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OIT - Women and the economy - 30 years after the Beijing Declaration - Versión ES

OIT - Organización Internacional del Trabajo

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OIT - Women and the economy - 30 years after the Beijing Declaration - Versión ES
Autor
OIT - Organización Internacional del Trabajo
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Doctrina
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Laboral
Año

u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 1

Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing

u Beijing+30 sitúa los derechos de las mujeres y el papel que estas desempeñan en un lugar central de la economía. En los treinta últimos años se han realizado progresos hacia la igualdad, pero estos han sido modestos e irregulares. Las crisis, incluida la pandemia de COVID-19, han interrumpido dichos progresos.

u En 2024, el 46,4 por ciento de las mujeres en edad de trabajar estaban empleadas, en comparación con el 69,5 por ciento de los hombres. En más de 30 años, la brecha de género en el empleo solo se ha reducido cuatro puntos porcentuales, y los países de ingresos altos y de ingresos medianos bajos han mostrado la mayor reducción. Si se sigue avanzando a este ritmo, la consecución de la igualdad de género en las tasas de empleo en todo el mundo llevará más de 190 años.

u Entre 2004 y 2024, se han realizado progresos en la reducción de las desigualdades de género en los ingresos anuales por trabajador, en todos los grupos de países clasificados según sus ingresos, especialmente en los países de ingresos bajos. Sin embargo, a escala mundial, las mujeres empleadas continúan percibiendo un salario considerablemente inferior en promedio al de los hombres, trabajan menos horas remuneradas, y están sobrerrepresentadas en el empleo informal en los países tanto de ingresos bajos como de ingresos medianos bajos. u En todo el mundo en 2024, las mujeres trabajaban aproximadamente 6 horas y 25 minutos menos por

sobrerrepresentadas en el empleo informal en los países tanto de ingresos bajos como de ingresos medianos bajos. u En todo el mundo en 2024, las mujeres trabajaban aproximadamente 6 horas y 25 minutos menos por semana que los hombres en un empleo remunerado. Sin embargo, las mujeres dedicaban 3,2 veces más horas que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. En todo el mundo, las responsabilidades de cuidado excesivas y desiguales mantienen a 708 millones de mujeres fuera de la fuerza de trabajo.

u En 2023, las mujeres solo ocupaban el 30 por ciento de los cargos directivos en todo el mundo, lo que representa una pequeña mejora en los dos últimos decenios. Los países de ingresos bajos han demostrado progresos considerables, ya que la representación de las mujeres en los cargos directivos ha aumentado del 24,7 al 36,5 por ciento.

u Las mujeres tienen 1,6 veces más probabilidades que los hombres de ser objeto de violencia y acoso sexuales en el mundo del trabajo, y las mujeres jóvenes y migrantes corren un mayor riesgo.

u La Plataforma de Acción de Beijing continúa siendo una fuerza poderosa para defender los derechos de las mujeres, inclusive en el mundo del trabajo. Beijing+30 sirve para recordarnos que, si bien la búsqueda de la igualdad de género sigue siendo un reto hoy en día, esta búsqueda no es solo una respuesta a la desigualdad, sino también una solución contundente. Promover la igualdad de oportunidades y de trato en el mundo del trabajo puede impulsar el desarrollo económico, mejorar la productividad en el lugar de trabajo y fomentar sociedades resilientes.

desigualdad, sino también una solución contundente. Promover la igualdad de oportunidades y de trato en el mundo del trabajo puede impulsar el desarrollo económico, mejorar la productividad en el lugar de trabajo y fomentar sociedades resilientes.

Principales mensajesu Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 2 Introducción En 1995, la Cuarta Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Beijing, supuso un compromiso histórico de promover la igualdad, el desarrollo y la paz para las mujeres en todo el mundo. Treinta años después, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing continúa siendo el marco más integral e influyente para promover los derechos de las mujeres. Doce esferas fundamentales1 y sus medidas y objetivos estratégicos conexos indican los compromisos generales de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing con los derechos de las mujeres. Para la OIT, el tema de «La mujer y la economía» refleja el papel esencial que siguen desempeñando sus mandantes al configurar ámbitos de política clave y lograr los objetivos estratégicos, apoyándose en el extenso corpus de normas internacionales del trabajo de la OIT. Esta esfera esencial proporciona un análisis detenido de las diversas formas de discriminación por motivo de género en el mercado de trabajo y sus causas fundamentales — retos que continúan siendo sumamente pertinentes hoy en día. Desde 1995, «La mujer y la economía» sigue orientando la labor de la OIT para promover la igualdad de oportunidades y de trato entre las mujeres y los hombres en el mundo del trabajo, tal como se refleja en la

Desde 1995, «La mujer y la economía» sigue orientando la labor de la OIT para promover la igualdad de oportunidades y de trato entre las mujeres y los hombres en el mundo del trabajo, tal como se refleja en la Declaración del Centenario de la OIT para el Futuro del Trabajo. La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing fue innovadora al reconocer el trabajo de cuidados no remunerado como una cuestión económica y poner de relieve su impacto en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Identificó la manera en que los procesos de reestructuración macroeconómica afectaban desproporcionadamente a las mujeres, conduciendo a la pérdida de empleos y obligando a muchas mujeres a trabajar en la economía informal. La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing también reconoció que, debido a su falta de poder de negociación, las mujeres a menudo se veían obligadas a aceptar salarios bajos y condiciones de trabajo deficientes. Además, su análisis

1 Las doce esferas fundamentales son la pobreza; la educación y la capacitación; la salud; la violencia; los conflictos armados; la economía; el ejercicio del poder y la adopción de decisiones; los mecanismos institucionales; los derechos humanos; los medios de difusión; el medio ambiente; y la niña. 2 Desde 1995, ha aumentado el número de países que se han comprometido formalmente a promover la igualdad de género en el sobre el impacto de la violencia y el acoso en las mujeres en el mundo del trabajo sigue siendo muy pertinente. Treinta años después, persisten muchos de los obstáculos y dificultades mencionados por los signatarios de Beijing,

sobre el impacto de la violencia y el acoso en las mujeres en el mundo del trabajo sigue siendo muy pertinente. Treinta años después, persisten muchos de los obstáculos y dificultades mencionados por los signatarios de Beijing, lo que pone de relieve la urgencia continua de afrontar estos retos. En Beijing, la OIT afirmó una gran verdad: «Todas las mujeres son mujeres trabajadoras». Desde su creación en 1919, la OIT ha sido la principal defensora de la igualdad de oportunidades y de trato para todas las personas en el mundo del trabajo, desempeñando un papel crucial en la elaboración de normas internacionales del trabajo sobre temas como la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor, la no discriminación en materia de empleo y ocupación, la protección de la maternidad, los trabajadores con responsabilidades familiares, y la violencia y el acoso, entre otros convenios fundamentales. Más recientemente, la Resolución relativa al trabajo decente y la economía del cuidado, de la OIT, de 2024, reconoce que una economía del cuidado sólida y que funcione bien es fundamental para el bienestar humano, social, económico y ambiental, y para hacer realidad la igualdad de género. En general, en los treinta últimos años, el compromiso de los países de promover la igualdad de oportunidades y de trato en el mundo del trabajo ha aumentado, tal como se refleja en el número creciente de países que ratifican y aplican las normas internacionales del trabajo.2 Sin embargo, estos compromisos no siempre se han traducido en la igualdad sustantiva, y los resultados de las mujeres en el mundo del trabajo continúan siendo desiguales y modestos. Beijing+30 sirve para recordarnos que la búsqueda de la

embargo, estos compromisos no siempre se han traducido en la igualdad sustantiva, y los resultados de las mujeres en el mundo del trabajo continúan siendo desiguales y modestos. Beijing+30 sirve para recordarnos que la búsqueda de la igualdad de género sigue siendo un reto hoy en día, exacerbado por la rápida evolución del mundo del trabajo. Múltiples crisis superpuestas – entre ellas los conflictos, el sobreendeudamiento, la crisis del costo de la vida y la pandemia de COVID – han aumentado las desigualdades y los riesgos, haciendo que la toma de medidas urgentes revista más importancia que nunca. Al mismo tiempo, las transiciones demográficas, tecnológicas y ambientales están remodelando el mercado de trabajo, planteando mundo del trabajo. En aquel momento, 126 Estados Miembros habían ratificado el Convenio sobre igualdad de remuneración,1951 (núm. 100), y 122 Estados Miembros habían ratificado el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111). El 5 de marzo de 2025, hemos contabilizado 174 y 175 ratificaciones de estos dos Convenios fundamentales, respectivamente. Desde su adopción, el Convenio sobre la violencia y el acoso, 2019 (núm. 190) ha sido ratificado por 49 países.u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 3 tanto retos como oportunidades para el desarrollo económico inclusivo y la formulación de políticas con perspectiva de género. La presente nota ofrece una visión de conjunto estadística actualizada y completa de la situación actual en cuanto a la igualdad de género en el mundo del trabajo 30 años después de la Plataforma de Acción de Beijing. Al utilizar

perspectiva de género. La presente nota ofrece una visión de conjunto estadística actualizada y completa de la situación actual en cuanto a la igualdad de género en el mundo del trabajo 30 años después de la Plataforma de Acción de Beijing. Al utilizar indicadores del mercado de trabajo y datos primarios y secundarios, y adoptar una perspectiva multidimensional, esta nota proporciona tanto tendencias históricas como un análisis más reciente de la evidencia de la (des)igualdad de género en el mundo del trabajo. A medida que se aproxima el plazo establecido en 2030 para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), fortalecer esta base empírica es esencial para orientar la acción de política efectiva, con miras a lograr un cambio sostenible y un mundo del trabajo que funcione para todos los hombres y todas las mujeres, sin dejar a nadie atrás. Desigualdades de género persistentes en el mundo del trabajo Las desigualdades de género en el mundo del trabajo siguen siendo un problema importante y persistente a escala mundial. Estas desigualdades están profundamente arraigadas, y son el resultado de múltiples desventajas combinadas a las que se enfrentan las mujeres al incorporarse al empleo y permanecer y progresar en él, y al obtener un trabajo decente. Las desigualdades de género en el mundo del trabajo se reflejan en las diferencias tanto en las oportunidades de empleo como en la calidad del empleo. En primer lugar, las mujeres se enfrentan a tasas de empleo más bajas, lo que muestra los obstáculos persistentes para acceder a oportunidades de empleo. En segundo lugar, las disparidades persisten incluso en la población empleada. Las mujeres que están empleadas, ya sea como

las mujeres se enfrentan a tasas de empleo más bajas, lo que muestra los obstáculos persistentes para acceder a oportunidades de empleo. En segundo lugar, las disparidades persisten incluso en la población empleada. Las mujeres que están empleadas, ya sea como trabajadoras asalariadas o como trabajadoras por cuenta propia, dedican en promedio menos tiempo a realizar un trabajo remunerado, y están sobrerrepresentadas en los empleos peor remunerados, a menudo con un acceso limitado a la protección social. Estas desventajas combinadas se traducen en grandes diferencias en el total de ingresos provenientes del trabajo que perciben las mujeres y los hombres: colectivamente en 2024, los ingresos provenientes del trabajo obtenidos por todas las mujeres a escala mundial apenas superaron la mitad de los percibidos por todos los hombres.3 Si bien en los dos últimos decenios se han realizado ciertos progresos encaminados a cerrar las brechas de género en términos de ingresos provenientes del trabajo, estos progresos han sido modestos y desiguales en todas las regiones y grupos de países clasificados según sus ingresos. Combatir las desigualdades de género en los mercados de trabajo exige medidas específicas que mejoren el acceso de las mujeres al empleo y sus oportunidades de empleo, garanticen la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor, y eliminen las barreras estructurales tanto dentro como fuera de los mercados de trabajo. Brechas en materia de oportunidades de empleo entre las mujeres y los hombres La capacidad de la economía de ofrecer igualdad de oportunidades y de trato para todas las personas puede medirse examinando el porcentaje de personas en edad de trabajar en los diferentes grupos que tienen un

oportunidades de empleo entre las mujeres y los hombres La capacidad de la economía de ofrecer igualdad de oportunidades y de trato para todas las personas puede medirse examinando el porcentaje de personas en edad de trabajar en los diferentes grupos que tienen un empleo. Al examinar las diferencias en las tasas de

3 Las estadísticas sobre la contribución de las mujeres al total de ingresos provenientes del trabajo se han extraído de las Estimaciones modelizadas de la OIT de agosto de 2024 sobre la Brecha de ingresos por motivo de género. Los ingresos provenientes del trabajo incluyen los procedentes del empleo entre las mujeres y los hombres, se observan brechas de género persistentes. Estas son manifestaciones de los profundos obstáculos estructurales a los que siguen enfrentándose las mujeres al incorporarse al mundo del trabajo y permanecer en él, lo cual les impide desarrollar plenamente su potencial. Las brechas de género en el empleo siguen siendo considerables, y los trabajo asalariado y del trabajo por cuenta propia, y se supone que los ingresos provenientes del trabajo de las personas que no tienen un empleo son iguales a cero.u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 4 progresos realizados solo han sido modestos y desiguales Las brechas de género en el empleo, medidas por las diferencias en la tasa de ocupación por género, continúan siendo notorias en el mundo del trabajo.4 En 2024, solo el 46,4 por ciento de las mujeres en edad de trabajar en todo el mundo estaban empleadas, en comparación con el 69,5 por ciento de los hombres – una brecha de 23,1 puntos porcentuales (véase el gráfico 1).5 Si bien la

46,4 por ciento de las mujeres en edad de trabajar en todo el mundo estaban empleadas, en comparación con el 69,5 por ciento de los hombres – una brecha de 23,1 puntos porcentuales (véase el gráfico 1).5 Si bien la brecha de género en el empleo a escala mundial se ha reducido en los tres últimos decenios, al pasar de 27,1 puntos porcentuales en 1991 a 23,1 puntos porcentuales en 2024, estos progresos han sido modestos y desiguales (véase el gráfico A1 del anexo). Esta reducción se ha visto fundamentalmente impulsada por una disminución de 6 puntos porcentuales de la tasa de empleo de los hombres, en lugar de por un aumento significativo de la tasa de empleo de las mujeres, ya que la tasa de empleo mundial de las mujeres descendió 2,3 puntos porcentuales durante el mismo periodo. Esto pone de relieve la necesidad de políticas de empleo con perspectiva de género que creen oportunidades de empleo decente, promoviendo el crecimiento sostenible, inclusivo y con un alto coeficiente de empleo, y el trabajo decente para todas las personas (OIT 2023a). Al ritmo actual, los progresos siguen siendo demasiado lentos, y la consecución de la paridad de género en el empleo a nivel mundial llevaría más de 190 años. Las tendencias de las tasas de ocupación de las mujeres varían considerablemente en las diferentes regiones y grupos de países clasificados según sus ingresos (véase el gráfico A2 del anexo). En 2024, los países de ingresos altos mostraron las brechas de género en el empleo más pequeñas (13,2 puntos porcentuales), fundamentalmente debido al aumento de la tasa de ocupación de las mujeres,

gráfico A2 del anexo). En 2024, los países de ingresos altos mostraron las brechas de género en el empleo más pequeñas (13,2 puntos porcentuales), fundamentalmente debido al aumento de la tasa de ocupación de las mujeres, que pasó del 46,8 por ciento en 1991 al 51,9 por ciento en

2024. En cambio, en los países de ingresos medianos bajos y medianos altos, las tasas de empleo de las

4 La tasa de ocupación – definida como el número de personas que están empleadas como porcentaje de la población total en edad de trabajar (las personas de 15 o más años de edad) – es un indicador clave para evaluar estas disparidades. A diferencia de la participación en la fuerza de trabajo, que incluye a las personas tanto empleadas como desempleadas, la tasa de ocupación muestra la capacidad de una economía para generar oportunidades de empleo y proporciona una visión integral de las disparidades de género en los resultados reales en materia de empleo. En cambio, la participación en la fuerza de trabajo puede ocultar disparidades en los resultados en materia de empleo, en particular para las mujeres, que pueden estar desproporcionadamente representadas entre las personas desempleadas. mujeres se redujeron considerablemente, en 10,8 puntos porcentuales y 7,6 puntos porcentuales, respectivamente.

A nivel regional, los países de las Américas han sido los que han realizado más progresos encaminados a cerrar las brechas de género en el empleo, que cayeron de 28,7 puntos porcentuales en 1991 a 18,1 puntos porcentuales en 2024. Es importante destacar que esto fue impulsado por el crecimiento constante de la tasa de empleo de las

las brechas de género en el empleo, que cayeron de 28,7 puntos porcentuales en 1991 a 18,1 puntos porcentuales en 2024. Es importante destacar que esto fue impulsado por el crecimiento constante de la tasa de empleo de las mujeres en la región, que alcanzó el 50,1 por ciento en

2024. En los Estados árabes, a pesar de que la brecha de género ha disminuido 6,9 puntos porcentuales, la tasa de ocupación de las mujeres continúa siendo la más baja en todo el mundo (el 16,0 por ciento en 2024), lo que muestra 5 En la presente nota, a menos que se mencione explícitamente lo contrario, todas las estadísticas a nivel mundial, regional y de los países clasificados según sus ingresos proceden de la colección de Estimaciones modelizadas de la OIT. Las estimaciones modelizadas de la OIT proporcionan una serie de estadísticas comparables internacionalmente que incluyen tanto observaciones formuladas a nivel nacional como datos imputados para los países de los cuales se carece de información hasta la fecha, a fin de que, para cada año, puedan computarse estimaciones mundiales, regionales y de los países clasificados según sus ingresos, con una cobertura coherente de los países. Para más información sobre la serie Estimaciones modelizadas de la OIT, consulte la página específica de ILOSTAT.u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 5 los obstáculos estructurales profundamente arraigados para la participación de las mujeres en el empleo.

La condición de migrante también influye en las oportunidades de empleo para las mujeres. Entre los migrantes, persisten importantes brechas de género, y la tasa de ocupación de las mujeres migrantes es apenas del

para la participación de las mujeres en el empleo. La condición de migrante también influye en las oportunidades de empleo para las mujeres. Entre los migrantes, persisten importantes brechas de género, y la tasa de ocupación de las mujeres migrantes es apenas del 48,1 por ciento, en comparación con el 72,8 por ciento de los hombres migrantes (OIT 2024a). A pesar de las mejoras en el acceso a la educación, las mujeres jóvenes siguen teniendo más probabilidades que los hombres jóvenes de no estudiar, ni trabajar, ni recibir formación El examen de los resultados en materia de empleo en todos los grupos de edad proporciona información adicional sobre el ritmo de los progresos hacia la igualdad de género. En 2024, la brecha de empleo entre las mujeres jóvenes y los hombres jóvenes de entre 15 y 24 años de edad fue de 12,7 puntos porcentuales. Si bien esta brecha es notable, fue considerablemente más pequeña que la diferencia de 26 puntos porcentuales observada para los adultos de 25 años o más. Esta brecha más pequeña entre los jóvenes indica el potencial para obtener resultados más equitativos en materia de empleo a medida que las generaciones más jóvenes realizan su transición a la edad adulta. Sin embargo, el aumento de las brechas de empleo a medida que los jóvenes realizan su transición a la edad adulta también suscita preocupación por la acumulación de desventajas a lo largo de la vida, lo cual refuerza las desigualdades de género de una generación a otra. En los dos últimos decenios, la brecha de género en el empleo juvenil solo se ha reducido dos puntos porcentuales, y las tasas de empleo han disminuido 6

género de una generación a otra. En los dos últimos decenios, la brecha de género en el empleo juvenil solo se ha reducido dos puntos porcentuales, y las tasas de empleo han disminuido 6 puntos porcentuales para las mujeres jóvenes y 8,1 puntos porcentuales para los hombres jóvenes. Sin embargo, aunque el porcentaje de hombres jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni reciben formación («ninis») se ha mantenido estable, la tasa de «ninis» entre las mujeres jóvenes se ha reducido 4,6 puntos porcentuales en todo el mundo desde 2005 (véase el gráfico 2), lo cual refleja que las mujeres jóvenes participan cada vez más en la educación y la formación – al pasar del 31,3 por ciento en 2005 al 41,8 por ciento en 2024.6

6 Las estadísticas sobre el porcentaje de mujeres jóvenes que reciben educación o formación un año determinado se obtienen restándole a 100 la tasa de ocupación de los adultos (de entre 15 y 24 años de edad) y la tasa

de «ninis». Todas las estadísticas se obtienen utilizando los indicadores obtenidos de las Estimaciones modelizadas de la OIT.u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 6 Sin embargo, estos logros educativos aún deben traducirse plenamente en oportunidades significativas en el mercado de trabajo (Stoevska 2021; Bentaouet Kattan y Murad Khan 2023). Los obstáculos estructurales y las mentalidades sociales también continúan limitando desproporcionadamente las oportunidades de las mujeres jóvenes para el empleo y el desarrollo de competencias, y en 2024 las mujeres jóvenes

Murad Khan 2023). Los obstáculos estructurales y las mentalidades sociales también continúan limitando desproporcionadamente las oportunidades de las mujeres jóvenes para el empleo y el desarrollo de competencias, y en 2024 las mujeres jóvenes seguían teniendo considerablemente más probabilidades que los hombres de ser «ninis» en la mayoría de las regiones y grupos de ingresos. A fin de cerrar estas brechas, las políticas deben ir más allá, ampliando el acceso a la educación. Se necesitan medidas específicas para apoyar la transición de las mujeres jóvenes a la fuerza de trabajo, armonizando los sistemas laborales, sociales y de cuidados para permitir el empleo sostenible. Déficits de trabajo decente para las mujeres en el empleo Incluso cuando las mujeres están empleadas, se enfrentan a grandes desigualdades de género en la manera en que experimentan sus empleos. En esta sección se analizan las desigualdades de género en los ingresos y el tipo de trabajo que realizan las mujeres y los hombres. Las desigualdades de género en los ingresos se han reducido, pero siguen prevaleciendo Para la mayoría de las personas en todo el mundo, los ingresos provenientes del trabajo son su principal fuente de ingresos, si no la única, lo que tiene grandes repercusiones en su seguridad financiera y su bienestar general. Estos ingresos pueden provenir del salario pagado por un empleador (empleo asalariado) o pueden ser ingresos generados a través del trabajo independiente (empleo por cuenta propia). Las mediciones tradicionales de las brechas de género en el salario se centran en los trabajadores asalariados e identifican desigualdades salariales considerables entre

ser ingresos generados a través del trabajo independiente (empleo por cuenta propia). Las mediciones tradicionales de las brechas de género en el salario se centran en los trabajadores asalariados e identifican desigualdades salariales considerables entre las mujeres y los hombres. La brecha salarial por hora7 muestra que el salario por hora percibido por las mujeres asalariadas es el 87,1 por ciento del salario por hora percibido por sus homólogos masculinos en los países de ingresos medianos bajos, el 82,0 por ciento en los países de ingresos medianos altos, y el 88,5 por ciento en los países de ingresos altos (OIT 2024b). Sin embargo, la brecha salarial refleja la realidad de aproximadamente la mitad de los trabajadores, ya que el trabajo por cuenta propia constituye casi el 50 por ciento de la fuerza de

7 La brecha salarial se refiere a la brecha salarial de género ponderada por factores según salarios por hora. La brecha salarial por hora se transforma en una proporción de género en el salario por hora para facilitar la comparación, y se calcula como el salario por hora promedio de las mujeres dividido por el salario por hora promedio de los hombres. trabajo mundial, el 80 por ciento en los países de ingresos bajos y el 68 por ciento en los países de ingresos medianos bajos.8 Los trabajadores por cuenta propia también tienen más probabilidades de estar representados en la mitad inferior de la distribución de los ingresos (OIT 2024b). Asimismo, la brecha salarial por hora, además de excluir a las personas que trabajan por cuenta propia, no tiene en cuenta las diferencias en las horas de trabajo remuneradas, y las mujeres trabajan

ingresos (OIT 2024b). Asimismo, la brecha salarial por hora, además de excluir a las personas que trabajan por cuenta propia, no tiene en cuenta las diferencias en las horas de trabajo remuneradas, y las mujeres trabajan muchas menos horas remuneradas que los hombres. Considerando tanto los trabajadores asalariados como los trabajadores por cuenta propia, al igual que las brechas de género en las horas de trabajo remuneradas, las brechas en los ingresos anuales promedio entre las mujeres trabajadoras y los hombres trabajadores son notorias. En 2024, las mujeres trabajadoras solo ganaban 77,4 céntimos por cada dólar que ganaban sus homólogos masculinos. Como se observa en el gráfico 3, la proporción de género en los ingresos por trabajador aumentó 7,3 céntimos, partiendo de 70,1 céntimos de dólar en 2004. En todos los grupos de países clasificados según sus ingresos, la proporción de género en los ingresos por trabajador es más alta en los países de ingresos altos y de ingresos medianos altos, y las mujeres empleadas ganan 73,0 céntimos y 71,9 céntimos, respectivamente, por cada dólar ganado por sus homólogos masculinos (véase el gráfico A3). En cambio, por cada dólar que ganan los hombres trabajadores en los países de ingresos medianos bajos, las mujeres empleadas solo ganan 55,4 céntimos, y en los países de ingresos bajos esta cifra cae a 45,7 céntimos. 8 Las estadísticas sobre el porcentaje de trabajo por cuenta propia en el empleo total provienen de las Estimaciones modelizadas de la OIT del

en los países de ingresos bajos esta cifra cae a 45,7 céntimos. 8 Las estadísticas sobre el porcentaje de trabajo por cuenta propia en el empleo total provienen de las Estimaciones modelizadas de la OIT del empleo por sexo y situación en el empleo, noviembre de 2024.u Las mujeres y la economía: 30 años después de la Declaración de Beijing 7

A pesar de los progresos limitados encaminados a afrontar los obstáculos para el empleo, como se observa a través de las tasas de ocupación, entre 2004 y 2024 se realizaron avances considerables con miras a reducir las desigualdades de género en los ingresos por trabajador en todos los grupos de países clasificados según sus ingresos. Las mejoras más destacadas se observan en los países de ingresos bajos, donde los ingresos de las mujeres trabajadoras aumentaron de 33,3 céntimos por cada dólar ganado por los hombres trabajadores en 2004 a 45,7 céntimos en 2024 (véase el gráfico A3). Las mujeres en promedio dedican menos horas por semana a realizar un empleo remunerado También se observan grandes diferencias de género en el número de horas por semana trabajadas a cambio de una remuneración, tal como se muestra en el gráfico 4. En todo el mundo en 2024, las mujeres empleadas trabajaban aproximadamente 6 hora y 25 minutos menos por semana que los hombres en un empleo remunerado, brecha que persiste en todas las regiones. Esta brecha prácticamente no ha cambiado desde 2005, lo que refleja desigualdades permanentes en los mercados de trabajo que limitan las oportunidades económicas de las mujeres. Sin embargo, es interesante

regiones. Esta brecha prácticamente no ha cambiado desde 2005, lo que refleja desigualdades permanentes en los mercados de trabajo que limitan las oportunidades económicas de las mujeres. Sin embargo, es interesante observar que tanto las mujeres como los hombres trabajaban en promedio aproximadamente dos horas menos por semana en 2024 en comparación con 2025. Es importante señalar que, si bien este indicador pone de relieve grandes brechas de género en el tiempo dedicado al trabaj

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