UNESCO - Los medios de comunicación y el terrorismo
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- Título
- UNESCO - Los medios de comunicación y el terrorismo
- Autor
- UNESCO
- Categoría
- Doctrina
- Área del derecho
- Libertad de Prensa
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- —
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization Los medios de comunicación y el terrorismo Manual para periodistas Publicado en 2017 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura 7, place de Fontenoy, 75352 París 07 SP, Francia
© UNESCO 2017
ISBN 978-92-3-200112-2
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Título original: Les médias face au terrorisme: manuel pour les journalistes Publicado en 2017 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura Edición revisada Las denominaciones utilizadas en esta publicación y la presentación del material que figura en ella no suponen la expresión de opinión alguna por parte de la UNESCO sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, ni sobre sus autoridades, ni tampoco sobre la delimitación de sus fronteras o límites.
Las ideas y opiniones expresadas en esta publicación son responsabilidad de los
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Autor: Jean-Paul Marthoz Editora: Mirta Lourenço Foto de portada: © Aija Lehtonen / Shutterstock, Inc.
Traducción al español: Susana Beatriz Boasso
Impreso en Francia Prólogo Difícilmente se puede exagerar la enorme complejidad de la relación que existe entre el terrorismo y los medios de comunicación. Probablemente ningún otro tema haya sido objeto de una cobertura global tan prolífica en los últimos años, ni supuesto un desafío tan grande para que los profesionales de los medios de comunicación mantengan la ética periodística y el equilibrio en sus reportajes. Muchos de los ataques violentos que presenciamos hoy en día se conciben, al menos en parte, teniendo en cuenta la cobertura de los medios de comunicación, convirtiendo así en blancos no solo a las víctimas reales, sino también a millones de espectadores conmocionados y consternados en todo el mundo. Mientras tanto, la tremenda presión que se ejerce sobre los medios de comunicación para atraer a una mayor audiencia ─frente a las continuas olas de transformaciones tecnológicas y financieras─ puede hacer que estos se vean fuertemente tentados a centrarse en la violencia y el sensacionalismo, y a ser los primeros en transmitir información y rumores de última hora, incluso antes de poder asegurarse de su exactitud. Este es el contexto en que la UNESCO encargó la elaboración del presente manual: con el propósito de analizar algunos de los dilemas éticos que surgen en la cobertura del terrorismo e iniciar un diálogo con los profesionales de los medios de comunicación sobre cómo aportar una respuesta adecuada y
proporcionada. Evidentemente, no se trata en absoluto de un llamamiento a transmitir menos información. El periodismo tiene la obligación de proporcionar información verificable en beneficio del interés público, y la audiencia tiene el derecho fundamental de acceder a información exacta y equilibrada, en particular cuando esta pueda tener repercusiones en su propia seguridad o libertad. Ahora bien, cabe preguntarse ¿se cumple este cometido mediante una cobertura ininterrumpida, alertas constantes de última hora y la repetición incesante de las mismas noticias cuando se trata de acontecimientos intrínsecamente concebidos para infundir miedo? En una gran encuesta realizada a 20 000 jóvenes de todo el mundo en 2017, el 83% declaró que el terrorismo le hacía temer por el futuro más que cualquier otro factor –incluidos el cambio climático, las guerras y la desigualdad de ingresos–1. 1 “Generation Z: Global Citizenship Survey”, Varkey Foundation, 2017. ¿En qué medida la cobertura mediática contribuye a los intereses de quienes pretenden generar miedo? ¿Y hasta qué punto esta se inclina hacia una narrativa existente o una idea generalizada de “quién es un terrorista”? Sin duda alguna, el propósito de las palabras utilizadas, los ejemplos citados y las imá- genes mostradas debe ser informar, y no caer en el sensacionalismo. Algunos estudios indican que, aun cuando se controlan otros factores, un ataque perpetrado por musulmanes tiene una cobertura mediática significativamente mayor a la de otros ataques terroristas2. Asimismo, se ha prestado gran atención a los atentados cometidos en los países occidentales, a pesar de que
en 2016 el 96% de las víctimas del terrorismo se contabilizó en África, Oriente Medio y Asia Meridional3. Este tipo de representaciones puede alimentar los estereotipos y la división, además de fomentar las represalias y las reacciones violentas. Los riesgos son reales: en muchos casos se ha observado que los ataques motivados por el odio hacia grupos más amplios que se consideran vinculados a un ataque violento han aumentado drásticamente, incluso varios años más tarde4. Para la UNESCO, en su calidad de organismo de las Naciones Unidas encargado de “erigir los baluartes de la paz en la mente de los hombres y las mujeres”, este problema reviste una importancia particular. Por ello, participamos activamente en la prevención de todas las formas de extremismo violento mediante la educación y el empoderamiento de los jóvenes y en la salvaguardia y celebración de la diversidad cultural. En el marco de nuestro mandato de promover la libertad de expresión y el acceso a la información en los medios de comunicación e Internet, colaboramos estrechamente con organizaciones de medios de comunicación para ofrecer formación y fortalecimiento de capacidades –sobre la base de las recomendaciones que figuran en el presente manual– con miras a crear conciencia sobre estos desafíos y prestar un mayor apoyo a los periodistas que informan en este ámbito. Mediante nuestra experiencia y nuestros conocimientos especializados contribuimos al Plan de Acción del Secretario General de las Naciones Unidas para Prevenir el Extremismo Violento, y colaboramos estrechamente con el Centro de las Naciones Unidas contra el Terrorismo (CNUCT), los gobiernos nacionales
y otras entidades clave para aportar una respuesta mundial coordinada, coherente y eficaz al extremismo violento. 2 Kearns, E.M., Betus, A. y Lemieux, A. “Why Do Some Terrorist Attacks Receive More Media Attention Than Others?”, Justice Quarterly, 2018. 9, 2018. 3 Base de datos mundial sobre el terrorismo, Universidad de Maryland, 2016. 4 Comité contra la islamofobia en Francia (CCIF), 2015; E. Hanes, “Hate Crime in the Wake of Terror Attacks: Evidence from 7/7 and 9/11”, Journal of Contemporary Criminal Justice, vol. 30, número 3, 2014; Brian H. Levin, “Responses to the Increase in Religious Hate Crimes”, United States Senate: Committee on the Judiciary, 2 de mayo de 2017. El flagelo del terrorismo, quienquiera que lo perpetre o lo financie, debe ser neutralizado dondequiera que golpee, sus víctimas deben ser apoyadas y honradas, y sus autores deben ser llevados ante la justicia. Los medios de comunicación pueden cubrir estas dimensiones y, al mismo tiempo, destacar el diálogo y el debate verdaderos como alternativas a la violencia y al derramamiento de sangre. Quizá no seamos capaces de prevenir cada atentado terrorista, pero sí podemos controlar nuestras reacciones. No podemos permitir que el terrorismo nos haga vivir con miedo, alimente nuestros propios prejuicios y nuestro odio o termine acallando las voces legítimas. En otras palabras, debemos evitar que el terror eche por tierra todos los progresos que hemos alcanzado en el avance de la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos en todo el
mundo. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en el juego de los que siembran terror y de aquellos que instrumentalizan los ataques para justificar la sospecha, la polarización y las violaciones de los derechos. Los medios de comunicación pueden hacer un mejor trabajo. Moez Chakchouk Subdirector General de Comunicación e Información de la UNESCO Índice Main TOC Introducción 9 Un tema crucial 11 Cuestiones Básicas sobre la Cobertura Periodística del Terrorismo 19 1.1 La noción de “terrorismo de estado” 20 1.2 Evitar la glorificación 21 1.3 Cobertura de las distintas formas de terrorismo 22 1.4 Listas de organizaciones terroristas 25 Los Medios de Comunicación en Primera Línea 29 2.1 Punto de referencia 29 2.2 Ética y principios 30
1. La búsqueda de la verdad 30
2. Independencia 31
3. Responsabilidad ante los otros 32
4. La transparencia 32 2.3 La obligación de conocer 33 2.4 Frente a la ley 34 2.5 Relaciones con las autoridades 36 2.6 “Encuadrar” al terrorismo 37 2.7 Garantizar el estado de derecho y los derechos humanos 41 2.8 Enfrentar el miedo 42 2.9 Periodismo inclusivo 43
Reglas Básicas 51 3.1 La disciplina de la cautela y la duda 51 3.2 Ética basada en el respeto 58 3.3 Víctimas: más allá de simples nombres 59 3.4 Vocabulario 60 3.5 Cifras 67 3.6 Las imágenes 68
Imágenes de niños 72 Imágenes obtenidas por los “ciudadanos” 73 3.7 Amalgamas 74 3.8 Discursos de odio 76 3.9 Rumores 77 Cobertura Periodística de un Atentado 79 4.1 La confusión 79 4.2 Preparación 81 4.3 “Dar prioridad a la transmisión en vivo” 82 Interactuar con los Grupos Terroristas 89 5.1 ¿Visitar las zonas controladas por los grupos terroristas? 89 5.2 ¿Publicar sus comunicados? 91 5.3 ¿Entrevistar a los terroristas? 93 5.4 Informar acerca de las investigaciones en curso 96 5.5 Informar acerca de los juicios a los terroristas 96 Seguridad de los Periodistas 101 6.1 Riesgo en aumento 101 6.2 La protección de las fuentes y la vigilancia 104 6.3 Cómo proceder en caso de secuestro a un periodista 105 El Derecho y el Deber de Hacer un Inventario 111 7.1 Luego de la conmoción, las cuestiones de fondo 111 7.2 Autopsia de los medios de comunicación 113
EN FOCO: Destrucción del patrimonio cultural 116
EN FOCO: Tráfico ilícito de bienes culturales 118
Recursos útiles 120 Instituciones intergubernamentales 120 Convenciones de las Naciones Unidas 120 Lectura esencial acerca del terrorismo y los medios de comunicación 121
© SMILEUS / SHUTTERSTOCK, INC.
Introducción El terrorismo y la lucha contra el terrorismo se han convertido en elementos mayores de la política nacional e internacional, con los medios de comunicación en primera línea, especialmente cuando los atentados se dirigen contra civiles. Los dilemas y desafíos son inmediatos. Los ciudadanos esperan que los medios de comunicación los mantengan informados lo mejor posible, sin exagerar ni recurrir a sensacionalismos. Las autoridades solicitan restricciones aduciendo que las coberturas excesivas ponen en riesgo la seguridad de las operaciones o la calma de la población. La sospecha de ser el megáfono del terrorismo o de buscar atraer audiencia pesa constantemente sobre los medios de comunicación que están operando más allá del límite. A pesar de la importancia y la repetición de los atentados terroristas, los medios de comunicación muchas veces “patinan”. “Comúnmente se formulan preguntas y se solucionan problemas únicamente durante una emergencia, a riesgo de derrapar o de ser incoherentes. Todos andamos a tientas, avanzamos caso a caso”, asegura Christophe Ayad, especialista en Oriente Medio del periódico Le Monde.1 La calidad de la cobertura periodística sobre el terrorismo, obviamente, depende de diversos factores. Está determinada, entre otros, por cuánta libertad de 1 http://www.lemonde.fr/actualite-medias/article/2014/09/25/les-medias-face-a-l-etatislamique_4494681_3236.html 9 9 Los medios de comunicación y el terrorismo: Manual para periodistas prensa existe en cada país, los recursos económicos que están a disposición de los medios de comunicación, factores culturales y conceptos particulares sobre la ética y la función social que desempeñan los medios, opina Shyam
Tekwani, con respecto a la situación en Asia.2 El problema es crucial, porque la cobertura periodística del terrorismo demuestra qué posición ocupan los medios de comunicación dentro de la sociedad. “La capacidad de un periodista de llevar a cabo un reportaje en forma responsable y de realizar todos los procedimientos requeridos a la velocidad necesaria en esta era digital es fundamental para cumplir con el deber cívico que le corresponde”, dijo el periodista estadounidense de origen somalí Mukhtar Ibrahim, tras del atentado al centro comercial Westgate Mall en Nairobi en 2013.3 Además, sus reacciones determinan el impacto del terrorismo en la sociedad. “Los medios de comunicación quedan atrapados en un dilema infernal. Por un lado, la repercusión mediática probablemente haga que las víctimas se conviertan sin querer en mensajeros de la búsqueda de gloria de sus verdugos; por otro lado, la autocensura se puede interpretar como una capitulación. El temor puede conducir al reclamo de libertades ganadas a duras penas y, posteriormente, reducir la diferencia que existe entre los estados democráticos y los regímenes autoritarios: lo que precisamente buscan los terroristas”, escribe el abogado francés Antoine Garapon.4 Luego de cada atentado, los especialistas en la materia se preguntan acerca del volumen y el tono de la cobertura periodística de los medios. Comparan las muertes causadas por el terrorismo con el número de víctimas que provocan las catástrofes naturales, las guerras o los accidentes automovilísticos, y exigen más mesura a los medios de comunicación. Pero las comparaciones, generalmente, son engañosas debido a la naturaleza política y social de los atentados: “En 2014, la tasa de homicidio promedio era de 6,24 muertes por
cada 100.000 habitantes a nivel mundial, mientras que el número de muertes a causa del terrorismo era solo de 0,47 por cada 100.000 habitantes, pero, si consideramos que estas cifras son relativamente bajas en comparación con otras causas de muerte, las consecuencias del terrorismo van más allá de lo que se puede calcular. El terrorismo no es la amenaza más letal del siglo XXI, pero indudablemente ha cambiado al mundo”, asegura el politólogo venezolano Moisés Naim. A pesar de esto, ¿no es desproporcionada la cantidad de cobertura periodística sobre el terrorismo que existe en los medios de comunicación? 2 Shyam Tekwani (Editor), Media & Conflict Reporting in Asia [Medios de comunicación y cómo informar sobre conflictos en Asia], Centro de Medios de Comunicación e Información de Asia (AMIC, por su sigla en inglés), 2008, página 2. 3 http://sahanjournal.com/westgate-attack-nairobi-al-shabaab-twitter . 4 Antoine Garapon, «Que nous est-il arrivé? «, Revista Esprit, febrero de 2015, París, pagina 6. 10 Introducción El propósito de este manual es analizar estas reflexiones y evaluar los desafíos. Está basado en principios universales y esenciales: la búsqueda de la verdad, la independencia y el sentido de la responsabilidad, que se ubican en un contexto complejo de un mundo pluralista e interconectado. Pretende ayudar a los medios de comunicación a encontrar un equilibrio entre la libertad y la responsabilidad de informar, entre el derecho a saber y la obligación de proteger, en el respeto de las normas y los valores fundamentales del periodismo.
Un tema crucial En estos últimos años, hemos visto amplias coberturas periodísticas sobre atentados que abarcan desde Nueva York hasta Moscú, desde París hasta Estambul, desde Buenos Aires hasta Bombay. Sin embargo, estos notorios eventos no brindan una imagen completa de lo que es el terrorismo “Los atentados terroristas, internacional. En el norte de Nigegeneralmente, están ria, en Camerún, en las regiones bajo el control de los cárteles de cuidadosamente orquestados la droga en América Latina ―esas para atraer la atención de comunidades también son víctimas los medios de comunicación del terrorismo, están silenciadas y atemorizadas―. En los mares, la electrónicos y de la prensa amenaza del terrorismo marítimo internacional. El terrorismo no persiste, principalmente, fuera de apunta a sus víctimas reales, las costas de Somalia y Yemen o en el Golfo de Guinea. Desde Siria hassino a los que miran”. ta las Filipinas, los secuestros y la toma de rehenes han proliferado en estos últimos tiempos, lo que transforma a ciertas zonas del planeta en territorios prohibidos. Esta violencia se ha extendido hasta alcanzar Internet, objetivo de ciberataques que no tienen nada de virtual. La violencia de mayor cobertura periodística es aquella basada en supuestos reclamos religiosos, pero el flagelo también está motivado por el nacionalismo o el supremacismo de extrema derecha, como muestran el atentado en Oslo y la masacre de Utøya, perpetrados en 2011 por Anders Behring Breivik en Noruega, el tiroteo contra afroamericanos en la Iglesia Bautista en Charleston,
Estados Unidos, en junio de 2015 y el asesinato de la miembro laborista del parlamento británico Jo Cox, en junio de 2016. Los medios de comunicación, sin dudas, están en el centro de la escena, y generalmente son conocidos como el “oxígeno para el terrorismo”, según las famosas palabras de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. “Los atentados terroristas, generalmente, están cuidadosamente orquestados para atraer la atención de los medios de comunicación electrónicos y de la prensa 11 Los medios de comunicación y el terrorismo: Manual para periodistas internacional. El terrorismo no apunta a sus víctimas reales, sino a los que miran”,5 escribió Brian Jenkins en 1995. Los terroristas emplean los códigos periodísticos convencionales de la tragedia, la violencia y la sorpresa, especialmente utilizados en televisión. Pero con el desarrollo exponencial de Internet y de las redes sociales, la batalla de las imágenes y las palabras han cobrado importancia en una escala sin precedentes. Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito,6 los grupos terroristas están utilizando la red legal, especialmente las redes sociales como Facebook, YouTube y Twitter,7 pero también la Internet profunda y la oscura, con fines de propaganda, para hacer contactos, reclutar y financiarse. “Por primera vez, los terroristas no tienen que depender más de otras personas para esparcir su mensaje. Además de crear sus propias páginas web, grupos tales como el Frente Moro de Liberación Islámica o el grupo Abu Sayyaf están utilizando tecnologías diversas como el correo electrónico, los teléfonos celulares, los servicios de mensajería (SMS) y la radio y los videos
para comunicarse entre sí y para diseminar sus mensajes al público en general”, asegura Shyam Tekwani, investigador del Centro de Investigaciones de Internet en Singapur, con respecto a Asia.8 Y agrega que esto les permite “enmarcar sus actividades e ideologías del modo en que ellos quieran, evitando la censura de los gobiernos o de los medios de comunicación”. Este traspaso del “oxígeno para los terroristas” hacia el espacio virtual ha llevado a algunas organizaciones, incluyendo a los gobiernos, a luchar contra los sitios de internet que son de extrema violencia y a exigir que las principales plataformas de Internet monitoreen de cerca para “limpiar” la red. El surgimiento del grupo Estado Islámico (véase la sección Vocabulario en la página 60) ha exacerbado este fenómeno en cuanto a que el grupo ha implementado un sistema mucho más sofisticado de propaganda estratégica internacional que el implementado por Al-Qaida. Sus mensajes se aprovechan de las inagotables fuentes psicológicas y religiosas9 y, en parte, pero solo en parte, evitan utilizar los medios de comunicación tradicionales. El efecto mediático de los atentados a la población, destinados a generar temor, también es una especie de “puesta en escena” con la finalidad de seducir a los nuevos seguidores. El grupo Estado Islámico ha dominado las técnicas de la comunicación y el uso de las redes sociales y, sobre todo, promete un discurso seductor de heroísmo y virilidad, que muchas veces es difundido imprudentemente por los medios de comunicación tradicionales.
5 https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/papers/2008/P5261.pdf 6 https://www.unodc.org/documents/frontpage/Use_of_Internet_for_Terrorist_Purposes.pdf 7 http://www.brookings.edu/research/papers/2015/03/isis-twitter-census-berger-morgan 8 Paul Smith, Terrorism and Violence in South East Asia, [Terrorismo y Violencia en el Sudeste Asiático], Eastgate Books, 2005, página 228. 9 http://icct.nl/wp-content/uploads/2016/03/ICCT-Gartenstein-Ross-IS-Global-PropagandaStrategy-March2016.pdf 12 Introducción A pesar del surgimiento de estos nuevos campos de batalla en las redes sociales, los medios tradicionales siguen siendo los actores fundamentales, dado que la información y el análisis que estos brindan es, en muchos países, la base de gran parte de la formación de la opinión pública: la mismísima opinión pública que el terrorismo busca influenciar. Los medios tradicionales no siempre han medido el alcance de sus responsabilidades en este gran juego de propagandas y han ingresado a la macabra danza del terror a través de la dramatización de la información, lo que permite a los terroristas dirigir esa coreografía asesina. La transmisión repetida de videos que muestran columnas de soldados marchando en Al Raqa o la bravuconada al estilo bélico de “luchadores extranjeros” estáticos que manejan sus camionetas 4X4 forman parte del reino de la “heroización” del grupo, advierte la socióloga especialista en medios de comunicación Hasna Hussein.10 “En algunos aspectos, los terroristas modernos han sido creados por los medios de comunicación. Estos últimos amplían y magnifican a los terroristas y a su poder más allá de la verdadera dimensión que poseen. La televisión coloca a todos en la misma escena del crimen, sin la posibilidad de hacer nada, creando sentimientos de ansiedad y temor, que son los instrumentos de coerción de los terroristas. La ansiedad del público enaltece el poder que perciben los terroristas, desde su propio punto de vista, al igual que desde el punto de vista de sus pares y otros. Generalmente, el enaltecimiento de este poder da lugar a la imitación y el círculo se vuelve a repetir”,11 asegura Michelle Ward Ghetti, profesora de Derecho en Southern University en Estados Unidos. Empero, esta ecuación entre el terrorismo y los medios no es inequívoca. En primer lugar, una gran cantidad de atentados no poseen “intereses mediáticos”, y son “autosuficientes”, según Brigitte Nacos12 de la Universidad de Columbia en Nueva York. La catarata de atentados perpetrados en Iraq entra dentro de esta categoría “no mediática”. No existe prueba de que el silencio de las actividades terroristas sería suficiente para quitarles el “oxígeno”. Por el contrario, algunos dicen que el “apagón informativo” podría causar que los grupos terroristas realicen una escalada de atentados y cometan más y más actos de violencia para que nadie los pueda ignorar. Por último, el estudio sobre atentados terroristas tiende a demostrar que los medios de comunicación pueden, en cierta medida, ser los “asfixiadores” del terrorismo, en vez de su oxígeno. Al recordar los atentados al equipo de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de
10 http://www.lemonde.fr/idees/article/2016/06/18/terrorisme-assez-avec-les-scoops-de-lepouvante_4953153_3232.html 11 Michelle Ward Ghetti, The Terrorist Is A Star! Regulating Media Coverage of Publicity Seeking Crime, [¡Los terroristas son estrellas! Regular la cobertura periodística de los delitos que buscan hacerse propaganda], Publicación Federal Communications Law Journal, volumen 60, ejemplar número 3, 2008, página 495. 12 Brigitte L. Nacos, Terrorism & the Media: From the Iran Hostage Crisis to the World Trade Center Bombing, [El terrorismo y los medios de comunicación. De la crisis de rehenes en Irán al atentado del World Trade Center], publicado por Columbia University . 13 Los medios de comunicación y el terrorismo: Manual para periodistas Múnich de 1972, el investigador Jacques Tarnero del CNRS (Centro Nacional para la Investigación Científica en Francia) llegó a la conclusión de que, para él, “por mucho tiempo, la causa palestina tendrá el rostro encapuchado de un asesino. El efecto político de simpatizar con la causa que se buscaba, se ha convertido en lo opuesto”.13 Sin embargo, otros aseguran que, para los grupos como Estado Islámico, el deseo de respetabilidad, el fin último de toda lucha de poder, es menos decisivo que la voluntad de intimidar y que el narcisismo del poder, en gran parte, representado a través de la cobertura periodística de los medios de comunicación. Aunque parece incomprensible, los países que son objeto del terrorismo, generalmente, salen reforzados luego de atravesar estos eventos traumáticos. En
primer lugar, es indiscutible que antes de hacerse preguntas y recriminaciones sobre las causas y responsabilidades, el terrorismo unifica a la nación o a la sociedad que es blanco del atentado, y que durante esta etapa de “unidad nacional” los medios de comunicación desempeñan una función acorde a las circunstancias. “Al igual que en otras crisis internas, los medios y los periodistas se comportan como parte de un equipo, uniendo a las autoridades para que traten de restaurar el orden público, la seguridad y la tranquilidad”,14escribe Doris Graber, profesora de la Universidad de Illinois en Estados Unidos. Los medios desempeñan una función esencial de interés público en las primeras etapas de un atentado terrorista. El público, preocupado y atemorizado, espera recibir información precisa, consejos de seguridad y análisis de la situación. Contrariamente a los clichés, a veces políticamente mal intencionados, acerca de la “irresponsabilidad de los medios de comunicación”, estos han realizado su tarea muy seriamente, en muchas ocasiones, a lo largo de la historia tormentosa de estos últimos tiempos. No es que solo existieron abusos, metidas de pata ni excesos en las pantallas de televisión, las páginas web o las redes sociales. Sin embargo, la cobertura periodística del terrorismo por parte de los medios de comunicación no se limita a los momentos dramáticos que interrumpen la vida cotidiana. La calidad del periodismo y su utilidad para la sociedad dependen de otros factores, particularmente sus cuestionamientos acerca del fenómeno en sí, su origen y sus consecuencias. Más allá de las emergencias y los boletines informativos, la cobertura del periodismo exige poseer capacidades investigativas y analíticas especiales sobre temas de gran complejidad que afectan la política internacional, las relaciones del poder político interno, la religión y los delitos multinacionales. Los atentados pueden resultar reveladores para los medios de comunicación tanto en su modus operandi, sus actos reflejos y rutinarios, como así también 13 Jacques Tarnero, Les Terrorismes, [Los terroristas], editorial Editions Milan, Toulouse, 1998, página 46. 14 Doris A. Graber, Mass Media and American Politics, [Los medios de comunicación masivos y la política estadounidense], editorial Congressional Quarterly Press, 1980, página 239 14 Introducción revelar principios y valores. “El terrorismo es probablemente una de las áreas en las que más se necesita poseer competencia profesional. Los periodistas generalmente se ven muy atraídos por el terrorismo debido a tres factores de los cuales deberían cuidarse: el acontecimiento, una trampa que atrae a la prensa con los comportamientos más estereotipados de la profesión; los actores movilizados por el atentado terrorista, que crean fascinación; y el poder, del cual se debe tomar la necesaria distancia, pero que no es fácil de determinar ni de quedar libre de contradicciones”, aseguran Michel Wieviorka y Dominique Wolton en su libro Terrorisme à la une. Estas cuestiones son de naturaleza ética y se refieren particularmente a las representaciones de la violencia por parte de los medios de comunicación. Pero también son de naturaleza política. Los atentados no forman parte del clásico círculo de noticias en el cual algún tema informativo es la continuación de otro tema. Luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los periodistas
tuvieron la sensación de que estos atentados habían comenzado un nuevo capítulo en la historia. Katherine E. Finkelstein, quien cubrió los hechos para el periódico New York Times, concluyó su testimonio en la revista American Journalism Review con seis palabras de grave auspicio: “La terrible historia acaba de comenzar”.15 Haciéndose eco de esa frase, el columnista Pete Hamil, en el diario New York Daily News, sentenció, en la última línea de su artículo que se publicó luego de la catástrofe, que “existía la sensación de que la matanza acababa de comenzar.16 El terrorismo no solo pretende atemorizar, sino también exacerbar y polarizar. Así, el grupo Estado Islámico habla de la “zona gris”, “en la cual existe la diversidad, la tolerancia, el entendimiento, la discusión y el debate. Es el lugar en donde existe el intercambio, la indagación y la curiosidad”, asegura Jason Burke, periodista del diario británico The Guardian, en The New Threat.17 En un artículo publicado a comienzos de 2015 en su propia revista Dabiq, la agrupación terrorista proponía la eliminación de esa zona gris para que pudieran existir solo dos grupos enfrentados: “el Califato y los Cruzados”. Por lo tanto, el desafío es considerable: es cuestión de evitar contribuir a esta polarización fatal con atajos, frases inapropiadas, estigmatizaciones y generalizaciones (véase la sección “Amalgamas” en la
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