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PERELMAN - Retórica

Chaim Perelman

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Detalles

Título
PERELMAN - Retórica
Autor
Chaim Perelman
Categoría
Doctrina
Área del derecho
Constitucional
Año

TRATADO DE LA ARGUMENTACIÓN luí Sfeá&ferP?

BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA

DIRIGIDA POR DAMASO ALONSO

III. MANUALES, 69

CH. PERELMAN Y L. OLBRECHT5-TYTECA T R A T A DO DE LA A R G U M E N T A C I ÓN

LA NUEVA RETÓRICA

TRADUCCIÓN ESPAÑOLA DE JULIA SEVILLA MUÑOZ e7erardo ^Dehesa ^Davila c^rf-d ¿z/Matoxzm ^Üoriant ^Paxa La, <A{ayox &/lo"iia di Ü^>íoa fe

BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA

EDITORIAL GREDOS

MADRfD

© ÉDITIONS DE L'UNIVERSITÉ DE BRUXELLES, Bruselas, 1989.

© EDITORIAL GREDOS, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1989, para la traducción española.

Título original: TRAITÉ DE L'ARGUMENTATION. LA NOUVELLE RHÉTORIQUE5." ed.

Depósito Legal: M. 27363-1989.

ISBN 84-249-1396-5.

Impreso en España. Frinted in Spain. Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1989. — 6247. <3 ia.t JIulx a aatvEla. jUtoZ,

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

PERELMAN Y LA RETÓRICA FILOSÓFICA LA RETÓRICA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX Mientras que la Edad Media y el Renacimiento entendieron y

cultivaron la dialéctica y la retórica aristotélicas, la Edad Moderna de racionalismo hegemónico, las marginó. Ello significa, por tanto, que la suerte histórica de la retórica ha estado ligada a la valoración gnoseológica que, en las distintas épocas, se ha hecho de la opinión en su relación con la verdad. Para quienes la verdad puede surgir de la discusión y el contraste de pareceres, la retórica será algo más que un simple medio de expresión, un elenco de técnicas estilísticas, como la consideran aquellos para quienes la verdad es fruto de una evidencia racional o sensible. Esto explica que con el predominio del racionalismo y el ' empirismo en la filosofía de los siglos xvn al xix la retórica fuese}5 reducida en los planes de estudio a una especie de estilística. Es I ' con los sistemas característicos de finales del xix y de este siglo j •' (pragmatismo, historicismo, vitalismo, axiología, existencialismo...) cuando se empiezan a sentar las bases para la rehabilitación de la retórica y la teoría de la argumentación. Este resurgimiento de la retórica está también estrechamente relacionado con circunstancias políticas y sociales. El desarrollo en. Tomado del Tratado histórico de retórica filosófica de Jesús González Bedoya, Madrid, Ed. Nájera, 1988. _ ^ Jlzínm <zNcn. Omnia \.?¿n¿t Xa aAi.us.it¿ no ¿.i JVtn. Uod>

k, 8 Tratado de la argumentación nuestro mundo actual de sociedades democráticas, intensa y progresivamente intercomunicadas en lo informativo, lo político y lo eco- , nómico, hace que, como en la Grecia clásica, se despierte en ellas con fuerza la necesidad y el interés por la retórica, por la argumentación, por la persuasión a través del lenguaje 1. E inversamente, (la causa profunda del desinterés y olvido en que yació la retórica en épocas pasadas radicaría en la estructura dogmática, autoritaria, coercitiva, en una palabra, antidemocrática, de aquellas sociedades. En la primera mitad de este siglo, la retórica había degenerado en la enseñanza media europea: una asignatura llamada «Elementos de retórica», recuerda Perelman, venía a reducirse a un aprendizaje de memoria de una lista de figuras retóricas en consonancia con la noción vulgar que identifica retórica con estilo florido, elocuente, un arte del lenguaje. En esta noción se ha perdido ya casi por completo la definición aristotélica (arte de la persuasión), la de Cicerón (docere, movere, piacere) e incluso la de Quintiliano: ars bene dicendi, donde el bene tiene una triple connotación de eficacia, moralidad y belleza. Más concretamente, la retórica que perduró en los planes de estudio durante los siglos xvn, xvm y xix fue la equivalente al Libro III de la Retórica de Aristóteles, es decir, una retórica nada relacionada con la formación de la opinión, sino reducida a manual de estilo o técnica expositiva. Iniciadores de esto fueron los franceses Pierre de la Ramée y Talón (siglo xvn). Por otra parte, si en nuestro siglo ha tardado tanto la retórica en resurgir en Occidente, a pesar de una larga tradición democrática, ello se ha debido al prestigio prepotente de la ciencia positiva, a causa del cual nada se consideraba persuasivo si no se amoldaba a criterios estrictamente científicos, cosa que no cumple la retórica 2. La lógica de nuestro siglo se ha decantado en exclusiva hacia la lógica formal, demostrativa, arrojando así al terreno de lo ilógi1 Cf. Jordi Berrio, Teoría social de la persuasión, Barcelona, Ed. Mitre, 1983, págs. 34-50. 2 Cf. Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, Traiíé de rargumentation (La nouvelle rhétorique), 3.a ed., Éditions de í'Université de Bruxelles, 1976, págs. 37-38. Prólogo a la edición española 9 ,, , co, de lo irracional, todo el contenido de las ciencias humanas y sociales, que, como la ética, se resisten a una formalización sólo posible con verdades umversalmente convincentes, demostrables con pruebas constrictivas 3. -Así, el prestigio que desde finales del siglo pasado había adquirido para el pensador occidental la lógica formal, inducía a ver la retórica como una antigualla irrecuperable. Reducida, pues, la retórica a arte de la expresión, perdió todo\

interés filosófico, no siendo extraño por ello que no aparezca el j término retórica ni en el Vocabulario técnico y crítico de la filoso- ( fía, de André Lalande, ni en la norteamericana Enciclopedia of i Philosophy (1967). Laguna subsanada, sin embargo, por el Diccionario de filosofía de Ferrater Mora. No mejor suerte ha corrido la retórica en los países socialistas, en donde ha sido considerada como un símbolo de una educación formalista, inútil, burguesa, anti-igualitaria. Por esto no es nada extraño que hasta hace apenas unos decenios la opinión predominante sobre la retórica ha sido peyorativa: i sinónimo de artificio, de insinceridad, de decadencia. Incluso ac- ¡. tualmente la retórica todavía tiene connotaciones peyorativas: «es un retórico», «no me vengas con retóricas», etc., son expresiones \ que indican que el término retórica se asocia más o menos con la falsificación, lo insincero, la hinchazón verbal, la vaciedad conceptual... Las causas de esa mala fama aparecieron ya en la época postciceroniana cuando la retórica, por las razones políticas que tan acertadamente analizara Tácito en su Diálogo de oradores, em-1 pezó a perder su dimensión filosófica y dialéctica, reduciéndose pau-l latinamente a un redundante ornamento; en otros términos, la retó- rica aristotélica se vio reducida al Libro III, mientras que los dos; primeros iban siendo relegados 4. 1

J Ibidem, 34-35. 4 Cf. K. Spang, Fundamentos de retórica, Pamplona, EUNSA, 1979, pág. 13. I REHABILITACIÓN ACTUAL DE LA RETÓRICA .f Históricamente, la retórica fue adquiriendo connotaciones nega- • •, -,,' ) tivas a medida que se iba desvinculando de la filosofía con la que v • . ''1 Platón y Aristóteles la habían fecundado. Rehabilitarla significaba, > ! ¿v - ¡ ante todo, devolverla al sitio que ocupaba dentro del corpus filosó- fico en el pensamiento de Platón y Aristóteles. Muchas disciplinas, que han aspirado vanamente a verdades apodícticas sólo contienen opiniones verosímiles, plausibles; por tanto, sus argumentaciones deben permanecer «abiertas» a una continua discusión y revisión. El auge de los medios de comunicación de masas y de la vida democrática en un creciente número de países explican los esfuerzos w que se están realizando en la segunda mitad de este siglo desde ' ' múltiples direcciones para rehabilitar la retórica clásica como arte r de persuasión, porque «en las sociedades contemporáneas, los mé- todos para obtener la adhesión vuelven a tener una gran actualidad; diríamos más, la .tienen en un grado superior a ninguna etapa anterior de la historia» 5. Aunque quizá demasiado lentamente, el pensamiento occidental de esta segunda mitad del siglo xx ha venido rehabilitando esta parte de la lógica aristotélica 6, que es necesaria, según Aristóteles 7, no sólo para la vida práctica (decisión, elección), sino para

la fundamentación de los primeros principios del saber. En efecto, la rehabilitación actual de la retórica es debida sobre todo a filósofos, aunque paradójicamente fuesen éstos quienes la denostaron durante dos mil años. Para muchos filósofos, hoy la retórica es un 5 J. Berrío, op. cit. pág. 12. f 6 No se comprende por qué no se incluyó la retórica dentro del Órganon. ¿Quizá por no haberla considerado parte sino antístrofa (complemento) de ia dialéctica? Creo que aquí radica el principal motivo de su marginación y malentendimiento histórico. ' Tópicos, I 2, 1016, 1-4; Ética nicomáquea, I 3, 10946, 12-28. Citado por Perelmr.n, 1970, pág. 7. Prólogo a la edición española 11 ,, , medio para sacar a la filosofía de su «impás» y darle dimensión j interdisciplinar 8. ( |1 < \1 • Por eso, la nueva retórica está siendo considerada un importans te hallazgo para campos filosóficos como la filosofía del derecho, ^An^ci la lógica, la ética y, en general, para todo aquel saber que dependa de la razón práctica. Por otra parte, resulta lógico que en la rehabilitación de la retó- rica clásica haya influido mucho la rehabilitación de sus creadores, los sofistas, iniciada ya por Hegel. La rehabilitación de la retórica corre hoy pareja con la descon- ¡ ^ fianza progresiva por la lógica formal, iniciada por Schopenhauer ¡

un siglo antes. Para éste las leyes o verdades demostradas son con- ; venciones; teorías científicas (de Ptolomeo, Newton...) demostradas racionalmente han resultado errores crasos. Schopenhauer se adelantó también a Perelman en su aguda visión de la no separabilidad entre la retórica-argumentación y la retórica-ornamentación, pues, para él, escribir negligentemente significa no apreciar las propias ideas expresadas, del mismo modo que una joya no se guarda en una caja de cartón. «El interés excepcional que los filósofos atribuyen últimamente o ^ t n a los problemas del lenguaje, el hecho de que la lingüística es consi-1 > ! ? derada como «ciencia humana global», la rehabilitación de la sofísi tica, la insistencia con que se proclama el alcance reducido de la! : lógica formal, el surgimiento de lógicas no formales, preparan la rehabilitación de la retórica como término, al tiempo que su reintegración en la problemática filosófica» 9. Por todo esto no resulta extraño que algunos neopositivistas muestren al final cierta comprensión hacia la nueva retórica. Así, Carnap reconoce que la lógica formal no sirve para la vida, y, por su parte, Ayer recensiona positivamente, en 1953, Rhétorique et Philosophie, de Perelman 10. 8 Cf. V. Florescu, La rhétorique et la néorhétorique, 2.a ed., París, Ed. Les Belles Lettres, 1982, pág. 4.

9 Florescu, op. cit., pág. 159. 10 París, PUF, 1952, pág. 158. k, 12 Tratado de la argumentación Rehabilitada la retórica en los años cincuenta, su auge es tai que hoy se la ve en «compañía de la cibernética, la sociología, la psicología, las ciencias de la información y de la comunicación, y ello como materia de investigación y como instrumento de creación o de análisis. La rhetorica nova, la retórica científica, se presenta no sólo como retórica literaria, sino como retórica del cine, como retórica de la publicidad, como retórica de la imagen, como retórica general» n. Como observa Alfonso Reyes 12, donde «la antigua retórica halla su prolongación natural... es en esas obras, tan típicas de la cultura americana, que tienen como denominador común el know how: cómo obtener éxito en los negocios, cómo triunfar, cómo hablar bien en público, cómo ganar amigos, etc.». Pero la rehabilitación de la retórica no debe olvidarse de la conexión entre retórica y ética planteada por Platón. Conexión de vital importancia en un mundo de medios de comunicación cada vez más potentes y una propaganda política, ideológica, comercial... cada vez más omnipresente. Estos y otros muchos riesgos del mundo actual exigen que la rehabilitación de la retórica sea filosófica, incluyendo su sentido humanista y ético. «En las circunstancias actuales, en que el humanismo se ve casi sofocado bajo el exceso de especialización, en que la técnica inventa medios diabólicos, capaces de exterminar a la humanidad, la rehabilitación filosófica de la retórica adquiere amplias significaciones. El irracionalismo .y el dogmatismo de todos los matices, la tendencia a minimizar la idea de adhesión libre, bajo el efecto de la persuasión, a un corpus de doctrina y a un programa social se oponen a la resistencia de la retórica, que ofrece una base teórica para la rehabilitación de la dignidad humana, para hacer crecer la confianza en la razón, para la profundización de relaciones inter11 K. Spang, op. cií., págs. 15-16. 12 A. Reyes, Obras completas, t. XIII, México, Ed. Fondo de Cultura Económica, 1961, pág. 58. Prólogo a la edición española 13 ,, , disciplinarias. Repitamos, destino de Ja retórica y destino del humanismo van juntos» 13. Antes de Perelman se producen algunos intentos de rehabilitación de la retórica. Pero estas escasas voces discordantes de la general ignorancia o menosprecio de la retórica no consiguen rehabilitarlas por limitarse a repetir lugares comunes de la antigua, sin asumir verdaderamente su raigambre filosófica; su fracaso se debe, en suma, a la no comprensión del pensamiento aristotélico: en lugar de ver la retórica como antístrofa de la dialéctica, tienden a verla como antístrofa de la poética, es decir, como simple arte ornamental.

PERELMAN Y LA REHABILITACIÓN DE LA RETÓRICA

Al principio de los años cincuenta comienza la rehabilitación de la retórica. Perelman 14, Viehweg y otros van creando una fecunda disciplina conocida como nueva retórica o teoría de la argumentación. Esta corriente supone una marginación de viejos absolutismos contrarios a lo que de retórico hay en el pensamiento, incapaces de ver, como hacen las filosofías contemporáneas, lo que en el lenguaje natural hay de creación, de concepción del mundo, equidistante del puro realismo y de la pura arbitrariedad. Usar un i lenguaje natural supone adherirse a la forma de ver la realidad (con sus tesis, sus prejuicios, sus tópicos) que ese lenguaje comporta. El iiderazgo de la nouvelle rhétorique ie corresponde, sin ninguna duda, a Chaïm Perelman 15. Profundo conocedor de la filosofía, en general, y de ía retórica clásica, en particular, ello le permitió emprender la rehabilitación de ésta, porque se trata de una «vía n Fiorescu, op. cit., pág. 198. í4 El primer trabajo de Perelman sobre el tema de la argumentación fue una conferencia de 1949, publicada un año más tarde bajo el título de Logique et rhétorique y reimpresa dos años más tarde en su primera obra extensa sobre la cuestión, Rhétorique et philosophie, PUF, 1952, a la que siguió, en 1958, Traité de l'argumentation. 15 Vid. Ch. Perelman, Le champ de l'argumentation, Presses Universitaires de Bruxelles, 1970, págs. 221-222.

k, 14 Tratado de la argumentación intermedia entre lo evidente y lo irracional», el «camino difícil y mal trazado de lo razonable» 16. Nació Perelman en Polonia (1912) y desde los 12 años vivió en Bélgica, estudiando derecho y filosofía en la Universidad de Bruselas. Hizo su doctorado sobre la lógica de Frege, el fundador de la lógica formalizada 17. Considero éste un detalle muy valioso, ya que, gracias a él, nadie podrá acusar a Perelman de que su reivindicación de la lógica no formalizada, de la argumentación retórica y filosófica como una realidad susceptible de estudio racional, aunque no reductible al formalismo lógico-científico, obedecía a una incomprensión, por ignorancia o por impotencia, de la lógica formal. Fue profesor en la Universidad de Bruselas. I «El redescubrimiento por Perelman de la retórica arranca de i su primer ensayo sobre la justicia, en el que constata que no se {pueden explicar la regla de justicia ni las normas jurídicas o moraj Ies en términos de lógica formal, cuyas proposiciones son racionaI les y gozan de necesidad y universalidad» I8. En efecto, es estudiando el problema de la justicia {De la justice, 1945), o sea, la inadecuación de la lógica de la demostración j al mundo de los valores y la necesidad de abordar éstos con otra \ lógica, como surge el encuentro de Perelman con la retórica de ;

Aristóteles. De este descubrimiento surge en 1952 el primero de los libros que a lo largo de su vida publicará sobre el conocimiento no formalizado. Es el ya citado Rhétorique et philosophie 39, obra que reco16 Kurí Spang, op. cit., pág. 53. 17 Realizada su tesis doctoral, Perelman publica varios artículos sobre lógica matemática, tales como «Les paradoxes delà logique», en Mind, 1936; «L'équivalence. La définition et la solution des paradoxes de Russell», en L'enseignement mathématique, 1937. 18 Vid. M. Dobrosielski, Retórica y lógica, México, Universidad Nacional de México, 1959 (trad. del polaco por J. Kaminska). 19 No he podido estudiar este libro, que, según parece, se halla agotado. No obstante, algunos de sus trabajos se pueden encontrar, traducidos al inglés, en Ch. Perelman, The new rhetoric and the humanities, Dordrecht (Holanda), D. Reideí Pub. Company, 1979. Prólogo a la edición española 15 ,, , ge numerosos artículos ya publicados, algunos de ellos en colaboración con Olbrechts-Tyteca, autora con la que publicará en 1958 su obra fundamental, el Traité de Vargumentation 20. En 1970 aparece Le champ de l'argumentation, que recoge una serie de estudios publicados en diversas revistas, en los que desarrolla diversos aspectos de su teoría de la argumentación. En 1976 aparece Logique juridique (nouvelle rhétorique), único de sus libros

traducido hasta ahora al español (Lógica jurídica y nueva retórica, traducción de Luis Diez Picazo). Así, pues, una fecha histórica en la rehabilitación de la retórica es 1952, año de la publicación de su obra Rhétorique et philosophie. Prueba de que este resurgimiento no es una moda pasajera, como la de tantos otros «ismos», es la cantidad y la calidad crecientes de las obras a ella dedicadas. La nueva retórica de Perelman pretende rehabilitar la retórica clásica menospreciada durante la Edad Moderna como sugestión engañosa o como^artificio literario 21. Para ello retoma la distin20 El subtítulo de Nueva Retorica para su Tratado de la Argumentación lo justP, fica Perelman con varias razones. La primera rechaza el nombre de dialéctica, que| en el sentido aristotélico de «arte de razonar apartir de opi^n^ gener^mente1, aceptadas» hubiese sido justo, pero que, tras su nueva acepción impuesta en la filosofía actual por Hegel, se ha alejado mucho de su sentido primitivo (pág. 6)." Otra razón es que, habiendo desaparecido el uso filosófico de retórica, resulta útil y necesario rescatarlo. La tercera razón es que la dialéctica pone el acento en lo opinable como algo verosímil, por oposición al razonamiento analítico que tiene por objeto lo necesario; en cambio, la retórica pone el acento en lo opinable como \ algo a lo que se puede prestar diferentes grados de adhesión. Es decir, la argumenta- ' ción, como la retórica, se desarrolla en función de un auditorio.

Es claro que la retórica antigua era «el arte de hablar en público de manera persuasiva» (lenguaje hablado, multitud reunida en un lugar público, tesis objeto de adhesión). Pero nuestra teoría de la argumentación (nueva retórica) no tiene por qué limitar así el medio de expresión ni el auditorio (pág. 7). 21 Ch. Perelman, Le champ de Vargumeritation, cit., pág. 219. «La retórica clásica, el arte de bien hablar, es decir, el arte de hablar (o de escribir) de manera persuasiva, se proponía estudiar los medios discursivos de acción k, 16 Tratado de la argumentación ción aristotélica entre lógica como ciencia de la demostración y dialéctica y retórica como ciencias de lo probable, es decir, de la argumentación. La retórica forma parte, por tanto, de la filosofía, ya que ésta no contiene demostraciones sino argumentaciones; la diferencia entre filosofía y retórica es sólo de grado: mientras que la argumentación retórica va siempre dirigida a un auditorio concreto y particular, al que pretende «persuadir», la argumentación filosó- fica se dirige a un auditorio ideal y universal, al que intenta «convencer». Persuadir y convencer son, pues, las dos finalidades de i la argumentación en general que corresponden, respectivamente, a I la retórica y a la filosofía. Mientras la persuasión connota la conse- ; cución de un resultado práctico, la adopción de una actitud determinada o su puesta en práctica en la acción, el convencimiento no trasciende la esfera mental.

Por otra parte, mientras la ciencia se basa en lo evidente, en premisas verdaderas y necesarias, en pruebas irrefutables y racionales, la filosofía y la retórica replantean siempre los problemas desde el comienzo, aportando pruebas solamente probables, razonables, preferibles, que han de ser aceptadas responsablemente. Lo paradójico de su teoría de la argumentación es que Perelman no llega a ella desde la retórica, a la que en un principio ignoraba. El redescubrimiento de la retórica es fruto de su meditación sobre el conocimiento, la razón, la lógica. Así ve que, desde Descartes, la competencia de la razón ha estado limitada al campo lógicomatemático. Pero este modelo racional único, more geométrico, no es aplicable al campo de las opiniones plausibles, verosímiles, que resulta así un campo abandonado a lo irracional, a los instintos y a la violencia. Por otra parte, las verdades eternas, inamovibles, logradas por el razonamiento formal, resulta que también están histórica, psicológica y sociológicamente determinadas, con lo que el pensamiento apodíctico-demostrativo y el dialéctico-retórico están sobre un auditorio, con vistas a ganar o aumentar su adhesión a las tesis presentadas o su asentimiento». Prólogo a la edición española 17 ,, , más interconectados de lo que una epistemología de corte platónico, cartesiano o positivista quisiera admitir 22. La tarea rehabilitadora de Perelman surge, pues, de la teoría clásica del conocimiento, de la demostración y de la definición de '

la evidencia (un tipo particular de adhesión). Su nueva retórica se va a centrar, pues, en el estudio de las , estructuras argumentativas, aspirando a ser una disciplina filosófica \ moderna con dominio propio: el análisis de los medios utilizados por las ciencias humanas, el derecho y la filosofía, para probar sus tesis 23. La nueva retórica consiste, por tanto, en una teoría de la argumentación, complementaria de la teoría de la demostración objeto de la lógica formal. Mientras la ciencia se basa en la razón teorética, con sus categorías de verdad y evidencia y su método demostrativo, la retórica, la dialéctica y la filosofía se basan en la razón práctica, con sus categorías de lo verosímil y la decisión razonable í y su método argumentativo, justificativo. La razón teorética se su-j pedita a la razón práctica, porque la noción de justicia, alumbrada I por ésta, es la base del principio de contradicción, supuesto funda-/ mental de aquélla. Gracias a este nuevo método argumentativo, Perelman cree que ya es posible aplicar la razón al mundo de los valores, de las normas, de la acción. Tal. va a ser el mayor logro de su teoría de la argumentación, que es un golpe tanto al irracionalismo como al dogmatismo racionalista. Con tal objetivo, Perelman va a investigar la razón concreta y situada. Establece relaciones interdisciplinares, sobre bases nuevas, entre diversas ciencias humanas y la filosofía; margina lo que

la retórica tuvo de estética y teoría de la ornamentación: la ornamentación (delectare) retórica no entra en las preocupaciones de 12 Piénsese en la teoría de los paradigmas científicos (revoluciones en la ciencia) v> de Kuhn. ^ 23 Vid. Fforescu, op. cit., pág. 166. ARGUMENTACIÓN. — 2 k, 18 Tratado de la argumentación la nueva retórica, como no entraba sino tangencialmente en la aristotélica. > Es cierto que el éxito de la obra de Perelman se debe a la favo- • rabie coyuntura de sus tesis: se hacía sentir la necesidad de extender la razón a un campo deí que había sido desterrada desde Descartes. Pero, aparte de su oportunismo, su competencia es indiscutible y su mérito indudable. Por otra parte, Perelman tuvo ocasión de poner en práctica sus ideas con su actividad en la UNESCO, en la que destaca la simpatía demostrada por los países socialistas, en uno de los cuales, Polonia, nació y vivió hasta los doce años 24. Perelman podría ser considerado el Cicerón del siglo xx, en cuan-, V^A , to que gracias a él se opera una transición «inversa» en la retórica: iu .^u de j ornamental a la instrumental, correspondiendo al diagnóstico a tv\ de Tácito de que democracia y retórica son inseparables. Si bien la democracia política, «formal», ya era un hecho secular en la r.M\U mayoría de los países europeos, y-ello podría contradecir a Tácito 'V\-«/ / Por haber existido democracia sin retórica instrumental, sin embar-

  • Y go, la verdadera democracia cultural sólo ha llegado a Europa con ' H<A el pleno desarrollo de los medios de comunicación de masas.

Su Tratado de la argumentación (1958) podría ser valorado, sin incurrir en exageración, como uno de los tres grandes de la historia de la retórica, ai lado del de Aristóteles y el de Quintiliano. Sobre la cantidad y la calidad de la aportación de la colaboradora de Perelman, L. Olbrechts-Tyteca, a su obra en general y sobre todo al Tratado de la argumentación, no podemos hacer sino conjeturas. Parece que en el Tratado ésta se limitó a buscar y seleccionar los textos antológicos que ilustran la teoría. Por cierto, creo que tiene razón Oleron al lamentarse de que estos textos ilustrativos del Tratado no estuviesen tomados de la prensa contemporánea, en lugar de ir a buscarlos en los autores clásicos. La comodidad 24 Vid. Ibidem, pág. 168. Prólogo a la edición española 19 ,, , de esta opción es evidente, pero el anacronismo de que adolecen dichos textos les resta interés y claridad. Una de las pruebas más ciaras del éxito del pensamiento perelmaniano es, sin duda, el haber creado escuela. Desde los años 60, en torno a Perelman se fue consolidando el llamado Grupo de Bruselas, de modo similar a como en torno al maestro de Perelman, el suizo Gonseth, había surgido el Grupo de Zurich, del que Perelman fue también uno de sus más destacados miembros. Las aportaciones del Grupo de Bruselas son de lo más importante para la actual filosofía del derecho y prueba de la fecundidad interdisciplinar de la teoría de la argumentación. Bntre Rhétorique et philosophie (1952) y el Traité de l'argumentation (1957), la polaca Marian Dobrosielski publica un trabajo 25 crítico que pone de manifiesto las carencias iniciales de Perelman, así como la evolución y los avances que representó el Traité, que vino a resolver varias de las objeciones de Dobrosieslki. Empieza echando en falta Dobrosielski un desarrollo sistemático de una teoría retórica, aunque reconoce que Perelman ya lo tiene prometido: será, precisamente, el Traité 26. Rhétorique et philosophie es, en efecto, una recopilación de artículos publicados en revistas; por eso parece injusto ese reproche de asistematismo. Para Dobrosielski, las principales objeciones que se le pueden plantear a esta obra de Perelman, que trasluce claramente el intento de rehabilitar la retórica aristotélica enriqueciéndola y adaptándola al mundo actual, serían las siguientes: — Fallan los principios filosóficos que sirven de base al concepto de retórica. — No consigue hacer de la retórica una disciplina científica independiente. 25 Es un artículo titulado «Logika a retoryka» y publicado en la revista de la Universidad de Varsovia, núm. 4, 1957. Marian Dobrosielski hace en él una crítica de «Rhétorique et Philosophie». 26 Vid. Dobrosielski, op. cit. pág. 422.

k, 20 Tratado de la argumentación Toma de la dialéctica de Gonseth principios subjetivistas y relativistas que niegan al conocimiento objetivo del mundo. No logra definir la esencia de la retórica. Su concepto interdisciplinar de la retórica amalgama sociología, rfr. W) i)/, psicología, semántica. No parece tenar un objeto especial (Gorgias). MiV 'fl.Vi.rSe aparta de la práctica, porque no contempla otros modos de persuadir 27. No podemos detenernos a discutir ahora la pertinencia o no de estas objeciones. Limitémonos a subrayar la última, lamentando que Perelman, a lo largo de toda su obra, haya restringido su estudio a los medios racionales de argumentación, distintos de los de V r\, .-í. t. « i la lógica formal, y no contemple apenas otros medios persuasivos .l/íck-;!a menudo más eficaces para alcanzar ese objetivo de conseguir o »I I ' A? YA aumentar la adhesión de alguien a las propias tesis. En este sentido, (u V, o! Perelman sigue la tradición occidental que, como en Pascal y en Kant, tiende a valorar negativamente toda persuasión no estrictamente racional. A pesar de estas limitaciones, Perelman amplía considerablemente el campo de la nueva retórica en comparación con el de la antigua: prescinde de que los argumentos persuasivos sean orales o escritos; se dirige a todo tipo de auditorios aristotélicos correspondientes a ios géneros retóricos deliberativo, judicial y epidíctico; la retórica

aristotélica se había olvidado también del método socràtico-platònico del diálogo, que es el arte de «preguntar y responder, de criticar y refutar», en suma, de argumentar, y que, obviamente, es más dialéctico que los otros tres géneros retóricos 28. Para esta ingente tarea, Perelman sabe aprovechar diversas aportaciones interdisciplinares, como los estudios de psicología experimental de las audiencias (Hollingworth, The Psychology of the Audiences, 1935), con fines de propaganda política, religiosa y co27 Vid. ibidem, pág. 433. 28 Vid. Ch. Perelman, Le champ de l'argumentation, cit., pág. 13. Prólogo a la edición española 21 ,, , mercial, que resultaron provechosas. Por su parte, la sociología del conocimiento (Marx, Durkheim, Pareto) le ofreció también valiosas aportaciones para su tarea eminentemente interdisciplinar 29.

TRASFONDO FILOSÓFI

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