afectan directamente la vida de nuestras comunidades. El ciberdelito no conoce fronteras: desde fraudes financieros hasta la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes en línea, pasando por ataques a infraestructuras críticas o la manipulación de datos. Por ello, en esta MISPA VIII impulsamos un compromiso renovado para desarrollar capacidades sostenibles y de largo plazo para prevenir y contrarrestar el ciberdelito.
En este esfuerzo colectivo, la Secretaría de Seguridad Multidimensional de la OEA desempeña un papel clave. Nuestra misión es clara: promover la cooperación entre Estados Miembros y coordinar acciones regionales que respondan de manera eficaz a las amenazas a la seguridad. Contamos con el conocimiento técnico, la experiencia acumulada y personal comprometido que trabaja estrechamente con las autoridades nacionales para fortalecer sus capacidades institucionales y operativas.
Una muestra clara de esto es la Red Interamericana de Desarrollo y Profesionalización Policial ―conocida como REDPPOL―, cuya tercera promoción de estudiantes, conformada por 62 oficiales de policía, de 28 Estados Miembros, se estará graduando el día de hoy en el marco de esta Octava MISPA.
Esta importante iniciativa, que nació como una propuesta en el marco de la MISPA V, celebrada en Perú, es hoy una iniciativa consolidada que demuestra que es posible traducir el discurso político en resultados tangibles.
Sin embargo, nuestra labor va más allá de la asistencia técnica: creemos firmemente en la cooperación hemisférica como herramienta esencial para lograr transformaciones reales.
Por eso, buscamos ser un puente entre gobiernos, organismos internacionales, expertos y sociedad civil, facilitando el intercambio de buenas prácticas, información estratégica y recursos. Por la ocasión de esta MISPA VIII, invito a cada una de las delegaciones a apoyar que la OEA pueda transformarse en un verdadero hub de coordinación técnica e política en el combate al crimen organizado transnacional.
Porque los desafíos que enfrentamos —desde el crimen organizado hasta la cibercriminalidad— no conocen fronteras, y solo mediante una cooperación sólida y sostenida podremos construir soluciones duraderas y efectivas.
Queridos amigos,
MISPA es justamente el espacio privilegiado donde estas transformaciones pueden empezar a cobrar forma. Aquí convergen las experiencias, las buenas prácticas y las lecciones aprendidas. Aquí se construyen consensos y se tejen alianzas. Aquí se fortalece la cooperación regional que necesitamos para responder con visión hemisférica a los desafíos compartidos.
En esta octava edición, los temas prioritarios de reforma policial y ciberseguridad nos invitan a mirar hacia adelante. A pensar en estrategias integrales que aborden no sólo la prevención del delito, sino también la protección del espacio digital, el fortalecimiento de capacidades técnicas, y la participación ciudadana como eje transversal de toda política pública.
Desde la OEA, reafirmamos nuestro compromiso de seguir siendo un socio estratégico de los Estados Miembros en este esfuerzo. Apoyamos el diseño e implementación de políticas públicas con enfoque de derechos humanos. Promovemos la profesionalización policial, el fortalecimiento institucional y la cooperación técnica. Y facilitamos estos espacios de diálogo político que son esenciales para la construcción de soluciones comunes.
La seguridad pública no se logra con respuestas aisladas. Requiere consensos políticos duraderos, visión de Estado y voluntad de transformación. Por eso, esta MISPA VIII es una oportunidad que debemos aprovechar al máximo: para dialogar, para comprometernos y, sobre todo, para actuar.
Les deseo el mayor de los éxitos en los dos días de trabajo que tenemos por delante. Desde la Secretaría General de la OEA, reafirmamos nuestro compromiso y plena disposición para seguir acompañando a los Estados Miembros en el fortalecimiento de los pilares fundamentales de nuestra Organización: la promoción de la democracia, la defensa de los derechos humanos, el desarrollo integral y la seguridad con un enfoque multidimensional.
Que esta MISPA VIII sea un espacio de diálogo abierto y de consensos constructivos, y que sea el punto de partida para nuevos acuerdos, reformas audaces y para una mayor cooperación regional en materia de seguridad, en beneficio de nuestras sociedades.
Muchas gracias por su atención.
RM00286S01
Que esta MISPA VIII sea un espacio de diálogo abierto y de consensos constructivos, y que sea el punto de partida para nuevos acuerdos, reformas audaces y para una mayor cooperación regional en materia de seguridad, en beneficio de nuestras sociedades.
Muchas gracias por su atención.
RM00286S01